Querétaro

Y ahora estoy en Querétaro para el XXV Coloquio Víctor Neumann-Lara de Teoría de las Gráficas Combinatoria y sus Aplicaciones, bajo una luna fabulosa. Estaré aquí hasta el 6 de marzo, después de que dé una presentación el viernes.

Durante todas las veces que he ido a Guanajuato, siempre paso por Querétaro. Sólo he comido aquí una sola vez, y exceptuando esa ocasión, sólo he venido a esta ciudad al Primer Encuentro Nacional de Computación, el ENC 99 en (¡sorpresa!) 1999. Así que al menos es relativamente novedoso que ahora me quede aquí.

No esperen muchas actualizaciones esta semana.

Orgasmos

Bajo circunstancias que no vienen al caso, fui a ver Orgasmos, la comedia. Hacía un ratote que no iba al teatro, y la verdad me tuvo botado de la risa la obra durante casi todo el tiempo.

Originalmente yo quería ver un musical, pero Avenida Q la quitaron de la cartelera sin que yo me enterara. Orgasmos, por lo que leí, sería un poquito como Defendiendo al Cavernícola (que ya he visto varias veces), y decidí que mejor viéramos esa.

No me arrepiento; aunque la verdad Defendiendo al Cavernícola está mejor. De todas formas Orgasmos está muy divertida, y me tocó verla con Shaula Vega que es maravillosa; a mí me encantó la chava. Guapa, sexy, y muy muy divertida.

Yo sí la recomiendo.

Nine, una vida de pasión

Esta semana terminó siendo bastante atípica; entre otras cosas, terminé yendo cuatro veces al cine. El viernes fui a ver Nine, y salí con los ojos bañados en lágrimas y en un éxtasis emocional.

Se aplican las de siempre.

Nine

Nine

Del mismo director de Chicago, Nine es un espectacular musical basado en , la clásica película semi autobiográfica de Federico Fellini. Con una producción tan pulida (si no es que mejor que) la de Chicago, y unos números musicales fabulosos, nada más por eso valdría la pena ver la película.

Pero además está el elenco: dirigido por un maravilloso Danie Day-Lewis en el papel de Guido Contini, un atormentado y confundido director de cine (y veladamente el mismo Federico Fellini), y rodeado de siete mega súper ultra suma cum reinas: la hermosísima Marion Cotillard como la sufrida esposa; la fabulosa Penélope Cruz como la demente amante; la endiosada Nicole Kidman como la musa etérea; la aún maravillosa Judi Dench como la amiga y confidente; la sabrosísima Kate Hudson como la reportera coqueta; la talentosísima Fergie como el objeto juvenil de deseo; y por último pero no por ello menos importante, la increíblemente bella (a sus doscientos años) Sophia Loren como la edípica madre.

Cada personaje tiene su número musical, excepto Day-Lewis y la Cotillard, que tienen dos; y además está el número musical inicial y el final, donde salen todos pero nadie canta. Los números de la Cotillar son buenos; pero el segundo está de no mamen: no sólo es bella, sexy y cantando súper bien: además es un número fabuloso. El número de la Cruz es increíblemente divertido y uno de los más sexys (tomando en cuenta que todos son sexys), y la española se roba todas sus escenas. El número de la Kidman no es particularmente bueno; pero la actriz aparece tal vez lo más hermosa que ha aparecido nunca. Es una diosa. El número de la Dench es simpatiquísimo, y la mujer a sus 75 años incluso logra verse sexy. El número de la Hudson es divertidísimo, probablemente el más pegajoso, y lo único triste es que la pobre mujer se equivocó de década: debió ser veinteañera en los sesentas. Cuando me enteré de que salía Fergie, la verdad me dio mala espina; pensé que sólo la habían puesto porque está sabrosa. No sólo está sabrosa; el número de la Fergie es posiblemente el más espectacular de todos, y ella sin duda alguna es la que mejor canta (que no debería extrañarnos; a eso se dedica). Por último, la Sophia Loren es impresionante a sus 75 años, saliendo a escena aún bella y con unos tacones de veinte centímetros.

