Mis niños

Como no soy (todavía) doctor, en Fields me aventaron en un cubículo enorme donde también aventaron a todos los otros no-doctores en el instituto. Lo que causó que a la entrada de la oficina estuviera esto:

El megacubo

El megacubo

Creo que si hubieran podido, hubieran aventado ahí a otros ocho estudiantes de doctorado.

La cosa que me diferenciaba a mí de todos ellos (además de ser unas catorce millones de veces más moreno), es que yo trabajé varios años después de la licenciatura antes de hacer la maestría, y luego unos meses más después de la maestría antes de hacer el doctorado. Encima, yo entré un año después a la licenciatura de lo que me tocaba (me eché la secundaria en 4 años pa’ que todo me quedara bien claro), me tocó la huelga en la UNAM, y además yo nunca fui particularmente rápido.

Todo el choro de arriba es para justificar por qué yo era el más viejo de todos los estudiantes de doctorado, y en particular porqué a los chavillos rusos les llevo probablemente más de diez años, siendo ellos medallistas de oro en la Olimpiada Internacional de Matemáticas. Con grado perfecto, como tuvieron bien a informarme.

No sé si la diferencia de edad tuviera algo que ver conque en general mis niños se apilaran de un lado de la oficina, y me dejaran casi una mitad para mí solo. Como sea, comencé a referirme a ellos como mis niños, porque de verdad me daban la impresión a veces de tener quince años.

Hoy mis niños se fueron, dejando el cubículo que compartí con ellos desoladoramente vacío. Claro que no es tan grave, porque yo me voy el sábado, pero sí fue un cambio medio radical el tener un día siete personas apiladas en el cubo, para al otro estar nada más yo solito.

En la red social

(Esta será, espero, la única entrada que exista a la vez en mi blog y en Google+).

(To my English speaking friends: TL;DR: I’m going to write in my blog in Spanish as usual and post the links in Google+: You can use Google Translate if you feel so inclined. Also, I will post in Google+ little snippets, mostly from my phone, when I feel like it. All the content from me in Google+ from now on will be in English, except the titles from my blog posts.)

Y resulta que, en cuanto estuvo disponible, me uní a Google+. Y de inmediato lo primero que hice fue deshabilitar que alguien viera (desde mi perfil) quién está en mis círculos, o en los círculos de quién estoy, y además evité escribir absolutamente nada en la dichosa red social.

Por qué me uní a Google+ es, básicamente, irracional; pero si tuviera que racionalizarlo sería así: estoy dispuesto a apoyar cualquier cosa que ayude al derrumbamiento de Facebook (al cual nunca pertenecí ni perteneceré), y ciertamente considero a Google una compañía más “confiable” que el resto de las que existen en el mundo de la tecnología. Esto no quiere decir que crea que de hecho es “confiable”, sólo que estoy dispuesto a darle el beneficio de la duda.

Pero después de unirme a Google+ no hice nada con eso, y en cambio seguí escribiendo en mi blog. Mi blog ha sido mi espacio virtual desde hace seis años (yendo para siete), y un espacio como Google+ se me hace que difícilmente pueda remplazarlo. Y la capacidad de censurar despóticamente comentarios en mi blog me parece irremplazable.

Dicho eso, comenzó a parecerme que tal vez estaba desperdiciando el potencial que Google+ ofrece, que a lo mejor la gente que me ha agregado a sus círculos de hecho quiere oír de mí de vez en cuando. Así que comencé a pensar en formas de conciliar las dos cosas, y llegué a lo siguiente: voy a seguir escribiendo en mi blog, y pondré las ligas en Google+. Además de eso, en Google+ pondré pequeños trocitos de texto, en general desde mi teléfono mamón, y lo haré en inglés porque en Google+ estoy conectado con mis amigos de habla inglesa. En otras palabras, usaré Google+ como Twitter, otro servicio que (dado que me asumo escritor) nunca había querido usar, pero que en contexto de cómo funciona Google+ creo que tal vez podría funcionarme.

