Mi Xperia Play es divertido, pero hay niveles

Platicando con Juanjo:

Yo: Ayer vi un PS3 nuevo, pero con la caja abierta, en 224 CAD. Pensé seriamente en comprarlo.
Juan: Pero el nuevo (con la caja cerrada) cuesta $250, ¿no?
Yo: Ajá. $249, de hecho. Eso es 10% de descuento.
Juan: Si es un lugar confiable, pues te ahorras esos $25, pero si no, yo preferiría comprarlo nuevo nuevo.
Yo: Pues es Best Buy.
Juan: Ah.
Yo: Como sea, 250 CAD (o USD) están de no manches.
Juan: La cosa es que ya tienes uno, ¿no?
Yo: La cosa es que está en México.

We’re in business

Cuando solicité participar en el programa temático del Instituto Fields aquí en Toronto, no solicité apoyo económico porque cuando viajo fuera de México me apoya el CONACyT con las famosas Becas Mixtas (que aún no me dan… pero eso es otra historia). Lo que sí pedí fue “espacio de oficina”, que como todo mundo suele entender es una oficina (seguramente compartida) donde uno pueda dejar sus cosas, trabajar en paz, y cosas así.

Fields tardó semanas en contestarme nada, y con mi fecha de despegue acercándose ominosamente, les volví a escribir y ellos me contestaron que yo estaba invitado al programa, pero que no sabían si habría espacio de oficina para mí. Les dije que estaba bien, que podía trabajar en la biblioteca, y así quedó todo.

La primera semana que estuve aquí no hubo problema porque estaba en el CCCG 2011, y ya la siguiente semana fui a ver cómo estaría mi estancia aquí. Me dijeron que siempre sí habría lugar para mí, pero que la oficina estaba siendo ocupada por niños de licenciatura durante dos semanas, que si había problema que esperara ese tiempo. Yo les dije que por supuesto que no había problema, porque de entrada no había esperado tener oficina.

Intenté lo de trabajar en la bibliotea ese tiempo: de hecho en los pasillos, porque Fields tiene unas convenientes mesitas para laptops con cables de red y todo. Fue bastante incómodo, así que estuve solicitando asilo en distintas oficinas aquí (mi cuate Vincent está aquí, como también Isabel y otra gente que conozco).

Hoy por fin me dieron las llaves de mi oficina, y además con la sorpresa de que es para mí solo (al menos por hoy… es para 6 personas, así que no dudo que algún compañero de oficina llegue en algún momento). Como estoy solito se ve enorme, y además tengo una vista a la CN Tower bastante padre:

Vista desde la oficina

Vista desde la oficina

We’re in business.

Rise of the Planet of the Apes

El viernes fui a ver Rise of the Planet of the Apes. Se aplican las de siempre.

Rise of the Planet of the Apes

Rise of the Planet of the Apes

Creo que esta película es la mejor película de ciencia ficción que he visto en el año. No sólo me parece una digna sucesora de Planet of the Apes de 1968 (por favor, hagamos de cuenta que la versión de 2001 nunca existió), siendo no sólo fiel sino homenajeando varias de las películas en la franquicia: además es una excelente película, que plantea preguntas muy difíciles de contestar, como ¿qué pasa si utilizando la ciencia somos capaces de darle inteligencia a otra especie? ¿Eso significa que tendríamos que darles derechos y obligaciones también?

A mí me parece que la pregunta es muy importante, dado que de entrada yo no considero que los animales tengan derecho, excepto (justamente) los delfines y primates mayores, porque me parece que la inteligencia (o la capacidad de tener inteligencia) es lo que nos diferencia del resto de los animales en este planeta. Es también la razón por la que creo que el aborto debe ser despenalizado (además de las razones socioeconómicas y de igualdad de género).

