Y además quitarle su dinero del recreo

Con Omar en el messenger:

Omar: Se me hace simpático que en Starbucks andan regalando una canción por semana.
Yo: Mira; a mí Internet me regala todas todos los días.
Omar: Pero si le dices “tall half-skinny half-1 percent extra hot split quad shot (two shots decaf, two shots regular) latte with whip” al que atiende el Internet nomás se te queda viendo.
Yo: Si oigo a alguien decir “tall half-skinny half-1 percent extra hot split quad shot (two shots decaf, two shots regular) latte with whip”, me temo que me veré obligado a partirle su madre.

Geekeando

El sábado mi novia me pidió una tele para que la llevara a su departamento y pudiéramos ver una película (ella no tiene tele). La petición era básicamente una broma (de hecho me pidió mi tele de 46″), pero yo como sea llevé mi monitor LCD de 22″, mi laptop y mi control remoto Streamzap, y siempre sí vimos una película.

La verdad no fue tan fácil; a pesar de que probé en mi casa que pudiera sacar el video de mi laptop a través de la salida para monitores CRT, las Leyes de Murphy entraron en acción y en casa de mi novia fue un desmadre hacer que funcionara. Al final lo conseguimos, pero sí fue después de varios intentos con sus correspondientes errores.

Lo que más me sacó de onda es que mi laptop ya no tiene archivo de configuración /etc/X11/xorg.conf; en teoría todo funciona automágicamente. Y de hecho en mi casa todo funcionó automágicamente, lo cual hizo todavía más bizarro que en casa de mi chava tuviera que estarle meneando al programa de configuración del display en GNOME.

Como sea, hoy estuve trabajando en mi casa, y como estoy actualizando mi maquinón Core 2 Quad, decidí conectar un ratón y teclado USB a mi laptop, y volverle a conectar mi monitor LCD de 22″, para no tener que chambear en la pantallita de la portátil. Por supuesto, como debía de ser, ahora de nuevo todo funcionó automágicamente, y no tuve ninguna de las broncas que tuve en casa de mi novia.

Mi punto con todo esto es que yo nunca había hecho algo así; conectar un teclado, ratón y monitor a mi laptop y usarla como de escritorio. Y no lo había hecho porque justamente en Linux era un desmadre el tratar de hacer algo así, y uno tenía que estarle meneando al xorg.conf para que las cosas funcionaran… si acaso llegaban a funcionar.

Ahora sencillamente funciona, sin que yo deba hacer nada. O al menos en mi depa.

Realmente Linux ha avanzado mucho desde hace 13 años que comencé a usarlo.

Furia de Titanes

El viernes fui con mi papá y mi hermano a ver Clash of the Titans. Se aplican las de siempre.

Clash of the Titans

Clash of the Titans

Furia de Titanes, la original, fue una película que en casa de mis padres mi familia y yo debimos haber visto unas doce millones de veces. Varias escenas me las sé de memoria, y por siempre estará ligada a mi niñez.

Dicho eso, la película original es ridícula. Era ridícula hace casi treinta años, cuando se estrenó, y sigue siendo ridícula ahora. Digo, nada más recuerden a Bubo, el búho mecánico, que al final acaba con una muleta.

Era entonces de esperarse que esta nueva versión del drama griego fuera también ridícula, y la película no decepciona para nada en ese aspecto: es inmensamente ridícula. Ahora no tenemos a Bubo (más que un homenaje de unos cuantos segundos), pero sí tenemos a los dioses del panteón griego vestidos como los Caballeros del Zodiaco (los mismos creadores de la película admiten haberse basado en ellos para las armaduras de los dioses).

Todos los actores se toman terriblemente en serio sus papeles, como si el bienestar mundial dependiera de qué tan fuerte pueden apretar las mandíbulas. Las únicas excepciones son un par de cazadores y el fanático de Hades, que aparecen la verdad muy poquito. La historia está ligeramente basada en la historia de la película original, que a su vez está ligeramente basada en los mitos griegos, que posiblemente estén basados en los viajes que tenían los antiguos griegos por fumar tanta mota (o lo que sea que fumaran en el Mediterráneo hace 2,500 años).

