Mi abuela

Ayer a las 3:30 de la tarde, falleció mi abuela.

Era la única sobreviviente de mis cuatro abuelos; el papá de mi papá murió asesinado unas cuantas semanas antes de que él naciera, y su madre murió de cáncer cuando era adolescente. El papá de mi mamá murió hace siete años.

Cuando mi mamá le anunció a mi abuelo que se iba a casar con un comunista, y además que no lo haría por la iglesia, el cabrón la corrió de su casa y la desheredó… a lo puro pendejo, además, porque ni que nunca hubiera tenido mucha lana. Siendo maestro normalista y teniendo 14 hijos, está cabrón hacer mucha lana.

Durante años mi madre no entró a la casona de Coyoacán donde vivían mis abuelos. En las no muy frecuentes ocasiones en que nos llevó a visitarlos, mi hermano y yo bajábamos del carro de mi mamá, y ella se quedaba ahí, porque no tenía “permiso” de entrar.

Mi abuelo era católico a ultranza (de ahí los 14 hijos), conservador como la chingada, y autoritario a grados ridículos; mi hermano y yo teníamos que besarle la mano cuando lo veíamos. Jamás me cayó bien el pinche viejo, y cuando tuvo a bien morirse lo único que lamenté fue el dolor que eso le produjo a mi madre, que para ese entonces ya habían arreglado sus “diferencias” entre ellos.

Mi abuela en cambio siempre me cayó bien, aunque también tenía sus bemoles. Conservadora también, pero al menos sin meterse en la vida de los demás; y racista sin duda. Cuando mi madre les avisó que se casaría con un guerrerense, mi abuela estaba aterrada de que se fuera a casar con un negro. Cuando mi padre fue a verlos (la única vez, creo), y mi abuela vio que era blanco (o tan blanco como puede ser un mexicano), sin duda alguna la viejita se sintió aliviada.

A esta altura del relato ya deben entender que yo no tuve casi ninguna relación con mis abuelos cuando era niño, y cuando llegué a la adolescencia sencillamente ya no me interesaba tener ninguna.

Eso no quita que mi abuela siempre me cayera bien; a pesar de su conservadurismo siempre fue una mujer racional. Si sus hijos se enfermaban, los llevaba al doctor; jamás intentaba remedios pendejos de hacerles tés o darles hierbas. Aguantó a un marido insoportable durante décadas; alguien que cuando la comida no le gustaba le aventaba los platos. Tuvo catorce hijos, todos de forma natural (sin cesárea), incluidos dos gemelos, y todos llegaron a la edad adulta. Y nunca se metió con mi mamá; sin duda muchas veces no estuvo de acuerdo con las decisiones que tomó, pero nunca le dijo nada ni trató de dirigirle la vida. Y, todavía más importante, cuando pudo (que dada la actitud de mi abuelo no siempre fue posible) siempre la apoyó.

Ya siendo yo adulto (y con mi abuelo muerto), mi mamá se acercó de nuevo a su madre, y yo vi a mi abuelita más seguido. De hecho es muy probable que la haya visto más estos últimos siete años que los otros veinticinco años de mi vida. Mi abuela siempre me trató con respeto y siempre me reconoció (que ya en los últimos años era motivo de alegría), y yo le respondí de la misma manera. Aunque ciertamente supongo era más fácil para mí el reconocerla.

Cariño nunca hubo mucho; mi abuela no era particularmente cariñosa, y yo lo entiendo dado el montón de hijos, nietos y bisnietos que tuvo. Cuando tienes esa cantidad de hijos supongo que hay que darse de santos de que hayan sobrevivido todos, y pedir que además los estuviera apapachando me parece ligeramente irreal. Y de mi parte pues me caía bien la viejita, pero no me engaño; siempre fue más bien una extraña en mi vida.

Así que cuando mi mamá me avisó que la habían internado en el hospital yo me preocupé por mi jefa, más que por mi abuela. Cumplía noventa años en abril, y vivió una vida plena además de larga. El viernes todavía mi mamá la llevó a comer al André, donde se tomó un tequila y una cerveza, y el fin de semana se fue a Oaxtepec. En diciembre se fue a Colima con uno de sus hijos.

El lunes después de regresar de Oaxtepec se empezó a sentir mal, la llevaron al hospital donde la internaron (el López Mateos del ISSSTE; casualmente el mismo hospital donde yo nací), y el miércoles murió en paz y sin dolor. Pasó las últimas horas de su vida inconsciente.