Independientemente de todas las preguntas que plantea la película (que es lo primordial de cualquier trabajo decente de ciencia ficción), la misma es buenísima, en particular por la soberbia actuación de Andy Serkis como Cesar, el chimpancé superinteligente que desata todo el desmadre. Ya sabíamos que su rango de expresiones faciales es impresionante (es el actor que “interpretó” a Gollum en la triología del Señor de los Anillos), pero en esta película se roba absolutamente todas las escenas donde sus facciones son el foco de las mismas. Es el chimpancé con mirada más hija de la chingada que he conocido.

Yo ya sabía cómo acababa la versión original de la película antes de que la viera (estúpida Spaceballs), así que no fui capaz de sorprenderme tanto como mis padres (que la vieron en el cine) cuando al final de la misma Charlton Heston ve la ruina de la estatua de la libertad y maldice a sus antepasados por haber destruido nuestro planeta y habérselo regalado a los simios en bandeja de plata. Mis padres siempre me comentaron el shock que causó en su generación ver esa escena.

Sin ser un shock tan espectacular, de cualquier forma hubo una escena en esta nueva película que nos dejó (literalmente) sin aliento a todos en el cine. En gran medida porque no había oído a nadie hablar de ella, y porque no se adivina en lo más mínimo en los avances, pero cuando ocurrió pude escuchar claramente cuando todos en el cine al mismo tiempo guardamos la respiración y nos quedamos sin habla. Nada más por esa escena valdría la pena la película.

Vayan y véanla: van a haber como doscientas secuelas en los años venideros, y es altamente disfrutable.

Bien entrenadito

Me quedé hoy en el edificio de departamentos donde Isabel y yo nos estamos alojando, porque amanecí muerto después del día extra que tuvimos que aventarnos en Nueva York por nuestro vuelo cancelado, y porque en el Instituto Fields mi oficina aún no está disponible (lo estará la próxima semana), así que de hecho puedo trabajar mejor en el departamento que allá. Tienen tablas para laptops y tengo conexión a la red en el instituto, pero no es muy cómodo que digamos.

Así que estaba trabajando en el piso 17, donde está el departamento, cuando sentí la inconfundible sensación de que estaba temblando. Mi altamente entrenado instinto para estas cosas de inmediato me dijo “hey, un temblorcito”, y no presté mucha atención… hasta que caí en cuenta que, según tenía entendido, generalmente no tiembla en Toronto. Me puse a pensar si sería posible que un viento muy fuerte moviera el edificio.

Resulta que no: sí tembló… sólo que en Virgina. Los gringos se espantaron y evacuaron el Pentágono en Washington porque les da miedo un temblorcito de 5.9 grados. Principiantes, ellos. En Toronto (a 550 kilómetros del epicentro) se sintió muy poquito: yo lo noté porque estaba en el piso 17 de un edificio. Y porque suelo notar estas cosas.

Es bueno saberse bien entrenado en estas cosas.

Nueva York

El hermano de Isabel se doctoró la semana pasada en NYU, así que decidimos ir al examen y turistear la ciudad el fin de semana. Fueron sólo unos cuantos días, pero ha sido de los mejores viajes que he hecho. En toda mi vida.

Aunque la ciudad no me apantalló de forma abrumadora (soy de la Ciudad de México al fin y al cabo), ciertamente me encantó y estoy muy feliz de haberla recorrido hasta el agotamiento estos días. Luego y con más calma platicaré bien lo que hice y a los sitios que fui, del musical de Broadway que vi y los restaurantes donde comí, porque no traje mi laptop y estoy escribiendo esto con mi celular.

Lo que quiero contar es que hoy debíamos regresar a Toronto, pero nos cancelaron el vuelo por la tormenta que cayó, y que probablemente hubiera causado que nuestro avión tamaño mosquito se desplomara si trataba de volar a través de ella.

Así se estamos atrapados otro día en Nueva York, esperando que mañana el clima nos permita regresar a Canadá.

Ciertamente es muchísimo mejor que estar atrapados en, no sé, Winnipeg. Por ejemplo.