Dicho eso, a mí la película me encantó; me volví a sentir de nuevo de 6 ó 7 años, como siempre me ha hecho sentir la película original. Sam Worthington, alumno absoluto de la escuela de Russell Crowe, me cayó muy bien como Perseo; como él mismo dijo en una entrevista, se tomó terriblemente en serio su papel, justo para que la audiencia no tuviera que hacerlo. El Perseo de esta versión me cayó mucho mejor que el de la película original, que siempre me pareció medio bobo; y su determinación a elegir ser humano y considerar como sus padres a la pareja humana que lo crió me recordó a los mitos (modernos) de Supermán. Gemma Arterton se me hizo maravillosa como Io, y que al final Perseo decida ser pescador en lugar de rey y quedarse con la nena que lo ayudó y acompañó en lugar de con la (literalmente) reina se me hizo fabuloso. Y que el Pegaso sea negro me pareció una puntada genial.

Los actores pesados (Liam Neeson y Ralph Fiennes) están terriblemente sobreactuados; pero se ve que era justamente lo que querían hacer, y más importante, que se divirtieron como enanos filmando el churrito. Y sí, salió en el avance y era obvio cuándo iba a pasar, pero cuando Zeus dice “release the Kraken!”, yo sí me emocioné.

Por último, debería ser obvio, pero los efectos especiales son unas catorce mil frullones de veces superiores a los de la película original. En particular el Kraken ahora sí da miedo, no risa.

Clash of the Titans es un churro, como sin duda lo era el original. A mí me gustó, como me gustó el original. Y sin duda alguna lo que vale la pena es verla en el cine (yo la vi en 2D, y todo mundo dice que la versión 3D apesta, pero háganle como quieran), así que vayan y véanla.

Yo ya quiero verla de nuevo.

39,000 vidas potencialmente salvadas

De acuerdo al secretario de salud de mi Ciudad, más de 39,000 mujeres han abortado legalmente aquí desde que se despenalizó el aborto en el DF hace tres años.

39,000. La tercera parte del Estadio Azteca.

Encima de ello, unas 65,000 mujeres han pedido informes acerca del derecho que tienen de decidir sobre su propio cuerpo, y que en la Ciudad es de los pocos lugares en el país donde se les reconoce.

La cifra en sí misma justifica la legislación que se aprobó hace tres años en mi Ciudad, además de los argumentos que entonces dí. También hace obvio lo importante que era el desaparecer la letra muerta que les prohibía a las mujeres decidir qué hacer con su cuerpo y con su vida.

Pero más importante aún, me parece, es el hecho de que esas más de 35,000 mujeres su vida fue salvada al haber tenido la oportunidad de abortar de forma legal y por ende en un hospital o clínica en condiciones sanitarias, con un personal médico responsable y entrenado, y sin la idea pendeja encima de ellas de que estaban haciendo algo ilegal. Por supuesto, cuando digo que salvaron la vida no infiero que todas habrían muerto si hubieran tenido abortos ilegales (porque es muy importante resaltar que, leyes o no leyes, las mujeres han abortado y seguirán abortando en el mundo por la sencilla razón de que es su cuerpo); pero ciertamente un porcentaje importante de ellas evitó problemas de salud, y ciertamente todas evitaron el tener que obligar a su cuerpo el pasar por una experiencia que no querían o no podían sufrir. En ese sentido, sin duda todas ellas salvaron la vida.

Por supuesto, hubiera sido todavía mejor que ninguna mujer tuviera que pasar por la terrible experiencia de abortar; hay que seguir fomentando el uso de distintos métodos anticonceptivos, y mejorar la educación sexual que los chavos reciben hoy en día para que estén conscientes de que tienen que tener una vida sexual responsable. Porque esperar que todos ellos practiquen la abstinencia no sólo es ridículo; es literalmente irresponsable desde un punto de vista de salud pública.

Pero que todas esas miles de mujeres hayan podido ejercer el derecho de sentido común que es que su cuerpo es suyo y ellas saben lo que hacen (o no) con él, hace que me sienta (una vez más) increíblemente orgulloso de vivir en esta Ciudad.

Una noche fuera de serie

El domingo fui a ver Date Night, y escribo de eso hasta hoy porque, pues, así es la vida.

Date Night

Date Night

Tenía muchísimas ganas de ver esta película. Steve Carell es (lo vengo diciendo desde hace mucho) un pinche genio de la comedia, y Tina Fey es igual si no es que mejor comediante que él. Que hicieran una película juntos era una casi fantasía para mí.