No puedo decir que la voy a extrañar; la verdad nunca fue parte de mi vida. Pero ciertamente fue una mujer, en muchos aspectos, admirable. Y simpática; tenía buen sentido del humor.

Y ahora ya no tengo ni un abuelo. Pero la triste verdad es que, para motivos prácticos, nunca tuve ninguno.

En el lado incorrecto de la carretera…

Ahora estoy en Londres, quedándome con mi fabulosa prima Elena. Me tomé el resto de la tarde para descansar (llegué a las 3:30 PM, después de levantarme a las 6:30 AM al final de cinco o seis días particularmente intensos y emocionalmente pesados), y mañana empiezo mi recorrido por esta ciudad de casi dos mil años.

Lo único es que cada vez que veo los carros, necesito recalibrar mi cerebro a la idea de que aquí conducen a la izquierda. Así que todo parece estar al revés.

Que es como estar de cabeza, pero de lado.

Rock Band: Family

Total que cuando mi hermano vio cómo jalaba Rock Band, le dieron ganas de comprárselo también. Como quería realmente ver cómo estaba la batería, yo le recomendé que mejor comprara Guitar Hero III: Legends of Rock, porque en todos lados he leído que en ese juego el periférico de la batería está mucho mejor hecho.

El viernes me mandó un mensaje de que ya lo había comprado, y yo hubiera ido a su casa a probarlo el sábado, pero tenía una cruda infernal que de hecho apenas hoy al medio día comenzó a quitárseme, así que fui hasta hoy en la tarde.

Puta. Madre. Es divertidísimo.

Al final ni mi hermano ni yo jugamos mucho en la batería; en primer lugar porque nos gustó más Rock Band (que yo había leído que probablemente así sería; tiene mejores rolas y la interfaz aunque casi idéntica es más amigable), y porque al parecer todavía no funciona la batería de Guitar Hero: Legends of Rock en Rock Band. Activision e Informix (las compañías de los juegos) han dicho que están chambeando en eso, así que espero que eventualmente se resuelva. Pero encima usar la batería es cansadísimo; después de cada rola a mi hermano y a mí nos dolían los brazos.

Pero sí jugamos yo usando la guitarra y él el bajo (casualmente mi hermano “toca” el bajo como yo “toco” la guitarra), Rock Band principalmente. Y puta madre, qué divertido es jugar así. Nos aventamos un montón de rolas juntos, hasta que nos dolieron las muñecas. No recuerdo cuándo fue la última vez que me divertí tanto con mi hermano.

Además él tiene un Sistema de Entretenimiento Bose, 5.1 obviamente, y la diferencia en sonido es abismal comparado con mi configuración. Claro que hasta ahora he corrido mi PlayStation 3 conectando el sonido a las bocinas de mi tele, que son de chocolate; no he visto cómo conectarlo directamente a mis bocinas 5.1. Dudo que suene tan chingón como en casa de mi hermano; pero la diferencia sería menor, supongo. En casa de mi hermano es impresionante la calidad de sonido.

Fue muy divertido estar jugando Rock Band con mi hermano, y sí me dieron ganas de probar un poco más la batería. Dicen que si uno saca las rolas en el modo más difícil, básicamente uno ya sabe tocar la batería de verdad; no sé qué tan cierto sea, pero hasta cierto punto sí me lo creo. Ciertamente es más posible que con la guitarra; ser bueno con la guitarra en Rock Band no sirve de nada para tocar la guitarra de verdad. Bueno, tal vez algo de agilidad digital, pero nada más.

Ya quedamos de juntarnos de nuevo; y a ver si él se compra Rock Band y luego jugamos en línea. Pero juntos es muy divertido.

Mi gato

Ayer fui a comer con mi mamá, y en una de esas le pregunté que cómo andaba mi gato. Me dijo que bien, que tal vez algo más apagado que de costumbre.

Cuando vi a mi gato lo cargué y lo abracé, y estuve acariciándolo un rato. Después dejé que se fuera a caminar, pero al rato regresó hacia mí, y hasta ese momento le vi bien la cara. Estaba asimétrica, con una de sus mejillas obviamente inflamada. Como los gatos tienen pelo en todos lados, luego es difícil notar cuándo tienen una parte de su cuerpo inflamada, pero yo tengo experiencia.

