Las Crónicas de Narnia: La Travesía del Viajero del Alba

El miércoles fuimos a ver The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Treader, después de haber rentado y visto The Chronicles of Narnia: Prince Caspian que yo no había visto.

Se aplican las normales.

The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Treader

The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Treader

Tengo varios problemas con Las Crónicas de Narnia; a pesar de que las películas sí me entretienen, y de que tienen cosas padres, la verdad es que en mi opinión son muchísimo más chafas que casi cualquier otra cosa de fantasía que yo haya visto. Con la posible excepción de Eragon.

C. S. Lewis es bastante burdo si lo comparamos con Tolkien (y de hecho Tolkien consideraba bastante chafas las historias de Narnia), y muchísimo menos entretenido que la Rowling. El mensaje cristiano es demasiado “in your face!”, crítica que el muy cristiano Tolkien también compartía, y en esta película (después de leer el primer libro de Narnia me dio muchísima hueva leer los demás) raya incluso en lo ridículo con Aslan diciéndole a Lucy que tiene “otro nombre” en el mundo real. Y además todo el hecho de que cuando los niños crecen lo suficiente ya no pueden regresar a Narnia me parece increíblemente condescendiente.

Como sea, la película está divertida, tiene escenas de acción muy padres, y Georgie Henley como Lucy es maravillosa. Sólo que bien pude haber esperado a ver esta película en Blu-ray, como hice con la segunda.

La Red Social

Ayer fui con mi novia a ver The Social Network. Se aplican las advertencias de spoilers de siempre.

The Social Network

The Social Network

Tenía bastantes ganas de ver esta película, porque básicamente todo mundo decía que estaba muy buena. Me queda claro que la historia es una exageración enorme de los hechos que ocurrieron cuando Mark Zuckerberg creó Facebook… en el mejor de los casos. En el peor es sencillamente apócrifa; una amiga de Zuckerberg describe que lo que realmente ocurrió es que él sencillamente programaba con sus amigos y pedía pizzas. Lo cual ciertamente haría una película muy aburrida. Independientemente de su veracidad, la película es muy buena; principalmente por la actuación de Jesse Eisenberg como Zuckerberg; el chavo es fabuloso. Lo he visto en tres películas, y las tres han sido de mi completo agrado.

La película relata como Zuckerberg se le ocurrió la idea de hacer Facebook poco después de que su novia lo mandara al carajo y él en despecho hiciera un sitio para calificar qué tan sabrosas estaban las estudiantes de Harvard. Poco después dos gemelos (interpretados por un único actor, de los efectos especiales más chidos que he visto últimamente) que se ven y portan como si hubieran sido paridos por los dioses le proponen que les programe un sitio social, y Zuckerberg les da el avión mientras de hecho se pone a programar Facebook. La demanda que le ponen los gemelos acusándolo de haberse robado su idea es una de las líneas de la historia.

La otra es cómo Zuckerberg utiliza y desecha a su mejor (y, según la película, único amigo), Eduardo Saverin (magistralemente interpretado por Andrew Garfield), primero utilizándolo como financiador original, y después apuñalándolo por la espalda cuando Facebook comienza a hincharse de dinero. Para hacer más ardido el asunto, ni siquiera lo traiciona viéndolo a la cara; lo hace a través del resbaloso y truculento Sean Parker, ex fundador de Napster (Justin Timberlake, igualmente espectacular en su actuación), que se cuela en el negocio sin aportar realmente mucho.

La película, que realmente consiste de gente hablando rápido todo el tiempo, brilla por el diálogo y las fabulosas actuaciones de los tres chavos principales. Eisenberg en particular da de verdad la actuación de su vida; no sé si Zuckerberg sea así en la vida real, y la verdad no me interesa en lo más mínimo: el personaje de la película es a la vez tierno y detestable, y Eisenberg lo interpreta a la perfección. El Zuckerberg de la película es arrogante, altanero, de alguna manera cobarde y sin duda alguna brillante. Al tipo no le interesa en lo más mínimo el dinero, lo que al final tal vez es lo que le permite convertirse en multimillonario; pero sí le interesa ganar, y en particular tener la razón. Le encanta además pendejear a la gente siempre que puede, incluyendo su novia, razón por la que la chava lo manda mucho a la chingada.