La historia es bastante sencilla; Phil y Claire Foster son un aburrido matrimonio en sus cuarentas que tratan de ir a un restaurante super fino en Nueva York para tratar de reavivar la chispa en su vida de casados, y al no poder entrar por no tener reservación se hacen pasar por dos güeyes que no responden al ser llamados. Como es de esperarse, los güeyes desaparecidos resultan ser buscados por policías corruptos, gángsters y políticos sexómanos, y todo mundo cree que los Foster son ellos. El caos se sigue.

La película no me decepcionó realmente; me estuve (literalmente) meando de la risa casi todo el tiempo. Ciertamente la historia no es terriblemente original; pero son tan encantadores Carell y Fey en sus papeles, que realmente compensan por casi todo lo demás. Y como puede verse por las escenas fallidas que pasan durante los créditos finales, se ve que ambos improvisaron un montón de sus líneas, de forma magistral si es necesario que lo diga.

La verdad es completamente posible ver esta película en video, y no hay ninguna necesidad de verla en el cine; pero pues yo me divertí horrores y sí la recomiendo.

Legion de Ángeles

Fui el viernes a ver Legion. Se aplican las de siempre.

Legion

Legion

Tenía muchas ganas de ver esta película; soy fan casi incondicional de Paul Bettany (aunque he de admitir que hace, generalmente, unos churrotes) desde que vi Wimbledon, y la idea de un ángel disparando balazos se me hacía muy simpática.

Legion es una mala película; se toma terriblemente en serio, y la historia está ligeramente incoherente en muchas partes. Pero yo la disfruté enormemente; la idea de un dios que pierde la fe en la humanidad y manda a sus ángeles a exterminarnos a todos de las formas más violentas posibles se me hace fabulosa. Un dios así hasta podría caerme bien.

Las actuaciones son en su mayoría más que decentes, no en poco gracias a un excelente elenco que además de Bettany incluye a Denis Quaid, que siempre me ha caído bien, Kate Walsh, y Kevin Durand, que se me hizo maravilloso en su papel de Martin Keamy en Lost y de Blob en la última película de Wolverine. Las escenas de acción están muy divertidas, y en particular toda la idea de ángeles peleando utilizando sus alas (que tienen una cualidad casi metálica) de formas defensivas y ofensivas me pareció excelente. Y por encima de todo, la película es deliciosamente blasfema de principio a fin; comenzando con la premisa de dios decidiendo eliminar a la humanidad con lujo de crueldad (el diluvio se queda corto), hasta incluir la maravillosamente subversiva idea de que dios sencillamente se puede equivocar, que es al fin y al cabo lo que demuestra el ángel Michael.

Si quitan la parafernalia religiosa, la película sigue siendo un divertido (si bien nada original) churrito apocalíptico. Y además es obvio que querrán hacer secuelas, que yo con gusto veré.

Pero a pesar de mi entusiasmo, sí debo reconocer que es malísima, así que véanla bajo su propio riesgo. Aunque yo ya ando pensando en conseguir el Blu-ray.

Cómo Entrenar a tu dragón

El viernes por fin fui a ver How to Train your Dragon, y no escribí hasta hoy al respecto pues porque sí. Se aplican las de siempre.

How to Train your Dragon

How to Train your Dragon

Las películas animadas por computadora de DreamWorks siempre han sido inferiores a las de Pixar; en muchos casos por mucho. Y obviamente no hablo solamente del aspecto técnico, aunque debería ser obvio que Pixar es casi sin discusión el líder también ahí. Hablo de que las películas de Pixar suelen contar una mejor historia, con personajes mejor definidos y más entrañables, y encima de todo ello además conseguir ser más profundas sin por ello dejar de ser divertidísimas.

Las películas de DreamWorks en cambio, aunque en general divertidas, suelen ser francamente intrascendentes. No es raro que un par de días después de haber visto alguna de ellas se me haya ya olvidado por completo.

How to Train your Dragon no cambia nada de esto; pero creo que sí acerca un poco a las películas de DreamWorks al estándar que han impuesto los de Pixar.