Lo tomé de nuevo entre mis brazos y le toqué la hinchazón con cuidado, y no tardé en descubrir la costra. Le pedí a Susi unas servilletas, y de un solo jalón le quité la costra; como esperaba, comenzó a salir la pus de una mordida que le habían dado, que era lo que causaba la inflamación. Lo que no esperaba es que la pus fuera verde.

Inicialmente sólo planeaba limpiarle la herida; pero como la pus salió de color verde decidí llevarlo con el veterinario. Además, el hoyo de la mordida era enorme (para un gato), y entre eso y que pudiera estar infectada me preocupó bastante. Y de pilón lo vacunaba contra la rabia, que ya le tocaba.

Metí a Tigger al carro y conduje a la veterinaria, donde con asombro descubrí que había dejado de existir como tal. No sé qué habrá sido de Cristina, la veterinaria de mi gato; era bastante buena, y cuidó a mis gatos en general y a Tigger en particular durante años.

Entonces lo llevé a otro veterinario cerca de casa de mi mamá, que me cayó bien porque es de la UNAM y se mostró bastante amable y parecía saber lo que hacía.

El veterinario le rasuró alrededor del hoyo de la mordida (que, repito, está enorme), y le terminó de limpiar; me dijo que yo ya le había limpiado bastante bien la herida, pero le echó agua oxigenada y la limpió a profundidad. Después le puso la vacuna contra la rabia a mi gato; debo hacer notar que el animalito nunca se quejó, ni cuando le quité la costra ni cuando le exprimí la pus ni cuando el doctor le rasuró la herida o se la limpió con agua oxigenada. Con la vacuna tampoco se quejó; Tigger siempre ha sido un gato muy tranquilo. Sólo temblaba un poco de estar en la mesa de metal frío del veterinario.

Pero entonces le puso una inyección con un antibiótico de larga duración, y me advirtió que ésa sí le iba a doler. Tigger se molestó cuando se la puso, y le siseó dos veces al veterinario, que fue el que le puso la inyección, aunque era yo el que lo sostenía. Después se calmó de nuevo.

Una cosa que siempre me ha preocupado con mi gato, es que crea que lo llevo al veterinario para torturarlo. No veo como podría entender (si tal cosa puede hacer un gato) que lo hago por su bien; desde su perspectiva el animal lo único que ve es que de repente lo subo al carro para llevarlo a un lugar donde lo tienen en una mesa de metal fría, y donde lo agarran, jalan y pican sin preguntarle si está de acuerdo o no. Espero que note, si se sentía mal de la mordida, que comenzó a sentirse mejor después de haberlo llevado.

Cuando regresamos a la casa Tigger se fue a donde sea que se va cuando está molesto, pero en la tarde yo estaba acostado en el sofá de la sala, y mi gato llegó a acostarse conmigo un rato. No parecía molesto, pero se ve muy cagado con su cachete rasurado, y un hoyo ahí que me dijo el veterinario tiene que estar drenando hasta que cicatrice.

Tigger cumple nueve años de que lo llevé a mi casa en mayo del año que viene. Es, por mucho, el gato que más nos ha durado, y el que más hemos querido. Cuando me mudé de casa de mi mamá pensé en llevármelo conmigo; y aunque sí me muero de ganas de tener un gato, lo cierto es que estoy gran parte del día fuera de mi departamento, y además no estaré ahí al inicio del año que viene.

Le pregunté al doctor que cuánto vivían los gatos, y él me dijo que en promedio 12 años. Tigger tendrá 9 dentro de poco, lo que quiere decir que es posible que no dure muchos años más. Sólo quiero que esté a gusto y contento el tiempo que le quede por vivir; todavía es un gato activo (aunque mucho menos que antes), y es capaz de correr y brincar sin muchos problemas. Pero la verdad es que prefiere dormir y comer; no necesariamente en ese orden.

Ayer después del susto de verlo supurar pus verde, estuvimos acostados él y yo viendo la tele, el gato durmiendo y ronroneando apaciblemente a mi lado. Creo que estaba contento, y me da gusto eso.

Primero de septiembre

Hoy debía ser un día intenso, pero agradable. Comenzó un taller aquí en la Ciudad (de hecho en el iMate) donde se discutirán diversos problemas muy interesantes, y al que acudirán diversos investigadores aún más interesantes.