Como pilón, yo como viejo usuario de Linux en particular disfruté mucho la parte donde va describiendo cómo conseguir las fotos de las chavas para Facemash; no sólo pude seguir la jerga técnica sin ningún problema, sino que yo mismo he hecho cosas de ese estilo varias veces en mi vida (aunque claro, nunca para algo tan idiota como sacar fotos de chavas de índices de casas universitarias).

La película me pareció fabulosa; lo único es que realmente no hay motivo para verla en el cine: se puede ver en DVD sin ningún problema. Tampoco cambió mi posición respecto a Facebook; no tengo cuenta en el famoso “caralibro”, y no planeo tenerla nunca en mi vida (como de hecho no tengo en ninguna red social). También estoy convencido de que, como en su momento lo fueron otras cosas en Internet, el interés en Facebook irá disminuyendo y probablemente deje de ser relevante en un par de años. Y no me impresiona la afirmación de que la compañía esté valuada en no sé cuántos miles de millones de dólares; hace no mucho AOL (justo antes de que Time-Warner la comprara) era un orden de magnitud más valiosa, y miren ahora cómo está.

Pero sólo como película, está fabulosa; nada más por las actuaciones valdría la pena, pero encima el diálogo está muy bien escrito, es divertida, y es interesante el personaje que muestran en la historia, aunque probablemente sea inventado.

Así que vayan y véanla, o si quieren réntenla cuando salga en DVD o Blu-Ray.

Systemd

Estoy programando un pequeño proyecto personal desde hace un par de meses. Ahorita estoy atorado en una parte bastante mensa, así que decidí escribir acerca de un proyecto que, muy indirectamente, me inspiró a escribir el mío.

Hace ocho meses, Lennart Pottering escribió en su blog acerca de systemd, un reemplazo para el venerable (y anticuado) sysvinit (de “System V Init”). La idea en resumidas cuentas, es copiarle más o menos lo que hace Apple para iniciar rápidamente Mac OS X, y haciéndolo tomando todas las posibles ventajas que ofrece Linux. Esto último es importante; systemd por diseño no es portátil: está pensado para Linux y únicamente para Linux.

Lo principal para que funcione únicamente en Linux es el uso de Control Groups, una característica del kernel de Linux que ha estado disponible desde la versión 2.6.35, y que no mucha gente le ha hecho mucho caso, hasta hace unas semanas que Slashdot reportó una historia acerca de como un parche de 200 míseras líneas en el kernel volvía el escritorio súper usable, incluso bajo intenso uso (el ejemplo clásico siendo el compilar un kernel usando todos los procesadores). Como Lennart mismo mencionó poco después, el parche ni siquiera es necesario configurando inteligentemente los famosos Control Groups, o cgroups para abreviar.

Los cgroups son eso, grupos de control para procesos. Permiten agrupar ciertos procesos de tal forma que se les pueda asignar recursos a todos los procesos en el grupo. El “milagroso” parche lo que hacía era poner al proceso compilando el kernel en un mismo grupo, y el resto del escritorio en otro; por lo tanto el CFQ (Completely Fair Queue, la implementación del scheduler usada por omisión en Linux) les da igual tiempo de procesador al grupo compilando el kernel (aunque al llamar make le pidamos que use todos los procesadores), y a la ejecución del escritorio.

Systemd utiliza a lo bestia los cgroups; siendo un reemplazo de sysvinit, lo que hace es ser el primer proceso que es llamado por el kernel, y se encarga de todos los otros procesos que levanta después el sistema. Entonces si uno de esos procesos es Apache, por ejemplo, systemd pone a todos los procesos derivados de Apache en un grupo de control, incluyendo scripts CGI que hagan un “doble fork” para tratar de escapar del control del mismo Apache. Los cgroups impiden que tal escape sea posible.