La historia relata a Hiccup, un vikingo flacucho y débil que sueña poder matar dragones para (entre otras cosas) ligarse a Astrid, una vikinga que le gusta. Los dragones azotan el pueblo de Hiccup, así que el ser capaz de matar dragones es considerada la habilidad más apreciable, y hay incluso un libro de cómo cazarlos y una especie de torneo donde los que entrenan para matar dragones compiten para poder matar a su primero. Hiccup, sin embargo, es flaco, débil y medio torpe; así que mejor construye un lanza poleas que le permite cazar vivo a un dragón; además uno de una raza que nadie ha podido ver antes.

Sin embargo, el muchacho no consigue matar al derribado animal, y en su lugar lo libera. Poco a poco el animal y el joven vikingo comienzan una amistad que, previsiblemente, llevará a que humanos y dragones hagan las paces.

A pesar de ciertas cosas medio obvias, y que la historia es bastante previsible, la película está muy bonita y muy divertida. Encima de ello, las escenas aéreas son fabulosas, y la película consigue ser muy emocionante en varias partes. Pero no es por eso que la película me encantó.

La película me encantó por dos razones: la primera es que los creadores de la misma adoran a los gatos; los dragones terminan comportándose como gatos enormes que vuelan y lanzan fuego. En ningún momento sería posible compararlos con esas otras mascotas estúpidas, los perros; son indiscutiblemente felinos… y por ello como doce millones de veces más listos que los perros.

La segunda razón es que el dragón capturado, Toothless, en parte se hace amigo del vikingo porque no puede escapar ya que pierde parte de su cola cuando es derribado. Hiccup le hace una prótesis, por decirle de alguna manera, que le permite volver a volar con ayuda del vikingo; pero a mí me pareció muy injusto que el pobre animal quedara tullido por culpa del muchacho. Al final de la película, sin embargo, el mismo Hiccup pierde su pierna izquierda por debajo de la rodilla; me pareció fabuloso por parte de los realizadores que estuvieran dispuestos a correr el riesgo de contar una aventura donde el héroe no sale sin un rasguño, y además que mostraran que, tanto el muchacho como el dragón, pueden seguir siendo los héroes de su historia a pesar de que tengan una incapacidad física (le hacen también una prótesis al muchacho que le permite seguir caminando y volando con Toothless).

La película me encantó; está divertida, emocionante, muy bien hecha con una historia interesante y bien contada, y los que la hicieron adoran a los gatos. Así que vayan a verla. El chisme 3D sigue sin convencerme, y yo creo que ya dejaré de intentar que me convenza, porque la verdad sólo me distrae y cuesta más caro; y el doblaje al español está bastante decente, por si quieren irla a ver con niños.

Pero vayan y véanla.

La doble ‘s’

Hay cosas que yo sencillamente no hago. Una de ellas es salir de la Ciudad durante las vacaciones de semana santa. Varios conocidos míos dirían, algo cínicamente debo agregar, que yo nunca quiero salir de la Ciudad; y hasta cierto punto tendrían razón.

Pero en semana santa es todavía más extremo; de verdad tendrían que darme razones muy poderosas para que me pudieran convencer de salir de la Ciudad en estos días. Y digo que tendrían que darme, porque obviamente nunca saldría de mí la idea.

En otras fechas puedo sin ningún problema salir de mi Ciudad. No necesariamente me va a agradar la idea, pero sin problemas puedo hacerlo. En semana santa va casi en contra de mis principios.

No sólo es un infierno entrar y salir de la Ciudad estos días; además son justo los días cuando más chido es andar paseando por la Ciudad, si uno acepta alegremente la idea de que un montón de cosas estarán cerradas.

De hecho, no creo haber salido de la Ciudad durante ninguna de las semanas santas de mi vida.

Como sea, este año no fue excepción; lo que sí es que no salí a ningún lado porque me quedé a trabajar (ya saben, el doctorado y la chingada). Pensé que tendría (como suele ser el caso) paz y tranquilidad para trabajar sin interrupciones.

Hasta que, claro, ayer en la noche uno de mis vecinos decidió tener una mega fiesta. Para ser sincero, no sé si fue mega; pero sí fue muy ruidosa. Con lo cual en general yo no tengo problemas; el problema es que se la pasaron cantando todo el tiempo.

Y sus habilidades de canto eran, por decir lo menos, básicamente inexistentes.

Supongo que podría haber sido peor.