Con mis clases se me complicaba un poco el día, pero di por hecho que podría manejarlo. Eso fue hasta el cuarto para las doce, cuando me llamaron para avisarme que el hermano de uno de mis mejores amigos había muerto en un accidente absurdo de tráfico. Inmediatamente salí de CU para estar con mi amigo, en una de esas situaciones espantosas para las que sencillamente no hay forma de estar preparado.

Para completar el día de sorpresas, alrededor de las nueve de la noche me llamó mi hermano; que mi papá estaba en el hospital porque en un examen de rutina (para un malestar que no tenía nada que ver) le habían detectado una presión arterial altísima.

Me despedí de mi cuate en cuanto pude, pidiéndole que me llamara por cualquier cosa que pudiera ocurrir, y fui al hospital a pasar varias horas aburridísimas mientras revisaban y arreglaban a mi papá. Él se veía bien; la presión alta ni siquiera le molestaba, y lo desagradable más que nada fue el hartazgo de estar esperando con él y mi hermano.

Pero después de lo que había pasado en la mañana, me sentí afortunado de poder pasar tiempo con mi familia, aunque ciertamente no fueran las mejores circunstancias.

Muy tarde salimos del hospital; mi hermano se llevó a papá a su casa (ya mucho mejor y con instrucciones exactas de qué tiene que hacer y cómo; va a estar bien), y yo fui a ver a mi cuate una vez más.

Definitivamente no quiero otro día como hoy nunca. Y no puedo ni siquiera comenzar a imaginarme la situación en que está mi cuate; la sola idea de perder a mi hermano me resulta espantosa.

Espero que él y su familia puedan sobreponerse en no mucho tiempo. Pero sé que nada que diga o haga puede mitigar el dolor por el que están pasando; y eso me hace sentir triste e inútil.

Cuando me enteré al medio día, y luego de hacer algunas llamadas avisándoles a otros conocidos, le llamé a mi hermano y le dije que lo quería. Sé que no nos llevamos siempre de la mejor de las maneras, y que tenemos más características discordantes que en común. Pero eso no evita que de verdad nos queramos, y yo sí quería decírselo explícitamente.

Por si las dudas. Nadie sabe qué va a pasar la próxima vez que trate de cruzar la calle.

El doctorado

La vida son las cosas que ocurren sin que nosotros las planeemos.

El año pasado, antes de entrar a mi último periodo de claustro con la tesis, fui a ver a Jorge y le platiqué que mis solicitudes al doctorado en Canadá habían sido rechazadas. Jorge me preguntó que qué iba a hacer una vez que acabara la tesis, y yo le contesté que pues trabajar. El dinero no crece en árboles, al fin y al cabo.

Jorge entonces me hizo una propuesta: que por qué no me quedaba a hacer el doctorado aquí en México, y que siguiera trabajando con Bernardo y Silvia ahora como asesores oficiales. Me dijo que si me iba a hacer el doctorado afuera tendría que comenzar de cero con quien sea que fuera a trabajar, y que al fin y al cabo yo ya estaba trabajando bien con él, Bernardo y Silvia. También me dijo que al hacer aquí el doctorado con él significaba (por cómo hace Jorge con sus tesistas) que tendría que salir del país; obviamente a California de nuevo, para seguir trabajando con Bernardo y Silvia: pero también a Europa (Aichholzer está en Alemania), y con los contactos que él tiene en España y en Canadá.

Salí de esa reunión diciéndole que lo iba a pensar; todavía me pesaba algo la depre.

La oferta de Jorge era buenísima, y además yo sabía que no se la hacía a cualquiera. Desde un punto de vista práctico era inclusive idiota que lo tuviera que pensar; pero lo cierto era que yo siempre había querido hacer mi posgrado en el extranjero. Era un sueño de alguna manera.

Así que lo platiqué con la gente que quiero; con mi familia, y con mis amigos, y con la gente que me ha apoyado y aconsejado a lo largo de toda mi vida académica. Medio obviamente casi todos me dijeron que qué carajo estaba pensando, que aceptara la propuesta de Jorge; sólo tres de a todos los que les pregunté no les pareció tan obvia la respuesta a mi dilema.

Pero al fin y al cabo la decisión era mía, y entonces me puse a pensar (de verdad pensar) qué iba a hacer.

Y al final decidí quedarme.