Por supuesto, no es lo único que hace systemd distinto a sysvinit; también manda al carajo la idea de tener scripts para levantar y tumbar servicios, y los reemplaza con archivos (llamados unidades en la terminología de systemd) que son sospechosamente similares a los archivos .desktop que pululan los distintos escritorios en Linux (aunque mantiene compatibilidad para poder usar los scripts de sysvinit). El no mandar llamar a bash (y a un montón de programas a través de bash) acelera el tiempo que tarda en levantar el sistema enormemente.

Encima de esto, systemd intenta levantar cuanto proceso pueda de forma paralela, y reemplaza muchos scripts escritos en bash por sencillos programitas escritos en C. Todo esto además pensando en que systemd funcione de forma idéntica entre distintas distribuciones, lo cual tendría la alegre consecuencia de que las diferencias idiotas que hay entre todas las distribuciones para levantar el sistema desaparecerían.

Pocos meses después de que Lennart anunció systemd, traté de instalarlo en Gentoo, y fallé miserablemente. Lo cual no es de extrañar; Gentoo utiliza su propio sistema de inicio disinto de sysvinit (OpenRC le dicen), y esto ocasiona que si uno quiere intentar usar systemd, debe poder reemplazar toda la inicialización, no se puede utilizar nada de OpenRC. Lo dejé estar un par de meses más, y hace unas semanas lo volví a intentar.

Aunque no funcionó a la primera, poco a poco (y reportando bugs y parchando distintos programas y ebuilds de Gentoo), por fin logré que mi laptop utilizara systemd exclusivamente. Mi laptop pasó de tardar 1 minuto 40 segundos en inicializar, a tardar “únicamente” 50 segundos. Sé que no suena mucho, pero no es tan rápida.

Cuando por fin me sentí lo suficientemente cómodo con systemd en mi laptop, lo puse en mi media center. Ahí la diferencia sí fue significativa; mi media center inicializaba en 50 segundos, y con systemd tarda alrededor de 20 ahora.

Además del booteo indudablemente más rápido, el diseño de systemd me parece extremadamente elegante y bien pensado. Y el uso de cgroups además ocasiona un montón de cosas buenas, como el poder cambiarle la prioridad a todo un conjunto de procesos de forma sencilla. Si además consigue convertirse en el estándar para inicializar Linux a través de distintas distribuciones (Fedora y OpenSUSE, y a lo mejor Debian sí parecen serios al respecto), ciertamente esto mejoraría la vida de todos.

En mi laptop ya llevo un par de semanas usando exclusivamente systemd, y en mi media center unos días. Todavía no lo pongo en mi máquina de escritorio, pero probablemente lo haga estas vacaciones. Está muy simpático el proyectito.

El príncipe

El viernes vi en el periódico la siguiente foto:

El Príncipe Carlos

El Príncipe Carlos

Y recuerdo claramente la opinión que se formó en mi cabeza de forma automática:

Qué bueno.

No porque en particular apoye las manifestaciones violentas (que sin duda hay ocasiones en las que se justifican), ni porque indudablemente yo esté con los estudiantes británicos, que les salieron con la jalada de que un día para otro pagarán tres veces más de colegiatura en su educación. Que es justamente la razón por las que no hay que tener cuotas en primer lugar, por cierto; una vez establecidas, subirles el precio es medio imposible de evitar, no importa qué tanto sea la oposición a la idea, como la foto de arriba claramente muestra.

No; mi reacción inmediata fue qué bueno, porque me parece que el tener reyes y princesas en el siglo XXI es una vergüenza para la humanidad; debimos habernos librado de esos parásitos hace siglos, como de hecho lo hicimos en casi toda Latinoamérica desde hace más de 150 años.

En cualquier país, no importa su historia y tradiciones, que exista un subconjunto de habitantes a los cuales no se les aplica igual las leyes ni las reglas, únicamente porque son hijos de alguien “especial”, es asqueroso. Bien por los chavos ingleses, que les metieron un buen susto a ese par de zánganos, los cuales por cierto jamás tendrán que preocuparse de cómo pagarán la educación de sus hijos. Y no porque sean buenos en los negocios, ni nada por el estilo: sencillamente por ser de familia “real”.

Me alegró ver esa foto; se ve que se cagan de miedo igual que cualquier otra persona.