Diez, y contando

Una de las ventajas de tener dos trabajos es que no me aburro, y cuando tengo tiempo libre (no muy seguido), tengo suficiente dinero para hacer casi lo que se me dé la regalada gana.

La principal desventaja es que tengo dos trabajos. All work and no play makes Canek a dull boy.

Como sea, empezamos semestre en la Facultad de Ciencias, y se me vino encima un montón de cosas qué hacer, que se apilaron con el otro montón de cosas que ya tenía para hacer. Lo menciono únicamente porque se me fue que ayer (casi antier) fue 26 de enero.

El 26 de enero de 2005 comencé a escribir en este blog, lo que quiere decir que acaba de cumplir diez años en existencia.

Diez años es, poniéndolo en términos científicos, un chingo de tiempo; es más de la cuarta parte de mi vida, es más del tiempo que me pasé en mi posgrado (y de hecho que el que me pasé en cualquier etapa educativa de mi vida), y es suficiente como para que un niño que haya vivido ese número de años ya le den como que ganas de llorar cuando ve a una mujer desnuda.

Aunque lo abandono a ratos, mi blog ha sido parte fundamental de mi vida en estos diez años, y me atrevería a decir que entonces ha estado conmigo toda mi vida adulta. Porque los hombres no dejamos de ser adolescentes a los 18 años… ni a los 27… y a veces nunca.

Mi punto es; llevo diez años con el blog, y sinceramente espero seguir escribiendo en él durante mucho tiempo más. Lo comencé cuando creí que me iría a Canadá a estudiar el doctorado, y lo seguí después en gran medida porque justo no me fui a Canadá a estudiar el doctorado. He relatado en él casi todos los trabajos que he tenido, todas las relaciones románticas serias en que he estado involucrado, muchas de la bola de pendejadas que me cruzan por la cabeza (si bien no todas), y la mayor parte de los acontecimientos interesantes que me han ocurrido. Y, por supuesto, he platicado aquí de todas las películas que he ido a ver al cine en los últimos diez años.

Ya sé que lo digo constantemente, pero espero escribir regularmente en él más seguido, y seguir relatando las chocoaventuras que me ocurren. Así que esta entrada va por los diez años que llevo escribiendo (irregularmente) en mi blog, y que sale con un día de retraso, porque pues así soy yo.

Mezcal

Me he puesto varias borracheras con mezcal en mi vida. La característica en común de todas estas ocasiones, ha sido que al otro día no tengo cruda; supongo en gran medida porque ha sido buen mezcal, y en mi experiencia con buenas bebidas (y suficiente agua) uno normalmente no adquiere una cruda.

Eso no cambió en mi última borrachera con mezcal, pero creo que no lamentaré si no vuelvo a hacerlo en al menos un año.

Pan, queso, jamón y vino

Las veces que estuve en España durante mis estancias de investigación, se volvió común para mí cenar pan, queso, jamón y vino. El precio del queso, jamón serrano y vino es relativamente menor que aquí, a veces por mucho; me gusta bastante cenar así; y es más que satisfactorio.

Todavía ceno así aquí en México, de vez en cuando, si se me antoja lo suficiente. No es tan barato como en España, pero tampoco es extravagantemente caro; y de hecho lo haría más seguido, si no fuera por el hecho de que no tengo una panadería cercana que venda pan que me guste, ya que parte del chiste es justamente tener pan fresco (aunque hace mucho aprendí el truco para mantener pan por más que unas horas).

La mayor diferencia, sin embargo, es la cantidad de vino que consumo. En España lo común era que me tomara media botella por sentada (dos copas bien servidas), y varias veces de hecho me tomé una yo solo. Y en ocasiones “especiales”, más de una.

Recuerdo en una reunión en la Villa Universitaria de Bellaterra en Cataluña, que un alemán me dijo que él trataba de tomar de las botellas que yo llevaba, porque siempre era bueno el vino que yo escogía. Yo lo miré un poco incrédulo, porque la única estrategia que seguí siempre fue comprar vino que costara al menos cuatro euros; casi sin falla eso siempre fue más que suficiente para agenciarme una botella de vino decente, si no es que buena.

Pero bueno; como decía, la diferencia principal aquí en México (además de la ausencia de mis cuates europeos), es que hoy en día si me tomo una copa de vino, es muy común que a los veinte minutos me esté cayendo de sueño. Y eso me pasa con vino; ya no digamos alcohol más fuerte. El día que me doctoré mi familia me regaló, por alguna razón que no comprendo, un montón de botellas de distintos tipos de alcohol, y la mayor parte ahí siguen, varias incluso sin abrir, porque si me tomo una copa poco después tengo que irme a dormir.