La cosa es (y muchos que me tienen en sus círculos en Google+ a lo mejor no lo saben) que estoy enamorado de cómo escribo. Entonces en general las entradas en mi blog son laaaaargas diatribas en las que vuelco la bola de pendejadas que inundan mi cabeza, y no creo entonces que sea pertinente verter dichas pendejadas en el stream de nadie en Google+. Mejor sólo pongo la liga, y si alguien quiere que la lea, y si no, pues no. Y de vez en cuando si estoy en algún lugar y quiero comentar algo en pocas palabras o tomo una foto que me parece interesante, eso sí lo pondré en Google+ (y de paso libro a mi blog de mini entradas espurias).

En Google+ comenzaré publicando ligas a las últimas entradas de mi blog, para tener algo de contexto, y en mi blog más bien las cosas seguirán como han seguido hasta ahora. Sólo una cosa más (y esto lo digo porque de verdad me he encontrado con cada bestia en línea que en serio dan miedo): a la menor provocación voy a comenzar a utilizar el botón de “ignorar” de Google+, sin ni siquiera pensarlo. Si alguien quiere comenzar a esparcir veneno, bien por ellos: sólo yo no quiero verlos.

Los Pumas en Toronto

Total que hace un par de semanas estábamos Isabel y yo en el departamento, cuando ella me dijo que los Pumas iban a jugar en Toronto, con motivo de la Concachampions. Le pregunté qué día, y cuando me dijo que el 27 de septiembre, suspiré y me resigné a que tendría que ir a ver a los Pumas en Toronto.

Después del gol de los Pumas

Después del gol de los Pumas

En parte esa fue la razón por la que acepté ir al doctor por lo de mi oreja; Isabel amenazó que no me dejaría ir al partido si no estaba lo suficientemente bien. Y dado lo que costaron los pinches boletos, más me valía ir a ver a mi equipo de futbol cuando jugaran aquí en Canadá.

Como he explicado multitud de veces, yo soy un pésimo fan, así que no me molestó tanto que los Pumas jugaran tan mal, y sólo sacaran un empate. Los Torontontos estuvieron cerca de ganarnos, y yo creo que la única razón por la que no lo hicieron fue porque de hecho ellos juegan peor. En defensa de mis Pumas, la alineación inicial incluía a números de camiseta como el 62, 64 y 67, así que supongo que entraron a jugar los suplentes de los suplentes, de cuando no juegan los suplentes.

Al final estuvo más emocionante el partido, y los Pumas estuvieron varias veces a punto de meter el gol de la victoria, cosa que no ocurrió porque (como ya expliqué) estaban jugando pésimo. Pero de cualquier forma me divertí, estuvo padre cantar el Goya en Toronto, y me dieron mucha ternura los Torontontos, porque de verdad son tan buenas personas que de hecho hacen pésimos fans de futbol: hacen que yo parezca hooligan. A lo mejor en hockey les sale lo agresivos, pero la verdad yo ya comienzo a dudar que realmente puedan serlo.

Estúpidos Q-tips

Hace poco más de una semana, me estaba bañando sin hacerle daño a nadie, cuando me entró agua en el oído. Eso es más o menos común: me lavo bien las orejas, al fin y al cabo. Lo que ocurrió fuera de lo común fue que el agua no quería salir.

En el pueblo de mi papá (ubicado cerca de la costa de Guerrero), el remedio común a este problema es orinarse en la oreja. Bueno, no realmente orinarse en la oreja, sino echarse orina en el óido. No, agua caliente no funciona; al parecer tiene que ver conque la orina contiene amonia.

Por supuesto, mi perspectiva citadina es que en el pueblo de mi papá son unos salvajes, y entonces procedí a hacer lo más civilizado que se me ocurrió: meterme un Q-tip en la oreja y estarle meneando hasta que el agua se absorbiera.

Lo que ocurrió fue: 1. el agua no se absorbió, y 2. me causé una infección en la oreja. Creo que orinarme en la oreja, por salvaje que suene, hubiera sido mucho más sensato.

Hago la distinción de que me causé una infección en la oreja, no en el oído. Nunca me he infectado el oído, pero por lo que he escuchado puede ser terriblemente doloroso y con problemas de escucha para toda la vida.

Al cabo de casi una semana con distintos tipos de dolores en mi oreja, Isabel por fin me arrastró a ver a un doctor en Canadá. La experiencia me resultó muy similar a ir al ISSSTE cuando era chiquito (lo hice decenas de veces): uno va, da su nombre, y se sienta a esperar. Y espera, espera, espera y espera, y luego lo ve a uno un doctor diez minutos, y lo manda para fuera con una receta.

