Nada más que no tarden igual en responder

En diciembre de 2006 fui a un taller organizado por mi director de tesis de la maestría (y director actual en el doctorado), en Guanajuato. Escribí al respecto en su momento.

En dicho taller presentaron un problema. La historia de ese problema y cómo lo resolvimos es larga, embrollada, e involucra a cuatro países. El punto es que hoy, cinco años y cinco meses después, por fin envié el artículo correspondiente a una revista.

Ahora sólo falta esperar a ver qué nos dicen.

Pina

El viernes de la semana pasada fuimos a ver Pina. No había escrito al respecto por andar ocupado, y porque además no fue mi idea ir a verla.

Diría que se aplican mis advertencias de spoilers normales, pero en esta película es absolutamente irrelevante.

Pina

Pina

La danza moderna/contemporánea siempre me ha dado una hueva infinita. Me queda clarísimo que estoy siendo terriblemente injusto, pero en mi opinión la enorme mayoría de la gente que hace danza moderna/contemporánea, es porque no puede hacer ballet, que ese sí siempre me ha gustado muchísimo.

Ese es mi llano gusto; de todas formas creo que un documental de danza moderna/contemporánea podría gustarme mucho, porque un documental para ser bueno no tiene necesariamente que ser acerca de un tema que me agrade.

Este documental de Wim Wenders a mí me dio tanta o más hueva que el tema que trata, entre otras cosas porque no es un documental de danza moderna/contemporánea, ni tampoco es un documental de Pina Bausch. Es una serie de entrevistas sin ton ni son, intercaladas con partes de coreografías de Pina interpretadas por su compañía de toda la vida. En 3D, porque la película no se presenta en ningún otro formato.

El documental no es de danza moderna/contemporánea porque en ningún momento explican absolutamente nada acerca de la danza moderna/contemporánea, así que o el espectador ya sabe de qué va la cosa, o se jode y se queda con su impresión original de la misma. Lo que en mi caso resultó en pasar la mitad de la película muriéndome de hueva, e incrédulo acerca de lo pretencioso del asunto.

El documental tampoco es de Pina Bausch, porque en ningún momento relatan absolutamente nada acerca de ella; no se sabe dónde nació, donde creció, qué estudio, qué pensaba, ni nada así. Todo lo que la película transmite acerca de ella son unos comentarios vagos que dan los miembros de su compañía, y las coreografías, que en mi caso (repito) sólo me transmiten el arte de una persona que me da más bien hueva, y que me resulta altamente pretencioso.

Para acabarla de joder, la película está en 3D, para que nos “sintamos” como si estuviéramos frente a una compañía de danza en cuerpo y alma. Siendo justo, el 3D de Wim Wenders hace un par de cosas más interesantes que lo que hacen la mayor parte de las otras películas; pero no compensan en lo más mínimo todo el resto de la película que me dio hueva.

Cada vez que hacían una “entrevista” (si se le puede decir entrevista el filmar a alguien en tres cuartos mientras rememora cualquier pendejada intrascendente), de repente ponían al entrevistado a bailar solo, no con el resto de la compañía. Estas pequeñas coreografías individuales sí hubo dos o tres que me gustaron; son las coreografías que involucraban a más miembros de la compañía las que me dieron una hueva infinita. Aunque debo reconocer que hubo un par de ocasiones donde los bailarines hicieron cosas que físicamente sí se ven muy difíciles; siguen sin gustarme, pero sí debe ser difícil el poder hacerlo.

También es indudable que hacer danza moderna/contemporánea es muy buen ejercicio; los hombres y mujeres de la compañía de Pina en general ya no son jóvenes, y tienen unos cuerpos admirables.

Si les gusta la danza, esta cosa de Wim Wenders probablemente les guste. A mí me estaban dando ganas de pegarle a alguien cuando la vi.

Extensiones

Isabel y yo tenemos cinco computadoras; dos laptops, mi computadora de escritorio, el servidorcito con procesador atom donde bajamos cosas, y mi media center. Si incluimos al PS3, son seis computadoras. Si incluimos el iPad de Isabel, son siete. Si incluimos nuestros teléfonos (que se puede argumentar que cuentan como computadoras), entonces son nueve.

Dado que seis de esos aparatos vinieron conmigo cuando me mudé con Isabel, no es de extrañar que el costo de la luz se haya incrementado por mucho (el horno de microondas, y mi tele de 46 pulgadas también deben influir). Eso implicó que empezáramos a hacer ciertos ajustes para disminuir nuestro consumo eléctrico.