Una explicación podría ser que llevo años sin hacer realmente ejercicio, y que mi condición física es miserable. Algo debe tener que ver; aunque en realidad la explicación más sencilla es que me estoy volviendo viejo.

Pero vamos a decir que es la altura de la Ciudad de México, para me sienta mejor.

Los años de soledad

Ahora que me encuentro soltero una vez más, comencé a leer de nuevo Cien años de soledad. Lo hago al menos cada dos o tres años, desde que tengo ocho años; pero esta vez fue precipitado porque andaba buscando la cita exacta de la entrada pasada. Tuve que hojear el libro buscando la cita (ya sabía cuál, sólo no recordaba las palabras exactas), y pues terminé por empezar a leerlo de nuevo.

Como el nombre de la novela indica, la característica principal de la historia es la soledad al parecer genética de los Buendía; el aire de soledad de la familia. Exceptuando a José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, los patriarcas de la extirpe, ninguna pareja que se ame realmente consigue tener un hijo que sobreviva: el coronel Aureliano Buendía y Remedios Moscote se amaban, pero sus gemelos mueren al momento de su nacimiento (y de paso matan a su madre, y desencadenan la serie de eventos que causa que el coronel inicie 32 guerras civiles, todas fallidas); Jose Arcadio y Rebeca se amaban, pero nunca tuvieron un hijo; Aureliano Segundo y Petra Cotes se amaban también, pero tampoco pudieron tener un hijo… y así durante cien años, hasta que Aureliano Babilonia y Amaranta Úrsula tienen al fatídico niño con cola de puerco, que es devorado por las hormigas por la negligencia de su padre.

Casi todos los Buendía entonces son engendros de uniones generalmente fortuitas y sin amor real o duradero, condenados a la soledad que los persigue durante toda la vida.

Gabo describe la soledad básicamente como el peor estado de la condición humana. En el mejor de los casos, los Buendía consiguen llevar una existencia semifuncional dentro de la aplastante soledad, como el coronel Aureliano Buendía en sus años de vejez, haciendo pescaditos de oro; o Amaranta bordando y recociéndose en sus rencores contra Rebeca, contra Pietro Crespi, contra el coronel Gerineldo Márquez, contra todos los sobrinos a los que abusó sexualmente. Otros se pudren en vida dentro de su soledad, como José Arcadio Segundo reviviendo toda la vida la matanza de las bananeras, o Meme en un hospital de Cracovia, añorando a Mauricio Babilonia.

Aureliano José es un personaje interesante en ese aspecto. No sólo es el único que combina los nombres de los hijos varones de los patriarcas; también es el único que supera de forma mental y emocionalmente sana los abusos sexuales de Amaranta; es el único que regresa de la guerra sin haber sido destruido interiormente por ella; y finalmente es el único que pudo haber sido feliz, engendrando siete hijos con Carmelita Montiel, muriendo en sus brazos de viejo, si la bala destinada al capitán Aquiles Ricardo no le hubiera destrozado el pecho.

Yo no concuerdo con Gabo. Tampoco me voy a ir al extremo de decir que estar solo es lo mejor del universo (he pasado mi justa cuota de años de soledad para saber que esto no es cierto); pero sí creo que a veces es lo que uno necesita.

No sé cuánto tiempo vaya a estar solo esta vez; uno nunca lo sabe (y es parte de lo divertido), pero incluso si termina siendo mucho tiempo, creo que trataré de disfrutar los años de soledad que me toquen en esta ocasión.

De regreso a México

Ahora estoy en el aeropuerto de Boston, esperando abordar mi vuelo a Houston, Texas, de donde por fin volaré a la Majestuosa. Comentaba ayer con Omar y Paola que es la primera vez que hago un viaje fuera de México con el propósito exclusivo de pasear, sin ningún compromiso académico antes, durante o después del paseo.

Estuvo bastante padre; Chicago es impresionante, y Cambridge/Boston están simpáticas… aunque por supuesto, hizo un frío endemoniado los dos días que de hecho paseé ahí, y hoy que ya me voy por fin se le ocurre salir al sol. Traigo una tos espantosa desde Chicago, y voy a llegar a mi casa a tomar cantidades industriales de té a ver si así se me quita.

(Por cierto, debo especificar que “un frío endemoniado“, para mí, siendo mariquita de la Ciudad de México, es alrededor de 10 grados centígrados; realmente no es nada del otro mundo, pero no es algo que yo esperaba ver en junio).