Lo que terminó por convencerme no fueron las obvias ventajas prácticas, ni tampoco las académicas. Tampoco fue el que casi todo mundo me dijera que me quedara. Ni tampoco fue que de verdad quiero seguir trabajando con Bernardo y Silvia, porque como tutores y amigos han resultado ser maravillosos.

Lo que me convenció fue que llevaba los últimos siete años posponiendo mi vida. Siete años en que no me salí de casa de mi mamá porque siempre estaba “a punto” de irme a estudiar al extranjero, y entonces no tenía sentido que me saliera. Siete años que no me comprometí a ningún trabajo en serio porque siempre la idea era que me iba a ir. Siete años en que mis relaciones con chavas se vieron seriamente afectadas por el hecho de que según yo tenía claro que tenía que irme del país a hacer primero la maestría, y después el doctorado.

No voy a decir que mis dos últimas novias (que, para qué me hago pendejo, son las únicas realmente importantes que he tenido) troné con ellas porque quería irme a hacer el posgrado, porque no es cierto. Pero ciertamente no ayudaba.

Y en el momento en que eso me quedó claro, la decisión fue muy sencilla. Sí podría haber seguido intentando irme, pero sencillamente ya no quería esperar a las decisiones de alguien distinto de mí. Y decidí quedarme a hacer aquí el doctorado.

Y entonces sentí claramente cómo un terrible peso se me quitaba de la espalda, además uno que no me había dado cuenta tenía desde hacía años. Casi siete.

El viernes me inscribí a mi primer semestre en el doctorado; en julio me aceptaron sin muchos problemas, y espero que me den la beca de Conacyt (no hay razón para que no me la den… espero).

Y estoy entrando al doctorado con una actitud completamente distinta a la que tenía cuando entré a la maestría. Quiero volverme a meter al gimnasio de CU y sacar de nuevo mi credencial de la alberca; estoy dando dos cursos en la Facultad de Ciencias; estoy viviendo solo y disfrutándolo enormemente; y además estoy comenzando a salir con una chava que me encanta… aunque se resiste a dar su brazo a torcer.

Pero bueno; en ese aspecto esa es la historia de mi vida.

Así que al final de cuentas no hice mi posgrado en el extranjero, con tanto que estuve cacareando que eso haría. Pero al fin y al cabo hay ciertas cosas que uno no controla, y yo estoy bien y a gusto con mi decisión. Porque fue mi decisión; no fue que ya no tuviera de otra.

Ahora sólo tengo que preocuparme de que cuando acabe el doctorado (y, posiblemente, un post-doctorado) consiga plaza en algún lado. Pero realmente no me preocupa; si no consigo plaza, ya veré yo qué hacer con mi vida.

Lo que importa es que ya siento que en verdad la estoy viviendo.

La Condesa

Nunca voy a ir a ver la de Batman.

Total que salí de mi departamento a las 10:50 con la intención de llegar a la función de las 11:00 de The Dark Knight. Estaba apretado el horario, y (más importante) cabía la posibilidad de que ya no hubiera boletos; pero quise probar mi suerte con la táctica de la gente que no llega a tiempo para usar sus reservaciones.

Por qué salí tan tarde es otra historia.

Medio matándome en el camino conseguí llegar a Perisur a las 11:08, congratulándome de que al menos a tiempo sí había llegado (hay al menos 10 minutos de anuncios en toda película), cuando mi celular suena.

Era mi hermano, que estaba con unos cuates, que no fuera mierda y que le cayera, que por su cumpleaños. Es difícil negarse a una petición de ese estilo.

Así que terminé manejando todo el camino a la Condesa donde estaba mi hermano con sus cuates. Estuvo divertido; conocí a la productora de películas como La Ley de Herodes y Sexo, Pudor y Lágrimas.

Pero así nunca voy a ver The Dark Knight.

Echando a perder…

Con mi mamá en el teléfono:

Yo: ¿Entonces cuál es la receta para el espagueti con trocitos de tocino que haces?
Mamá: Primero hierves… (sigue larga y tortuosa explicación de la receta de espagueti con trocitos de tocino) …y ya, eso es todo.
Yo: Ajá.
Mamá: Y lo mismo puedes hacer con pulpo, o camarones, o…
Yo: Deja echo a perder el tocino, que sale barato, y ya luego trato de echar a perder cosas más caras.

La canasta

Tigger va a cumplir siete años en mi casa en mayo. Después de años de marcar con su pelambre toda superficie tapizada de la casa, un día decidimos poner una canasta con sábanas y toallas viejas a ver si lo lográbamos convencer de usarla como cama.