La única diferencia es que en Canadá me cobraron cincuenta dólares, y también las medicinas (otros cincuenta dólares), cuando en México (cuando era niño) era gratis. En defensa de los canadienses, si tuviera mi tarjeta médica (el equivalente a la tarjeta del ISSSTE, supongo), me hubiera salido gratis.

La doctora que me atendió me metió un foquito en la oreja, y me dijo: “sí, tienes el canal infectado”. Yo tuve la genial idea de preguntarle cómo sabía que no estaba infectado “más hondo”, y ella, mirándome como un pendejo, me dijo que con el foquito también veía “más hondo”.

Así que me recetó unas gotitas (sí, costaron cincuenta dólares las chingadas gotitas), y me mandó para fuera.

Ahora sólo espero que mi seguro médico (que me obligan a comprar en México siempre antes de salir al extranjero) me pague el chiste.

Y ahora de regreso también

Hace poco más de un mes, describí cómo configurar Emacs para ligarlo a Evince, de tal forma que si compilamos un archivo \LaTeX a PDF con la opción -synctex=1, y al hacer Control-click en una parte del PDF, Emacs enmarque el archivo .tex en la línea correspondiente.

A los pocos días Omar me comentó que sí servía, y se quejó amargamente de que no funcionaba al revés: que dentro de Emacs mi código (que estaba basado en en el de aquí) no permitía saltar dentro del PDF a la región de texto correspondiente al archivo .tex.

Por supuesto, una vez más, sí se puede: estamos hablando de Emacs al fin y al cabo. Sólo que yo estaba atareadísimo terminando de escribir un artículo y las notas para otro, y los fines de semana yendo a la CN Tower y a las cataratas del Niágara, y no había tenido tiempo de revisar el código. Además, es Emacs Lisp, que la verdad (como todos los lenguajes tipo Lisp) tiendo a aborrecer ligeramente.

Por fin hace unos días revisé el código, y lo primero que hice fue corregir y mejorar algunas cosas de la primera parte, lo que hace que Evince se comunique con Emacs. El código funcionaba porque el alcance de las variables en Emacs Lisp no tiene sentido; en un lenguaje más sensato hubiera fallado miserablemente. Corregí eso y así quedó:

(require 'dbus)

(defun goto-line-and-recenter (line col)
    (goto-line line)
    (recenter line)
    (raise-frame))

(defun synctex-find-file (buf line col)
  (find-file buf)
  (goto-line-and-recenter line col))

(defun synctex-switch-to-buffer (buf line col)
  (switch-to-buffer buf)
  (goto-line-and-recenter line col))

(defun evince-backwards-sync (file linecol time)
  (let ((buf (get-file-buffer (substring file 7)))
        (line (car linecol))
        (col (cdr linecol)))
    (if (null buf)
      (synctex-find-file (substring file 7) line col)
      (synctex-switch-to-buffer buf line col))))

(dbus-register-signal
 :session nil "/org/gnome/evince/Window/0"
 "org.gnome.evince.Window" "SyncSource"
 'evince-backwards-sync)

Quedó un poquito más corto y más bonito; aunque en GNOME 3 sigue sin levantar la ventana de Emacs cuando se enmarca el documento (otra queja amarga de Omar). En otros escritorios debería levantarla: no tengo acceso a otros escritorios ahorita, y aunque lo tuviera la verdad me da mucha hueva comprobarlo.

Después comencé a ver el otro lado, que Emacs se comunique con Evince, y resulta que es similarmente sencillo, exceptuando el hecho de que Emacs Lisp es de esos lenguajes idiotas que dicen ser débilmente tipificados, lo cual significa que los tipos fallan justo cuando uno no quiere que fallen. Siendo justo, el problema realmente es que DBus es fuertemente tipificado, y entonces a veces hay que darle una manita a Emacs Lisp para que sepa cuál es el tipo que debe enviar por el cable (de ahí los feos :int32 que de repente aparecen en el código).