El más obvio y sencillo fue el apagar algo cuando no se esté usando; lamentablemente es también el más incómodo en mi máquina de escritorio. Durante mi viaje de seis meses el año pasado, me acostumbré a trabajar en mi laptop, la cual nunca apago, a menos que le actualice el kernel o algo similar; en general sólo la suspendo, y entonces es básicamente instantáneo el regresar a trabajar: todas mis aplicaciones están abiertas tal cual antes de que la suspendiera.

Mi máquina de escritorio no tenía esto, y entonces sí es medio desesperante el prenderla y apagarla; no tanto por el tiempo que toma (es rápida al fin y al cabo), sino por el necesario esfuerzo de reconstruir mi estado de trabajo, dícese empezar mis aplicaciones y abrir mis documentos. Hoy por fin me puse a hacerle trutú a mi PC, y conseguí que suspendiera básicamente igual que mi laptop. La verdad me impresioné; nada más encontré la opción en el BIOS que lo permite, jaló de inmediato con Linux.

El problema es que suspender mi escritorio implica que tengo que dejarlo “prendido”. El CPU y discos duros están apagados, pero la máquina sigue consumiendo energía para mantener la memoria RAM activa, que es como funciona cuando uno la suspende. En la laptop no es tanto problema porque consume mucho menos electricidad que mi máquina de escritorio. Además, está el problema de que si se va la luz, pierdo todo (por lo anterior); en la laptop esto no pasa porque tiene batería.

Así que, después de años de no usarlo, investigué cómo hacer que mi máquina de escritorio hibernara. Hibernar es básicamente igual a suspender, sólo que los contenidos de la memoria van al disco duro en la partición del swap, y entonces la máquina se puede desconectar completamente. Al prenderse de nuevo, lo primero que hace Linux es restaurar los contenidos del swap a la memoria, y entonces todo regresa a como estaba. El proceso tarda un poco menos que prender la máquina de cero, y tiene la infinita ventaja de que el estado de la sesión de trabajo se preserva de modo perfecto; o en otras palabras, ya no tengo que iniciar mis aplicaciones ni reabrir mis documentos.

De todo ese choro no es esta entrada; la entrada es acerca de que GNOME no tiene una opción en su menú de estado para hibernar la máquina. Joder, con esfuerzos tiene una opción para apagarla; los genios de GNOME decidieron que todo mundo debería siempre suspender su computadora, y para poder apagarla uno tiene que presionar la tecla Alt para que la opción aparezca en el menú de estado.

Así que me fui al sitio de extensiones para el GNOME Shell, y busqué “hibernate”, y luego luego me salió la extensión Alternative Status Menu. Eso no tiene nada de sorprendente; lo ingenioso es que si visitan esa página con GNOME 3, aparece un botón para habilitar o deshabilitar la extensión. Así es, la pueden habilitar o deshabilitar desde el navegador (yo uso Chromium, pero al parecer funciona con Firefox y obviamente con Epiphany, el navegador de GNOME). Así que le hice click al botón, y de inmediato mi menú ganó la habilidad de apagar o hibernar sin tener que presionar teclas mágicas.

Menú de estado

Menú de estado

Por supuesto ya había leído al respecto, pero verlo funcionar sin que yo jamás hiciera nada sí me pareció sorprendente. No he jugado mucho con las extensiones del GNOME Shell (tengo sólo dos o tres), pero ésta es la primera que activo desde el sitio de extensiones, y la verdad estoy encantado con los resultados. De hecho, hasta me dan ganas de programar unas cuantas yo mismo.

Como sea, ya no tengo que preocuparme de restaurar el estado de mi escritorio cada vez que apago mi máquina; y si sólo dejo de trabajar un rato (porque voy a comer o algo así), puedo sólo suspenderla.

Y se quejaban de que GNOME 3 no ofrece suficientes opciones.

Grand Theft Auto IV

Después de obtener el platino en God of War III, el siguiente que saqué fue el de Grand Theft Auto IV.

Grand Theft Auto IV

Grand Theft Auto IV

GTA IV es un juego especial para mí: en cuanto mi hermano me regaló mi PS3, básicamente salí y compré el juego. No era nuevo nuevo, pero sí tenía poco de haber salido; es el único juego en mi colección que no compré usado ni mucho después de que saliera. Es también sin duda alguna el juego que más he jugado en mi PlayStation, por motivos que ahorita comentaré, y ciertamente creo que es mi juego preferido (aunque soy el primero en reconocer que no es el mejor que he jugado).