Además de conocer nueva ciudades, estuvo padre andarme paseando con mi mamá en Chicago (nunca habíamos viajado juntos fuera del país), y ver de nuevo a Omar, Paola y Lalo, y chismear con ellos. También conocí Hardvard y el Emaití, que estaban casi vacíos por ser ya técnicamente vacaciones, pero que de cualquier manera están interesantes. Ah, y fui por primera vez a ver stand up comedy; estuvo bastante divertido (aunque sí hubo un par de comediantes francamente bizarros).

Ahora sólo quiero llegar a mi casa, terminar de calificar lo que me falta de mis cursos, y descansar propiamente durante varias semanas.

Rumbo a Boston

Ahora estoy de nuevo en el aeropuerto de Chicago esperando abordar mi vuelo a Boston (que ya se retrasó, por supuesto). Sí es la neta Chicago, y espero volver a visitarla en algún momento en el futuro; pero también quiero conocer Boston, y volver a ver a Omar y Paola.

Si todo sale bien, estaré por allá alrededor de las 10, hora local.

Chicago

Y ahora estoy en el aeropuerto esperando abordar mi vuelo a Chicago, ciudad que no conozco, pero que todo mundo me dice que es la neta.

Voy a estar ahí cuatro días, y después voy a pasar a ver a Omar en Boston otros tres. Lo cual está chido no sólo porque veré a Omar, que no veo hace más de un año; además conoceré Boston, que tampoco conozco.

Son más o menos dos años y medio desde la última vez que salí del país, cuando hice mi viaje de seis meses por Europa, Canadá y gringolandia. Esta vez, sin embargo, no voy a trabajar nada durante el viaje (excepto calificar unas cosas de mis cursos, si me da tiempo); voy a conocer y a divertirme ada más.

Nos vemos del otro lado.

Treinta y siete

Hoy cumplí treinta y siete años.

Generalmente escribo acerca de lo que hice durante el año, pero esta vez lo resumiré en cuatro palabras:

Este año me doctoré.

Ahora estoy oficialmente desempleado. Soy profesor de asignatura en la UNAM, pero pagan tan mal, que creo que todavía califica como desempleo.

Espero que el año que venga pueda decir que conseguí trabajo.

Y ya andando en esas: feliz día de la Guerra de las Galaxias. O como dicen los tarados gringos botándose de la risa, May the fourth be with you. Que por supuesto ocurrió que yo nací tres semanas antes de que estrenaran Star Wars.

Vamos a ver cómo nos va este año.

Nueve años

Hace dos semanas mi blog cumplió nueve años, lo cual me aterra un poco.

No escribí al respecto porque (de nuevo) se me acumuló la chamba, pero espero que ahora sí vuelva a escribir regularmente… especialmente porque tengo todavía como siete películas que fui a ver desde la última que comenté, y si no escribo al respecto yo creo que se me van a olvidar.

He sido increíblemente irresponsable con mi blog el último año y medio. Espero comenzar a corregir eso.

La ola

La semana pasada fue el congreso por los 60 años de Jorge. Preparar el viaje a Oaxaca (donde se realizó), la presentación, y el dejar todo preparado en mis cursos para que pudiera irme una semana, y mi chamba habitual, consumió todo mi tiempo durante varias semanas.

Todavía tengo una ola de trabajo que terminar, pero ayer terminé mis cursos en la facultad, y gracias a eso apenas estoy regresando a la normalidad.

En particular, las tristes dos películas que tuve oportunidad de ver en este tiempo aún no las he comentado aquí; corregiré eso en los próximos días.

Harry

Esta semana estuve haciendo trámites en Ciudad Universitaria, además de apurarme a terminar un artículo porque por güey creí que la fecha límite era diez días después de lo que realmente era. Esto implicó llegar a la Facultad de Ciencias antes de la hora de la comida, y en general no tuve tiempo de salir a comer, así que estos días fui por una torta de pierna (con) quesillo con Harry.

El puesto de comida de Harry está atrás de la cafetería de Ciencias. Cuando yo era estudiante, estaba el puesto y básicamente ya. Después pusieron al lado una tiendita, un puesto de tacos, y eventualmente llegamos al estado actual, donde el de Harry es uno de varios puestos detrás de la cafetería de la Facultad.

Nunca comí regularmente en la cafetería de la Facultad; excepto durante la huelga. Y después de la huelga, creo que no he vuelto a poner un pie dentro de la cafetería exceptuando contadas ocasiones.