Ah claro, uso Emacs

Cuando entré a mi posgrado, con esto de escribir notas, preámbulos extendidos y artículos, fue necesario que volviera a escribir documentos en \LaTeX regularmente, algo que había dejado de hacer durante mi carrera profesional, porque fuera de la academia \LaTeX es básicamente inútil. El PDF de mi novela fue generado por \LaTeX, pero la escribí en un archivito de texto con un formato que me inventé, y luego escribí un script en Perl que generaba un documento \LaTeX que luego compilaba a PDF. Y eso sólo porque soy un geek: la gente normal no usa \LaTeX, y la verdad no tendría razones para hacerlo.

Como sea, yo volví a escribir en \LaTeX, y para mi tesis de maestría decidí pasarme a la “modernidad” y escribirla en gedit. La verdad gedit es un editor más que pasable, y pude terminar mi tesis de maestría usando su plugin para \LaTeX, pero al final sí estaba sufriendo porque yo fui indoctrinado en el mejor editor que nunca jamás el mundo ha tenido, Emacs.

Sin embargo, después de utilizar Emacs al inicio de mi licenciatura, me pasé a XEmacs por una combinación de factores ligeramente idiotas. Entre ellos estaba el hecho de que leía mi correo electrónico dentro del editor, y eso funcionaba mejor en XEmacs que en Emacs, así que obviamente me pasé al primero. La verdad no lo lamento: XEmacs fue un gran editor durante muchos años, y yo lo usé alegremente como programador profesional, incluso durante las tristes ocasiones en que tuve que programar en Visual Studio (el editor de Visual Studio apesta).

Así fue hasta que llegó el momento de escribir mi tesis de maestría, cuando me pasé a gedit porque, entre otras cosas, XEmacs pasaba unos momentos dolorosos en ese entonces, donde el grupo de desarrolladores que lo mantenían no sabían qué hacer con múltiples tecnologías modernas que reemplazaban y/o mejoraban varios hacks que el venerable editor había tenido que implementar por su cuenta. Cosas como UTF-8, fuentes con antialias, y bibliotecas de interfaces gráficas, Emacs y XEmacs las habían tenido que implementar por su cuenta (¡y en Emacs Lisp, ‘arajo!), y cuando implementaciones más sensatas hicieron su aparición, los desarrolladores de ambos editores tardaron un rato en adaptarse a las nuevas tecnologías.

Así que escribí mi tesis de maestría en gedit, pero sí estaba sufriendo al final, extrañando todas las maravillas que Emacs y XEmacs siempre han ofrecido. Ya en el doctorado regresé a XEmacs, pero pronto descubrí que Emacs ahora jalaba mucho más bonito (se integra con GTK+ y tiene mejor soporte para fuentes con antialias), y regresé a usarlo después de casi diez años de tenerlo abandonado.

La cosa es que sencillamente ningún otro editor (con la posible excepción de Vim) le llega ni siquiera al ombligo (creo que sí ya superaron sus talones). El editor de GNOME, gedit, es endemoniadamente bueno, y con sus extensiones en Python se acerca (al menos potencialmente) al nivel de funcionalidad que Emacs ofrece al estar escrito, básicamente, en Emacs Lisp; sin embargo, la capacidad de navegar un documento rápidamente utilizando solamente el teclado es algo que está inherentemente alambrado en Emacs. Los algoritmos (y la implementación de los mismos) fueron escritos originalmente hace casi treinta años, y han sido refinados y optimizados durante todo ese tiempo. Es realmente ilusiorio esperar que el triste widget de texto de GTK+ (por bueno que sea) se le pueda acercar.

Llevo ya un par de años escribiendo \LaTeX en Emacs y siendo bastante rápido, pero había una cosa de las Mac que envidiaba. En las Mac, en TeXShop, uno está trabajando en un documento \LaTeX, y tiene el PDF compilado al lado, y si uno le pica a alguna parte del PDF y le dice que haga “sync”, el editor de texto se centra “cerca” del código \LaTeX que generó la parte del PDF clickeada. La tecnología es llamada SyncTeX, y de hecho Evince (mi visor de PDFs de siempre) la soporta desde hace un rato. Sin embargo, no creí que fuera posible utilizarlo en conjunción con Emacs, porque Evince (siendo parte de GNOME) no tiene una opción para configurar qué editor debe llamarse o de qué manera esto debe ocurrir para que enmarque la parte del documento deseada. A la gente de GNOME no le gusta “confundir” a los usuarios con opciones de configuración.