Todo mundo ya debe saber más o menos cuál es la premisa de los juegos de Grand Theft Auto; siempre transcurren en un “mundo abierto”, lo que quiere decir que las misiones no tienen que ser ejecutadas en un orden específico, y en muchos casos que ni siquiera deben ejecutarse. Además de eso, hay un énfasis significativo en la violencia que el protagonista usa para llevar a cabo sus misiones, y (haciendo justicia al nombre del juego), hay que andar manejando carros de un lado para otro todo el tiempo. Por supuesto, en el 99.9% de las ocasiones, dichos carros son robados.

La historia de GTA IV es algo idiota, porque trata de tomarse en serio en varias partes; me gustó mucho más la de GTA III (que también acabé, aunque no junté nunca el 100%), y muchísimo más la de Red Dead Redemption. El protagonista, Nico, no es para nada entrañable, y su comportamiento a lo largo de la historia es errático e inconsistente, en algunos momentos portándose humano y atormentado, y en otros portándose como un asesino psicópata. Pero lo cierto es que en gran medida uno no juega el juego por la historia; lo juega por el mundo abierto que se tiene disponible para explorar y hacer cosas.

Durante un día del juego uno puede levantarse de la cama (literalmente; ahí empieza uno al cargar un juego salvado), bajar a la calle, tomar uno de los carros robados que se guardan al estacionarlos en frente de las “casas seguras” que uno usa, ir a correr en carreras, llamar a un “amigo” para jugar boliche, o billar, o a tirar dardos, ir a comer, ir a ver un show (y literalmente uno ve el show; mi preferido es el de Ricky Gervais), salir por unos tragos, ir a contratar una prostituta, matarla a batazos para recuperar lo que sea que le hayamos pagado, robar un helicóptero y recorrer Liberty City, y luego regresar a una casa segura a dormir, después de ver uno de los múltiples programas disponibles en la tele.

El tamaño y variedad que Liberty City ofrece es abrumador, pero después de ir jugando el juego uno termina aprendiendo a moverse por la ciudad exactamente de la misma manera que uno hace cuando comienza a vivir en una ciudad desconocida (con la excepción de que de repente podemos agarrar carros a bazookazos). Nada más por eso el juego vale la pena: el poder ir a un taibol a ver nenas hacer sus rutinas y a lo mejor aceptar un lap dance son sólo una cereza encima del pastel.

GTA IV lo disfruté enormemente, e incluso fue divertido el ir sacando el montón de trofeos que vienen con el juego, hasta que me topé con la porción de trofeos que se necesitan jugar en línea. Ya he comentado en otra ocasión lo inhumano de los requerimientos para obtener los trofeos en línea, así que sólo voy a resumirlo así: uno de los trofeos necesitaba que ganara 108 carreras distintas (todas las combinaciones posibles de rutas, vehículos y tipo de carrera), y otro necesitaba que juntara 5,000,0000 de dólares, cuando las misiones en general nunca dan más de 5,000 dólares, y se toman varios minutos. Viendo mis estadísticas en el Rockstar Games Social Club, veo que una misión la jugué 1,311 veces, y dado que dicha misión tarda del orden de 3 minutos (si se hace bien), quiere decir que jugué esa misión durante 65.55 horas. Al menos; probablemente fue más.

GTA IV es la razón por la cual, desde que comencé con esta idea mía de sacar todos los trofeos de mis juegos, no he vuelto a comprar un juego que se necesite jugar en línea para obtener alguno.

Tuvo sus ventajas; ahora soy un hacha en GTA IV. La misión que jugué (literalmente) cientos de veces es cooperativa, así que después de un tiempo uno terminaba haciéndose “amigo” de otra gente en línea, y se formaban equipos. Al final me terminaban buscando, y mucho, porque me volví tan buen tirador que solía matar 22 policías en menos de dos minutos, casi todos con tiros a la cabeza. La tortura que durante un tiempo se sintió el tener que jugar tanto esa misión para poder obtener el último trofeo que me faltaba, se terminó convirtiendo en placer cuando veía en línea a alguno de mis cuates con los que hacía buenos equipos, y entonces sabía que iba a tener una buena sesión de una o dos horas de estar rescatando a Petrovic de las garras de NOOSE.

Como sea, prefiero no tener que volver a hacerlo, nunca de preferencia, y es por eso que ahora todos mis juegos los trofeos sólo dependen de mí, y no de otros jugadores. Hay un par donde esto no es 100% cierto, pero de cualquier forma no será tan talachudo como con GTA IV.