Yo comía en el puesto de Harry, generalmente una torta de pierna (con) quesillo. Esta semana que fui a repetir esta constumbre mía, me enteré que Harry había fallecido.

Luto

Luto

No tengo idea de cuántas veces fui a comer con Harry con mis compañeros de la carrera; es posible que el número ronde las centenas, si no es que más. Y todavía más veces fui a comer yo sólo, o con cuates de la Facultad. Como siempre pedía lo mismo (una torta de pierna (con) quesillo), a mí a veces hasta me parecía que Harry la mandaba pedir nada más me veía acercarme.

Harry no hacía las tortas; era el dueño del lugar, pedía las órdenes y se encargaba del dinero. Ahora está en su lugar su hijo (creo que es su hijo), y las tortas de pierna (con) quesillo siguen sabiendo básicamente igual que hace 17 años. Que tampoco creo sea muy difícil de conseguir, por cierto.

No voy a decir que me sentí devastado por la muerte de Harry; dudo que él supiera cómo me llamaba. Pero sí fue parte de lo que ha sido mi vida en la Facultad de Ciencias, que a su vez es básicamente la mitad de toda mi vida, y sí siento una sutil tristeza de saber que ya no será él quien pida la orden cada vez que vaya por una torta de pierna (con) quesillo.

Descansa en paz Harry, sabiendo que a la hora de la comida, tu puesto sigue igual de lleno que hace años, incluso con la nueva competencia que le ha surgido alrededor.

Treinta y seis

El pasado cuatro de mayo cumplí treinta y seis años. No había escrito al respecto primero porque se me acumuló una cantidad bestial de trabajo, y después porque tuve a bien matar a Xochitl como no la había matado en años. Creo que valió la pena; desde hacía años Xochitl era reiniciada automáticamente a las 00:05 todos los días, y me parece que con el último ajuste que le hice podremos evitarnos tener que andarla resucitando en automático diario.

Como sea; celebré mi cumpleaños con Mina y mis amigos, y me la pasé muy padre. El año pasado de mi vida tuvo una cantidad de altas y bajas enorme (además de que las bajas fueron muy bajas, y las altas fueron muy altas), pero siendo como soy veo más a las altas que a las bajas, y además ahorita siento que ya estoy en el camino correcto para terminar lo que dejé, por fuerzas de causa mayor, en pausa desde octubre del año pasado: ya doctorarme.

Y bueno, ya estoy oficialmente cuarenteando. Pero como siempre he sido de la idea de que la mejor década de los hombres son los cincuentas, no me preocupa en lo más mínimo.

Que venga el año que viene.

La vida después de Google Reader

He venido usando Google Reader desde hace demasiado tiempo; creo incluso desde el mismo año en que estuvo disponible para el público en general. Como todos sus usuarios, entré ligeramente en pánico cuando escuché que Google iba a descontinuarlo en julio, y empecé a buscar alternativas.

La caballada está flaca, por decir lo menos. Ninguna de las alternativas me pareció que le llegaba en lo más mínimo a Google Reader, y como tengo decenas de feeds, estar importándolas en cada una de ellas se volvió bastante cansado. Por fin, y ya harto, decidí darle a Tiny Tiny RSS una oportunidad; en el peor de los casos, si algo no me gustaba sencillamente lo modificaba yo.

Resultó mucho mejor de lo que esperaba; la única modificación que le hice fue aumentar el tamaño de los tipos porque en mi monitor de escritorio de 1920×1080 se veían muy chiquitas las letras.

Tiny Tiny RSS

Tiny Tiny RSS

Tiene un plugin para usar los mismos atajos con teclas del Google Reader, y ya lo estoy usando diario. De hecho, borré todas mis suscripciones en el Google Reader. Pero además, tengo el código al alcance de mis dedos; si algo no me gusta o no funciona, sencillamente lo modificaré. Pero hago una vez más énfasis en que eso no ha sido necesario.

Es una pena que Google decidiera darle matarile a Reader. Pero fue muy sencillo sacar mis feeds, y la verdad estoy contento con Tiny Tiny RSS.

Así que la vida sigue después del Google Reader.

Photo Locator

Cuando regresé de Guadalajara de ver a mi novia, traje conmigo cerca de 200 fotografías, y a casi todas ellas les pude sincronizar la información de localización GPS que saqué usando GPS Logger; platiqué de eso hace unas semanas. Cuando mi novia vino a verme durante semana santa, su despampanante belleza causó que me distrajera lo suficiente como para olvidárseme prender GPS Logger todos los días.