En su lugar, Evince tiene una señal en DBus que se dispara cuando el PDF visto fue compilado con SyncTeX, y uno hace Ctrl-click en una parte del mismo. Esa señal la captura quién sea que se conecte a DBus, y hace lo que sea que tenga que hacerse con la información que pasa la señal (básicamente el nombre del archivo .tex, y la línea correspondiente). Entonces yo creí que no había forma de que yo pudiera hacer eso desde Emacs, porque DBus es una tecnología “moderna”.

Y por supuesto resultó que estaba equivocado porque, claro, uso Emacs.

Por supuesto algún demente implementó soporte para DBus en Emacs, y entonces fue sólo cosa de poner lo siguiente en mi .emacs:

;; SyncTex from DBus
(require 'dbus)

(defun synctex-find-file (file)
  (find-file (substring file 7))
  (goto-line (car linecol))
  (unless (= col -1)
    (move-to-column col)))

(defun synctex-switch-to-buffer (file)
  (switch-to-buffer buf)
  (goto-line (car linecol))
  (unless (= col -1)
    (move-to-column col)))

(defun my-evince-sync (file linecol time)
  (let ((buf (get-file-buffer (substring file 7)))
        (line (car linecol))
        (col (cadr linecol)))
    (if (null buf)
      (synctex-find-file file)
      (synctex-switch-to-buffer buf))))

(dbus-register-signal
 :session nil "/org/gnome/evince/Window/0"
 "org.gnome.evince.Window" "SyncSource"
 'my-evince-sync)

El código original lo saqué de aquí, y lo modifiqué para que funcionara con Evince 3 (porque yo uso GNOME 3), y para que si no estaba abierto el buffer del archivo Emacs lo abra. Con eso, y teniendo la ventana de Evince “Always on top”, funciona casi exactamente igual que en un Mac:

Emacs con SyncTeX

Emacs con SyncTeX

De hecho funciona mejor; hasta ahora, el editor se centra exactmente en la línea correcta, no como en TeXShop.

Esto me hizo reevaluar mi opinión acerca de que Evince no tenga una opción para especificar qué editor debe “actualizarse” cuando uno hace Ctrl-click: la idea de que el visor sólo dispare una señal, y que sólo los editores conectados a DBus respondan como debe de ser me parece fabulosamente elegante, y ciertamente mucho más flexible y poderosa. Tal vez la gente de GNOME de hecho tenga la razón con esta idea de no ofrecer miles opciones de configuración a lo idiota (el plugin de gedit que aprovecha SyncTeX funciona igual: sólo se conecta al bus y captura la señal correspondiente de Evince).

Fue divertido que mi fe flaqueara un poco, ¿cómo pude dudar que hubiera algo que Emacs no puede hacer? Si como todo mundo sabe, Emacs es un buen Sistema Operativo; lástima que le falte un buen editor.

Real Programmers

Real Programmers

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2

Ayer, después de meses de viaje y de un congreso atravesado, por fin pude ir a ver la última película de Harry Potter, Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2. Les diría que se aplican las advertencias de spoilers de costumbre, pero como probablemente ya todos la vieron supongo que no importa mucho.

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2

Voy a empezar enunciando lo obvio: la película le cambia muchas cosas a la novela, y la novela es sin duda mejor. Eso no quita que la última película del joven (que ya no adolescente) mago me parezca la mejor de las ocho, y sin duda el pináculo de lo que ha sido esta saga cinematográfica del universo creado por la Rowling.

Los cambios que introduce la película me parecen justificables, si bien no todos necesarios. Esa línea de Harry abrazando a Voldemort y diciéndole que hay que acabar esto “juntos” raya en lo risible; pero la escena de Hermione entrando de la mano de Ron y mirando a Harry con cara de “mira mi nuevo novio” está fabulosa.