El código correspondiente me quedó así:

(defun get-evince-document (file)
  (dbus-call-method
   :session "org.gnome.evince.Daemon" "/org/gnome/evince/Daemon"
   "org.gnome.evince.Daemon" "FindDocument"
   (concat "file://" (replace-regexp-in-string "tex$" "pdf" file)) t))

(defun evince-forwards-sync (file line col)
  (dbus-call-method 
   :session (get-evince-document file) "/org/gnome/evince/Window/0"
   "org.gnome.evince.Window" "SyncView"
   file (list :struct :int32 line :int32 col) 0))

(defun current-line-number ()
  (1+ (count-lines 1 (point))))

(defun do-evince-forwards-sync ()
  (interactive)
  (if (not (null (buffer-file-name)))
      (if (not (buffer-modified-p))
	  (if (string-equal (substring (buffer-file-name) -4)
			    ".tex")
	      (if (file-exists-p (replace-regexp-in-string 
				  "tex$" "pdf"
				  (buffer-file-name)))
		  (evince-forwards-sync (buffer-file-name)
					(current-line-number) 1)
		(message "You need to PDFLaTeX your file."))
	    (message "You can only forward sync LaTeX files."))
	(message "You need to save your buffer first"))
    (message "Forward sync only works in file buffers.")))

Además yo en particular puse

(global-set-key (kbd "< f1 >") 'do-evince-forwards-sync)

en mi .emacs, así que ahora si le pico F1 a mi compu mientras Emacs está en un archivo .tex que esté salvado, inmediatamente manda al PDF a la página correspondiente en Evince. De nuevo, GNOME 3 no permite que una aplicación le robe el foco a otra, así que Evince no se levanta, pero debería hacerlo en otros escritorios.

Está bastante padre cómo funciona el asunto, y además funciona (me parece) de forma suficientemente robusta. Ciertamente espero usarlo mucho durante los próximos artículos que escriba.

Contagion

El domingo, después de regresar el carro que rentamos para ir a las cataratas (salía más barato y como doce millones de veces más cómodo que el camión), fuimos a ver Contagion. Se aplican las de siempre.

Contagion

Contagion

Tenía ganas de ver esta película porque salen en ella puros actores que me caen bien. La película difiere de las mamadas que los gringos suelen hacer con casi cualquier desastre en que es bastante “científica” (no hay curas milagrosas, y el virus no mata en horas), y que la acción se desarrolla a lo largo de varios meses.

Es de hecho una adaptación muy real de lo que probablemente ocurriría si un virus mortal comenzara a esparcirse en este globalizado mundo de ahora. A mí me gustó mucho, y creo que vale la pena verla en el cine.

Y por suerte (o desgracia) ya acabó el verano, así que ya no hay churros que quiera ver en la pantalla grande. Lo cual es bueno, porque venir al cine en estos lares sale carito.

Las cataratas

El domingo (ahora sí, el anterior), fuimos a las cataratas del Niágara.

Isa y yo en Niágara

Isa y yo en Niágara

Hay mucha agua ahí.

Fuera de broma, sí es impresionante el chorrito de agua, y como fuimos en uno de los últimos días de verano (que aquí en Canadá parece durar como quince minutos), nos tocó ver cosas como la siguiente:

El arcoiris

El arcoiris

Es medio chistoso ver el puentecito que los gringos hicieron para poder ver las cataratas desde su lado. Del lado de Canadá se ven muy padres.

Mi estancia aquí se acerca a su fin: me voy en menos de dos semanas. Como el resto de mi viaje, ha sido satisfactoriamente muy productivo, que ha sido la razón principal por la que no he escrito la bola de cosas que hecho: entre otras tareas, acabé de escribir una parte del trabajo que Fred, Víctor y yo estamos haciendo, y que Fred y yo retomamos en Holanda hace casi dos meses.

Después seguirá California. Pero por ahora, terminaré la chamba que aquí me queda, y aprovecharé lo que me queda de estar en Toronto y con mi novia.

Captain America: The First Avenger

El viernes (no el pasado, el anterior), fui a ver Captain America: The First Avenger. Había estado hundido en trabajo (y ocupado los fines de semana), así que no había escrito al respecto.

Se aplican las de siempre.

Captain America: The First Avenger

Captain America: The First Avenger

Como todo mundo decía que esta película era la neta del planeta, terminó decepcionándome un poco. No es mala (todo lo contrario), sólo no creo que sea una maravilla. Está muy entretenida, bien hecha y es bastante divertida y con mucha acción. Sólo no es nada espectacularmente sobresaliente.

