Hace unos días la Suprema Corte refrendó el derecho de las parejas homosexuales, primeramente reconocido en mi Ciudad, de casarse y adoptar hijos.
La Suprema Corte realmente no tenía de otra; no sólo por la legitimidad que tienen la asamblea y el gobierno de la Ciudad de México, ni por la broncota política que se habrían echado encima si intentaban echarlo para atrás. Es sencillamente la conclusión única, correcta y obvia que tiene que tomar uno de los tres poderes que conforman un estado laico. Eso es lo que hace tan lamentable y patético que la PGR (o sea, nuestro remedo de triste sombra de “presidente”) haya sido la que pusiera la demanda de inconstitucionalidad en primer lugar.
La Iglesia Católica ha respondido a dicha medida, irónicamente, violentando la constitución mexicana: básicamente llamando a votar en contra del PRD, cuando la constitución claramente dice que “los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna”.
La derecha histérica de este país está asustadísima por los avances que están siendo aprobados en mi Ciudad, y que terminan afectando a todo el país, como las bodas entre homosexuales, que ahora tienen que ser reconocidas legalmente en todo el país aunque sólo se realicen en el DF, y la adopción de niños por parejas del mismo sexo. Eso ha causado una retaliación bastante inhumana, bestial, y medieval por parte de los sectores más retrógadas del país, como el meter a la cárcel a mujeres que ejercían su derecho a abortar. Todas ellas de escasos recursos, por cierto. Obviamente.
Dado el ilegal e ilegítimo “gobierno” que está ahorita en Los Pinos, no es de extrañar el envalentamiento de los sectores más oscuros de la Iglesia Católica, que se sienten que pueden tan campantemente entrometerse en la vida política de un estado laico (que así sigue siendo, por más que al “gobierno” actual eso le moleste).
La Iglesia Católica (desde cualquier sacerdote hasta cualquier cardenal) no tiene voz ni voto en la vida política nacional… que además es por su propio bien; cuando abren la boca generalmente dicen puras pendejadas. Y aunque algunos sectores derechistas que soportan las mismas posturas reaccionarias traten de seguirles el juego, en el siglo XXI y en un estado laico como es el mexicano dichas posturas están destinadas al escarnio, al ridículo y ultimadamente al fracaso. La decisión de la Suprema Corte es una muestra de ello.
Pero qué tanto tarden en fracasar depende en gran medida de nosotros, la ciudadanía; es nuestro deber estar siempre en defensa de la razón, del laicismo, de la racionalidad. No por atacar o menospreciar las creencias de nadie; todo mundo tiene derecho a creer en lo que quiera.
Mas eso no les da derecho de meterse en cómo viva nadie más.