Podría comentar en ese sentido todas las pequeñas (y en algunos casos enormes) diferencias entre las dos versiones (cinematográfica y literaria), pero no le veo mucho sentido. Vengo diciendo desde hace años que el hecho de que los medios sean distintos fuerzan a que las películas deban ser a su vez distintas a los libros, y yo entiendo eso y aplaudo que los realizadores no hayan intentado hacer una adaptación escena por escena de cada una de las novelas (con la excepción de las terriblemente aburridas primeras dos partes). También veo los disparatados errores de continuidad que crean las películas (y que son casi inexistentes en las novelas), y sencillamente no me importan: las películas, como películas, establecen de forma magistral a los personajes principales y las relaciones entre ellos, y relatan fielmente el espíritu de la historia, sin perder el tiempo preocupándose por detalles idiotas en el ambiente de las mismas.

El resto del mundo parece estar de acuerdo: la película tiene un ridículo 97% en Rotten Tomatoes, y me parece que objetivamente hablando no lo merece… pero no importa lo que merezca o no, ya que yo también estoy dispuesto a darle una calificación de 9.7 (incluso tal vez 9.9), por el simple hecho de que es la última parte de una saga que durante una década plasmó en la pantalla grande el fabuloso universo de nuestro querido mago.

Las únicas críticas que he oído son de los fans más recalcitrantes que nunca pudieron superar el hecho de que las películas no pudieran ser exactamente iguales a las novelas. Relájense; disfruten las películas, porque merecen ser disfrutadas. No, no son las novelas, pero, ¿qué importa cuando por fin podemos ver a Ron y Hermione besándose, aunque no fuera exactamente como en el libro?

Esta octava película es mi favorita de la serie, y voy a esperar a que salga una caja con todos los blu-ray (y que baje un poco de precio) para comprarla y ver las versiones extendidas (que sin duda las escenas extras incluirán todavía más errores de continuidad).

Y bueno, ¿ahora qué? Voy a seguir yo con mi necia de que alguien por favor adapte las novelas en una serie de dibujos animados. Estilo animé, de preferencia. También leí un artículo en IGN que menciona varias ideas para juegos de video de Harry Potter. En particular elucubran acerca de un juego sandboxed (como Grand Theft Auto IV) donde uno pudiera estudiar los siete años de Hogwarts, eligiendo su casa, tal vez diseñando su propio personaje, y sencillamente tener aventuras en el castillo y las zonas aledañas. Ni siquiera es necesario que el jugador juegue como Harry Potter para que un juego así tuviera éxito, me parece.

No espero ya mucho más del universo del joven mago. Supongo que mientras viva la Rowling llegará a publicar algo más acerca de él, pero la verdad no lo espero con ansia. Lo leeré, sin duda, pero no me estaré mordiendo las uñas esperando a que aparezca. Esta última película de alguna manera cierra un capítulo en mi vida: así como cuando era niño y estaba algo obsesionado con Robotech, el paso del tiempo (sin reducir en lo más mínimo el cariño que siento por esa caricatura) convirtió esa obsesión en un gusto algo más añejado y más refinado. Tengo en mi casa mi caja de DVDs con todo Robotech remasterizado y en alta definición, que compré hace dos años en California, y sencillamente no he tenido el tiempo de verla. Ni siquiera he visto un capítulo, me parece. Lo haré, sin duda; y a lo mejor torturo a mi pobre novia a que lo vea conmigo.

De la misma forma estuve obsesionado en algún momento con Harry Potter. Y de la misma manera, el paso del tiempo ha templado esa obsesión en algo más manejable y (me parece de alguna manera) más disfrutable. Sigo queriendo mucho a la serie, y no dudo que en algún momento de mi vida comience a leerle a mis hijos las novelas, y después vea con ellos las películas. Pero ya no leo foros de rumores acerca de las novelas y/o películas, y aunque me alegraré cuando algo nuevo del mago aparezca, la verdad es que mi vida es bastante chida aunque ya nada más lo haga.