GTA IV es mi juego preferido en el PS3 por muchas razones, varias de las cuales comenté arriba. Es casi perfecto; si en algo lo pudiera mejorar yo, sería en agregar contenido creado por usuarios; que uno pudiera construir misiones dentro de Liberty City, subirlas para que otros pudieran jugarlas, y bajar las creaciones de otros. Ahora que GTA V está anunciado, espero que incluyan algo del estilo. E independientemente de eso, estoy seguro de que GTA V será el primer juego que compraré para mi PS3 el mismo día que salga.

Los Vengadores

Entre las cosas que hice el día de mi cumpleaños, fue ir a ver The Avengers al cine. Se aplican las advertencias de spoilers de siempre, aunque me imagino que no importa porque al parecer todo mundo y sus hermanos ya fueron a verla.

The Avengers

The Avengers

Esta película es extraordinaria, y vale la pena verla en el cine, únicamente por el hecho de ser la culminación de varios años de planeación y la realización de otras cinco películas interlazadas y las cuales ocurren todas en el mismo universo. Hasta donde yo sé, jamás se había logrado algo parecido, más aún considerando la escala y el alcance de cada una de esas películas (una de Hulk, otra del Capitán América, otra de Thor, y dos de Iron Man).

Encima de ello, es de verdad de las películas más divertidas y con más acción que haya visto en mucho tiempo. De Joss Whedon nunca vi Buffy, la cazavampiros, y Dollhouse me pareció decepcionante; pero he sido siempre un fan fiel de Firefly, su serie de ciencia ficción. Lo mejor que hace Whedon (en mi opinión), es escribir diálogo entre personajes bien definidos; su tiempo como escritor principal de Astonishing X-Men además demostró que lo puede hacer también con personajes que él no creó, y que llevan años de existir en la cultura pop.

The Avengers es divertidísima en gran medida por el dialogo y la interacción entre los siete superhéroes que ocupan casi todo el tiempo de la película. Yo estaba meándome de la risa durante casi todo el tiempo que duró, y me alegró muchísimo que los realizadores no se tomaran para nada en serio a la hora de filmar la cinta.

No hay mucho más que decir, realmente: está bien actuada (especialmente Robert Downey Jr., que se roba absolutamente todas las escenas donde sale, e incluso algunas donde no), bien dirigida, muy bien escrita, y magistralmente hecha (yo la vi en 2D; el 3D me da más bien hueva y el 4D me parece ridículo). Nada de ello le quita que la historia sea una mamada de proporciones épicas; pero eso al final no importa demasiado, o al menos a mí no.

Me interesa más ver cuánto tiempo pueden extender esto; saldrán secuelas (obviamente), y algunos de los superhéroes de las películas tendrán su primer cinta (Black Widow, con la hermosísima Scarlett Johansson), o sus secuelas (Capitán América). Entonces en teoría estaremos hablando de un “universo” cinematográfico que consistirá, al menos, de nueve películas, más las que se acumulen. Cuánto tiempo podrán los de Marvel hacer que dicho universo sea consistente y entretenido, no tengo idea; pero el experimento me parece fascinante.

Mientras tanto Warner Bros./DC siguen en la oscuridad e incapaces de sacar buenas películas basadas en cómics, con la honorosa excepción de Batman. Zack Snyder va a dirigir la próxima de Superman, y aunque no dudo que a mí me encante, temo que ocurrirá lo mismo que ha ocurrido con las otras películas del director: al público en general no le va a gustar.

Como sea, como el ápice de este universo cinematográfico que Marvel ha creado durante los últimos seis años, The Avengers no sólo cumple con las expectativas; las supera con creces y además de forma ligera, inteligente, y entretenida. Sólo espero que de aquí en adelante no todo vaya en caída y que las películas subsecuentes de este universo no se vayan poniendo cada vez más churrescas.

Treinta y cinco

Ayer cumplí treinta y cinco años. El año pasado salí de México durante seis meses, donde me la pasé dando vueltas por Europa, Canadá y Estados Unidos, escribí una parte más que sustancial de tres artículos y más de la mitad de mi tesis doctoral, y mi novia y yo comenzamos a vivir juntos. También estuve a punto de morirme por intoxicación con gas, pero suena más dramático de lo que realmente fue.

Así que creo que puedo llamar al anterior un buen año. No sé qué me depare el año que viene en general; pero tengo que doctorarme, y además conseguir un trabajo que de hecho pague dinero, porque nomás no se da en los árboles.