Dicho eso, Chris Evans consigue hacer del Capi un personaje agradable. Sin nada de los matices asquerosamente pro gringos que otras encarnaciones han tenido, y ciertamente (en el marco de la Segunda Guerra Mundial) sin ninguna de las tendencias imperialistas que uno podría esperar de un super héroe basado en un soldado gringo.

Espero ver la película de los Vengadores, y espero que sea divertida y esté bien hecha. Sólo de verdad no veo cómo este pobre muchacho podrá competir con Samuel L. Jackson y Robert Downey Junior para hacerse pasar como el líder del equipo. Como sea, si no la han visto, véanla. Vale la pena hacerlo en el cine.

Roger Ebert

Ayer acabé de escribir un artículo, y hoy envié a mis coautores la versión ya revisada por mí. Además, hay ahorita talleres en el Instituto Fields. Toda esa información es para explicar por qué no he escrito en los últimos días, incluyendo de mi visita a la CN Tower, y mi última ida al cine.

Como sea, lo que quería escribir es que ayer en la noche estábamos Isabel y yo en un centro comercial, y en una librería había cámaras de televisión y una bola de güeyes oyendo hablar a una chava, que al parecer hablaba por un viejito sentado. Cuando alcancé a oír que la muchacha hablaba de cine, de inmediato me metí. Pude corroborar mi sospecha de que la sesión de preguntas y respuestas la estaba dando Roger Ebert, usando a la muchacha como intermediaria ya que él no puede hablar desde que le extirparon la quijada por cancer hace unos cinco años. Probablemente se encuentra en Toronto por el Toronto Internation Film Festival, al que Isabel y yo nos hemos negado a ir a ninguna función porque los boletos cuestan entre 25 y 44 CAD por persona. Aunque muchas de las películas a mí sí se me antojan.

No me quedé mucho a la sesión de preguntas y respuestas. A pesar de que no suelo estar de acuerdo con él (especialmente en películas basadas en cómics), respeto bastante a Roger Ebert y me parece admirable como ha seguido trabajando y haciendo apariciones en público después de todo el trauma relacionado con su batalla con el cáncer. Fue una agradable sorpresa el llegar a verlo, y (de alguna manera) oírlo.

Porque no tengo cosas importantes que hacer

Leyendo los comentarios de un blog, me encontré con esto. Es un estúpido jueguito parecido a Space Invaders, con una muy importante distinción: los “enemigos” son palabras, y para “matarlos” uno tiene que escribir dichas palabras.

Ztype

Ztype

En otras palabras, es un juego para ejercitar touch typing, el teclear rápidamente sin mirar el teclado. Después de cinco niveles tuve que forzarme a cerrar el tab de mi navegador, porque me percaté de que iba a perder todo el día ahí si no lo hacía. No sé cómo nunca se me había ocurrido un juego de este estilo: es de hecho útil, porque teclear sin mirar el teclado es de las primeras cosas que uno tiene que aprender para escribir rápido (ya sea prosa, \LaTeX, o código).

Si quieren tomarse un descanso de diez minutos mientras trabajan en la oficina, el jueguito no sólo es entretenidísimo, además sirve para practicar su touch typing.

Cowboys & Aliens

El viernes me debatí entre ver Cowboys & Aliens y Captain America: The First Avenger. Nunca he sido fan del capitán gringo (por obvias razones), pero todo mundo dice que la película es la neta del planeta. En cambio la de vaqueros y marcianos todo mundo dice que apesta, pero sí se me antojaba.

Al final el cine decidió por mí: ya no alcancé boletos para el capitán yanki. Se aplican las de siempre, aunque esta vez, sinceramente, no creo que importe en lo más mínimo.

Cowboys & Aliens

Cowboys & Aliens

El cartel de la película es el de arriba, pero bien pudo ser este de abajo:

Geek Nirvana

Geek Nirvana

La crítica está despedazando esta película, pero la verdad no sé de qué se quejan. Se llama Cowboys & aliens. ¿Qué carajo esperaban?

No sé si valga la pena que trate de ponderar mucho acerca de la película: creo que el cartel hace un trabajo mucho mejor (y ciertamente más conciso) que yo. Sale James Bond, sale Indiana Jones, sale la nena de Tron, y sí es como un nerdgasmo. Por lo tanto, si creen que les puede gustar (you know who you are…), vayan y véanla. A mí me gustó bastante.