Espero, eso sí, seguir teniendo la capacidad de obsesionarme con algo como en su momento fue Robotech, o Harry Potter, porque la verdad es muy divertido hacerlo.

Como sea, esta última película para mí es perfecta. Incluso con sus imperfecciones. Lo importante es que es el punto final, y que cierra espectacularmente toda la serie. No dudaré que se gane varios premios de la academia sólo por ser el final de la serie (como lo hizo The Lord of the Rings: The Return of the King), pero independientemente de eso la disfruté enormemente, tuve que contenerme para no llorar en algunas partes, y por fin pudimos ver a Ron y Hermione fajando, si bien sólo un ratito.

Y realmente no creo que debiéramos pedir más.

Toronto

Llegué a Toronto el martes, pero de inmediato al otro día comenzó el Canadian Conference on Computational Geometry 2011, y ya no tuve tiempo de escribir aquí. Mi presentación fue el primer día, y la verdad no estoy tan contento con ella. Ser el primero entre otras cosas implicó que más de la mitad de los espectadores fueron entrando a la plática después de que ya la había empezado, y eso me sacó de onda. De cualquier forma quedó bien, me parece.

Ahora voy a empezar a trabajar en el Instituto Fields durante las próximas semanas. Espero también llegar a conocer mejor esta ciudad, dado que sólo pude estar en ella menos de 48 horas el año pasado, cuando vine a visitar a Omar (que ahora está en Boston). En el congreso estuvieron varios amigos míos, y algunos se van a quedar aquí más tiempo, lo cual me dará la oportunidad de convivir con ellos.

Y, mucho más importante que todo lo anterior, mi novia está aquí. Es bueno verla después de casi dos meses de estar separados.

El lunes me presento en el Instituto Fields, pero este fin de semana sencillamente voy a descansar: llevo para motivos prácticos del tingo al tango durante las últimas seis semanas.

En la capital gringa

Ahora estoy una hora en Washington, esperando mi vuelo a Toronto. Tengo que escribir de mi último día en Madrid y Europa, porque fue muy cagado, pero creo que será hasta que esté en Canadá.

Sólo quiero comentar que, como mis lectores de mucho tiempo sabrán, yo jamás como comida rápida gringa en Europa. Es una especie de disciplina que mantengo: en general uno puede encontrar mucho mejor comida en Europa que la burda comida rápida gringa, así que jamás he comido en un MacDonalds o KFC en el Viejo Continente (aunque muchas veces de hecho sería la opción más económica).

En Canadá solamente he estado una semana el año pasado, pero tampoco comí “comida” gringa, y me imagino que podré evitarlo hacerlo los casi dos meses que estaré ahí ahora. Sin embargo, estando en Estados Unidos no me parece tan mala idea comer aquí “comida” gringa, así que me zampé alegremente una hamburguesa de Wendy’s aquí en el aeropuerto.

Y la neta estaba muy rica.

Linterna Verde

Tan ocupado estuve durante la semana pasada, que se me olvidó comentar que fui a ver Green Lantern mi último día en Barcelona.

Se aplican ya saben.

Green Lantern

Green Lantern

Tenía muchas ganas de ver esta película, siendo como soy un gran fan de Linterna Verde. La verdad es que siempre he sido más fan de Kyle Ryner que de Hal Jordan (habiendo leído cuando salieron las historias de Parallax… que originalmente era Hal Jordan), pero en la película aunque el personaje sin duda es Hal Jordan, el mismo incorpora muchos elementos de Kyle, como la inseguridad de llenar los zapatos de su antecesor y cosas de ese estilo.

La película debería ser de mis favoritas adaptaciones de un cómic a la pantalla grande: tiene un excelente elenco (Ryan Reynolds siempre me ha caído bien, e interpreta con tanto gusto su personaje que incluso uno mismo se siente emocionado por él); la historia es increíblemente fiel a los cómics; tiene mucha acción; es muy divertida en muchas partes; los efectos especiales están OK…

Y sin embargo tiene algo que no puedo catalogar precisamente, pero que hace que la película sencillamente no funcione. No me queda claro qué es, no sé qué habría hecho yo para cambiarla, pero sencillamente al final de la película me quedé con un mal sabor de boca.