Sorprendentemente, al gato le encantó.

Tigger en su canasta

Tigger en su canasta

De hecho le encantó tanto, que Tigger ahora pasa ahí la enorme mayoría de su tiempo libre… que es el único tipo de tiempo que él tiene.

Antes Tigger era bastante activo. Además de salir y juguetear, generalmente andaba atrapando ratones y pajaritos, y dejando pedacitos de sus cadáveres por toda la casa. Ahora se la pasa dormido la mayor parte del tiempo.

Tanto es así, que cuando veo la canasta de Tigger vacía me preocupo, porque entonces no sé dónde está mi gato.

“…y, de preferencia, no tan cara”

Con mi hermano en el messenger:

Mi hermano: Mis cuates me hacen una consulta urgente, y el único que es capaz de dar el ancho a semejante cuestionamiento eres tú.
Yo: A ver.
Mi hermano: Estamos por contratar una página porno, con mi tarjeta de crédito, pero necesitamos saber cuál es la mejor, la más segura y, de preferencia, no tan cara (este último punto no es tan relevante).

¿Les había dicho cuánto quiero a mi hermano? Un chingo.

El asesino

Mi madre y yo estábamos en la sala, cuando oímos un chillido seguido del sonido que hace la ventana cada vez que Tigger entra. El gato atravesó la sala alegremente, y se metió a la cocina.

Llevaba una rata medio muerta en la boca.

Durante la siguiente media hora, nada más oímos los chillidos cada vez más débiles de la rata mientras Tigger le hacía… pues lo que los gatos le hacen a las ratas que agarran.

A mi mamá jamás le gustaron realmente los gatos, pero como en mi casa siempre ha habido (literalmente) cientos de libros, además de pilas de periódicos que se van acumulando, el tener un gato es más bien medio obligatorio (libros ⇒ mucho papel ⇒ nidos de rata, por más limpio que se mantenga todo).

Así que siempre hemos tenido gato. Cuando nos mudamos a Xochimilco, dejamos al gato que teníamos en la Ramós Millán, y tardamos en buscar otro. Mis padres decían que se oían los pajaritos en la mañana.

Y así era, hasta que conseguimos gato. A veces en lugar de ratas agarran pajaritos.

Mi madre estaba asqueadísima cuando vio a Tigger pasar con una rata en la boca. Yo no estaba encantado con la imagen… y menos sabiendo que probablemente sea yo el que tenga que disponer del cadáver (Tigger come bien, y mucho, todos los días; las ratas y pajaritos son pura diversión para él); pero pues es su trabajo, y hasta cierto punto debo recompensarlo por hacerlo y hacerlo bien.

Y ahora, debo buscar los pedacitos de rata que han de haber quedado regados por toda la cocina.

La beca

El viernes llegó y como desde las seis de la mañana comencé a monitorear la página del Conacyt. Para las 2:00 nada había pasado, y fui a comer con Juan y Omar.

Al llegar a la Fac, les pedí a Omar y Juan que me dejaran consultar en la máquina del cubículo. Siendo como es la vida, ya estaban ahí los resultados. Y yo no estaba entre los candidatos elegidos.

Omar y Juan se portaron super chidos; fuimos a ver varios episodios de Cowboy Bebop y cuando Omar se fue Juan y yo seguimos viendo Robotech. No dejaron que me deprimiera o solo durante todo el día.

Antes de ir al depa de Juan, fuimos a mi casa y mandé dos correos electrónicos. Uno para Jonathan Buss (mi asesor en Waterloo), y otro a the powers that be en Conacyt. A Jonathan le dije que a) no me daba por vencido, b) pero que tenía que considerar que igual y debía hacer aquí la maestría, y c) que qué posibilidades había de conseguir una posición de Teaching Assistant en Waterloo. A los del Conacyt, que por qué no me habían dado la beca. Quiero las razones académicas y los integrantes del comité académico que decidió no darme la beca. Si no hay razones académicas, entones se va a poner divertido el asunto.

En la noche del viernes (o sea, de madrugada cuando seguir viendo Robotech se volvió vomitivo), me quedé en el depa de Juan, en el cuarto en el que en alguna época vivimos Liliana y yo. Fue lo más cercano que estuve de caer en pánico en todo este tiempo. “Agota todas las posibilidades” me dije. “Sólo agota todas las posibilidades”.