A ver, no se distraigan ustedes...

A ver, no se distraigan ustedes…

Esto, aunado con el hecho de que todas mis fotos antes de mi viaje a Guadalajara no tienen etiquetas GPS, y que tomé muy pocas fotos cuando Mina vino en las vacaciones, ha resultado en que el mapa de mis fotos en mi galería en línea se vea sí:

Mapa de la galería

Mapa de la galería

Según ese mapa, he tomado más fotos en Guadalajara que en la Ciudad de México. Casi diez veces más fotos. Y cero en cualquier otro país.

No me malentiendan; no tengo nada contra Guadalajara. Está bonito por allá. Pero el hecho de que la información de geolocalización de mi galería en línea refleje (erróneamente) que he tomado más fotos allá que aquí me tiene… incómodo, por decir lo menos. Y además, no refleja nada de los fabulosos viajes que he realizado por Europa y el resto de Norteamérica.

No hay manera de que automáticamente haga que las fotos sin información GPS adquieran dicha información. Bueno; técnicamente podría hacer un script que les pusiera coordenadas aleatorias a todas mis fotos, pero eso no serviría de mucho para lo que quiero: que el mapa de allá arriba refleje mis andanzas por todo el mundo. La única forma de conseguir eso es ir foto por foto tratando de recordar dónde estaba cuando la tomé.

El problema no es acordarme; tengo una extraordinaria memoria cuando se me pega la gana, y suelo recordar con bastante precisión dónde estaba cuando tomé una foto. El problema es la interfaz para asignarles coordenadas a las fotos; el plugin de Gallery 3 que genera el mapa de allá arriba también me permite ponerle coordenadas a cada foto, pero eso es usando dos cajitas de texto.

Editor de coordenadas

Editor de coordenadas

Esto significa que me tengo que ir a Google Maps (o algún otro programa que me permita ver las coordenadas, en latitud y longitud, de un lugar), agarrar esos numeritos, y pegarlos cada uno en su lugar en las cajitas de texto. Lo intenté hacer, y como a la tercera foto ya quería aventarme a las vías del metro para terminar con mi sufrimiento. Así que hice lo que cualquier programador que se respete haría; escribí un programa para ponerles coordenadas a mis fotos viejas.

Photo Locator

Photo Locator

Realmente fue trivial; tomé la mitad del código de otro de mis programas (Quick Photo Editor), le metí un actor con un ChamplainView (de la biblioteca libchamplain)… y básicamente ya. El actor hace todo, incluyendo bajar los mapas de OpenStreetMap, y me da las coordenadas de donde yo quiera en el planeta; es de verdad una biblioteca espectacularmente fácil de usar. De hecho es más rápido para mí ponerles coordenadas a mis fotografías que escribirles el título.

El programa es para mis fotos viejas; espero seguir usando GPS Logger para las futuras (siempre y cuando la despampanante belleza de mi novia no me siga distrayendo). Pero tengo más de 9,000 fotos, así que tardaré en ponerles coordenadas a todas; más en lugares como Europa, donde tendré que meterme al Street View de Google Maps para medio ubicarme dónde estaba cuando tomé la foto. Aunque ya decidí no angustiarme tanto; si no recuerdo rápidamente el lugar exacto donde tomé una foto, me voy a conformar con atinarle a la ciudad en el peor de los casos. Y como es complicado modificar la base de datos de coordenadas con fotos que ya subí, probablemente tendré que subirlas todas de nuevo cuando acabe.

Pero al menos mi galería en línea ya no dirá en su mapa que he tomado más fotos en Guadalajara que en la Ciudad de México.

Guadalajara, Guadalajara

Resulta que el 4 de marzo es día de descanso obligatorio en mi trabajo. Lo cual es bueno, porque de todas formas no pensaba ir ya que voy a pasarme tres días en Guadalajara, porque por qué no.

Estoy en el aeropuerto de la Majestuosa esperando a abordar mi avión, que sale (si todo sale como está previsto) en unos cuarenta minutos. Si no se cae durante el vuelo, voy a pasarme sábado, domingo y lunes en la capital jalisciense, regresando en la noche de ese día.

La última vez que fui a Guadalajara, fue en una ocasión en la que realicé una de las más grandes estupideces que he cometido en mi vida. Probablemente esté en el top five de las más grandes estupideces que he cometido en mi vida, de hecho. Así que espero con ansias que en esta ocasión regrese de mucho mejor humor que hace más de diez años, que fue cuando cometí una de las más grandes estupideces que he cometido en mi vida.

Fotos al volver.