Espero que puedan hacer secuelas, porque al menos en teoría tiene todos los ingredientes para ser una buena adaptación de un cómic. Sólo esta primera parte no lo es.

De cualquier forma les diría que la vieran, pero no tengo idea de si siga en cartelera en México.

And that’s how you save money

Con Fred y Eddie en Amsterdam, comiendo comida tibetana (la comida holandesa de verdad no vale la pena):

Yo: Hey, can I pay the meal with my card and you guys give me your part in cash? I don’t have cash anymore.
Fred: Don’t worry man, you are our guest.
Yo: Oh, thank you.
Fred: Don’t mention it.
Yo: Of course it would have been better to know it, you know, before my last day here.
Eddie: But this way is cheaper.
Fred: Yeah.
Eddie: And we still get to look like nice guys.

Amsterdam, y Rotterdam, y Den Haag y Delft

Estoy a punto de tomar mi avión rumbo a Madrid, donde pasaré una noche y al otro día volaré a Toronto, vía Washington.

Esta semana fue de las más intensas que he tenido, hablando acerca de trabajo. Mi amigo Fred y yo demostramos básicamente lo que queríamos demostrar, y además fue interesante trabajar con él porque él está acostumbrado a hacer demostraciones de forma radicalmente distinta a como yo estoy acostumbrado: yo suelo usar argumentos geométricos, Fred suele escribir todo como ecuaciones y demostrar lo que sea que haya que demostrar resolviendo dichas ecuaciones.

Esto causó que, por primera vez en años, volviera a hacer una demostración donde tuve que probar un límite. Mi cálculo estaba bastante oxidado, pero todo salió bien. Y mi entrenamiento en geometría computacional de hecho sirvió, porque en una parte de lo que queríamos demostrar nos atoramos, y yo di un argumento geométrico que nos permitió poder conseguir la prueba.

La semana fue muy pesada, trabajando diario con Fred, y luego yo quedándome en las tardes en la universidad (TUDelft) escribiendo mi presentación para el CCCG: doy la primera plática el primer día en la primera sala, así que no puedo llegar al congreso sin mi plática preparada. También tengo que acabar un artículo en las próximas dos semanas, así que sí estaba bastante ocupado.

Como sea, un día cené con Fred en Rotterdam, aunque realmente no conocí la ciudad, el sábado fuimos a La Haya (Den Haag) a cenar comida coreana varios cuates, y el domingo Fred y Eddie me acompañaron a Amsterdam a conocer la ciudad y a visitar el museo Van Gogh. Sí, fui a las vitrinas. Y sí, es ligeramente decepcionante. Delft lo conocí un poco más, pero es tan chiquito que realmente no era muy difícil.

(De hecho todas las ciudades en los Países Bajos son muy chiquitas, pero no voy a meterme a esa discusión.)

También conocí a una banda muy buena onda en la universidad, y por encima de todo tuve la oportunidad de convivir con dos de mis amigos más queridos en Europa. Eddie se va en septiembre a una posición (potencialmente permanente) en Corea, así que no tengo idea de cuándo pueda volver a verlo, y Fred seguirá en los Países Bajos otro par de años, pero conmigo sin saber si podré viajar o no cuando acabe mi doctorado tampoco sé cuándo lo volveré a ver. Va a ocurrir que los vuelva a ver, por supuesto: sólo no sé cuándo.

No escribí en el blog porque de verdad estuvo muy intenso el trabajo, y además el poco tiempo que tuve de verdad lo utilicé para convivir con mis amigos… eso y ayudar a Fred a mudarse de Delft a Rotterdam el domingo pasado. Que fue divertido, por cierto.

Como sea, hay un par de entradas que planeo hacer, mientras espero abordar mi vuelo Amsterdam – Madrid. A ver si me da tiempo, porque creo que ya sólo tengo 10 minutos.