Estoy seguro de que o fue un error, o alguien se está buscando problemas conmigo. No hay posibilidad de que un comité académico decidiera no darme la beca. Sencillamente no es posible: ya me la habían dado antes. Y mi currículum, experiencia, cartas de recomendación y universidad con aceptación aumentaron bastante desde esa vez.

Yo creo que por el hecho de haber recibido la beca antes, pero no haber terminado el trámite, algún tipo de error administrativo ocurrió. O algo por el estilo.

Si no, voy a armar un escándalo. No pueden justificar de ninguna manera que no me den la beca.

El sábado vino Amílcar; por fin regresó de Europa, y fue chido alegrarme de verlo y sentirme bien de que le haya ido bien en su examen. Además es encantador el cabrón, y nos tuvo muertos de la risa contándonos de su viaje.

Me trajo una taza con las inscripciones de la piedra de Rosetta, una cajita musical (manual) que toca La Marsellesa, y un USB key de 256 MB. Lo cual es über cool, aunque no sepa todavía en qué lo voy a usar. Que por cierto hay un bug (o feature) en GNOME 2.10 que no muestra el icono del key hasta que monto otro drive. Ya reporté el bug número 300119, describiendo el problema. A ver si sirve de algo.

USB key en Nautilus

Amílcar además me dijo que, en caso de que las cosas no se resuelvan de manera “pacífica”, podemos meter un amparo, ir a la Comisión de Derechos Humanos, escribir a los periódicos. Aún no quiero hacer nada de eso (espero que no sea necesario), pero fue muy chido que se mostrara tan solidario.

También le hablé a Mónica, y me dijo que se pondrá en contacto con sus contactos. Así que ahí hay otro frente.

Le hablé a la mamá de Enrique; mis cosas ya están aquí, pero se le olvidó traerlas de casa de su hermana. Me dijo que iba a ir por ellas; me dio mucha risa porque se oía bien apenada. Así que al rato le hablo a ver qué onda. Enrique se fue a Manzanillo; por eso no lo vi el viernes, y por eso estoy hablándole a su mamá.

Me impresiona mi reacción. Supongo que hice bien en no suponer en ningún momento que la beca me sería concedida de forma casi tramital. Hay tiempo; tengo hasta Septiembre para llegar a Canadá con una maleta de dinero para pagar mi colegiatura; y hasta ese momento puedo (y debo) seguir intentando por todos los medios el conseguir la beca.

Así que ahora sigue eso. Lo único que me molesta es que quería dejar de preocuparme por el asunto.

Virus and trojans

Went to the house of my cousin Melchor and his wife Ruth. Their machine was in bad shape; so bad they couldn’t navigate anymore. The modem conected them, but it was impossible to load any page.

I only took with me a CD-RW with AntiVir Personal Edition, because I thought “that’s everything I need”.

Boy I was wrong.

The machine had so many trojans and viruses, that it didn’t read the USB plugged CD writter. I had to reboot and enter in safe mode, but then the USB didn’t worked, so I went to the “check every option” mode. The machine has Windows ME (literally the work of the devil), so I was in deep pain.

Finally I was able to read the CD-RW, copy the antivirus and started to check the machine. 16 virus, dialers and trojans in total: fortunately they shut down the machine and unplug the modem at night, but anyway they told me that two suspicious calls were in the phone bills in the last months.

After that, I removed all the software that looked at least a little malicious, installed Firefox, and told them not to install anything without reading first what the software was. The machine felt a lot faster without the viruses and the spyware, and they were finally able to load pages (in Firefox 1.0.1).

While there I watched a little of the súper clásico between Chivas and América. I’m not really fan of neither club, but I enjoy with the suffering from the americanistas.

My car is back to life, but it cost me almost 400 dollars. And my mother asked me for money, so I don’t know if I will be able to buy my gadgets. Maybe I can left the camera and related things out. I don’t know; first I need to talk to Omar and see if he will go to Ciudad Juárez in the next weeks.

Funny thing: I opened Ximian’s OpenOffice Spreadsheet, and it’s fast. I suppose it had to do with the upgrade to Gtk+ 2.6; don’t know. But it’s certainly cool.

Went to work one last time. Basically I returned my security ID, and clean up the machine where I was working. Now I need to focus in my academic duties, and search for a new work.