Pero además de los números y el elenco, la historia está bonita y muy bien contada; y el final es posiblemente el mejor que he visto, tal vez desde el que tuvo Cinema Paradiso.

Yo me metí a ver está película sin muchas expectativas; creí que me gustaría, pero la verdad no tenía idea de lo fabulosa que resultaría. Es increíble; de verdad tienen que ir a verla. Varias veces. En el cine.

Una fabulosa, otra meh

Después de un periodo de no haber ido al cine tan regularmente como me hubiera gustado, terminé viendo tres películas en menos de una semana; además de The Lovely Bones el viernes, vi el martes Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans, y ayer The Wolfman.

Se aplican las de siempre.

  • Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans.
    Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans

    Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans

    Bad Lieutenant es de las mejores películas que he visto en mucho tiempo. También sin duda es de las mas divertidas; y la actuación de Nicolas Cage es arrebatadoramente buena, si bien yo sigo diciendo que Morgan Freeman debe ganar el Oscar por Invictus.

    Cage interpreta a un mal policía (obvio), que va cayendo en una espiral de adicción y violencia después de volverse adicto a medicamentos contra el dolor por lastimarse la espalda al salvar a un prisionero durante el relajo del huracán Katrina en Nueva Orleans.

    La historia en sí es sencilla, pero Herzog la relata de forma magistral y con un excelente humor oscuro todo el tiempo. Y Cage hace un trabajo espectacular mostrando a un individuo, originalmente incluso medio decente, que va descendiendo cada vez más en un abismo del que (aparentemente) le será imposible salir.

    La película tiene todos los elementos para ser de esas historias donde uno se la pasa todo el tiempo angustiado esperando que absolutamente todo termine de irse al carajo; pero Herzog se las ingenia para hacerla increíblemente divertida todo el tiempo, incluyendo en las escenas más violentas.

    No se porqué la quitaron tan pronto de la cartelera; pero como sea vayan y véanla, porque está genial.

  • The Wolfman.
    The Wolfman

    The Wolfman

    Este remake del clásico de 1942 es una mala película. Está simpática, y Benicio del Toro está bien en su papel de atormentado que ha sufrido una maldición; Anthony Hopkins hace lo que mejor le sale (cobrar lana por aparecer en churros); y Emily Blunt está reinísima. Pero fuera de ello, es una película completamente intrascendente; en particular, me parece que se desperdició de forma criminal a Hugo Weaving (y Geraldine Chaplin aparece como dos minutos, haciéndola una vez más de viejita demente pero sabia).

    Tal vez todo eso sería perdonable; pero la película termina por perder completamente la poca seriedad que hubiera podido mantener cuando aparece Hopkins maquillado como Hombre Lobo (que, como bien me tuvieron a hacerme notar, se parece al Aluxe), dándose de mordidas con el igualmente mal maquillado Benicio del Toro.

    Está dominguera; pero se pueden esperar tranquilamente a verla en Blu-ray después.

Desde mi cielo

Total que fui a ver The Lovely Bones, porque me estoy convirtiendo inexorablemente en un fan incondicional de Saoirse Ronan.

Se aplican las de siempre.

The Lovely Bones

The Lovely Bones

Susie Salmon es una preciosa niña que vive con sus papás y sus dos hermanos menores en 1973. Su familia es amorosa y normal, y ella tiene una vida completamente normal para una niña de catorce años, incluido el imprescindible enamoramiento idiota que tienen todas las niñas de catorce años.

Todo eso termina cuando un vecino de la colonia la viola y la asesina. Su espíritu se niega a seguir adelante, por el profundo amor a su familia, y por el coraje que siente en contra de su asesino.

La película entonces se dedica a relatar la travesía de Susie por este espacio entre los vivos y los muertos, los problemas por los que pasa su familia tratando de superar el trauma de haberla perdido, y cómo el asesino comienza a planear en atacar a su hermanita.

La historia es una pinche tragedia griega, pero realmente no es lo mejor de la película. Lo mejor son las fabulosas actuaciones de absolutamente todos los actores. Stanley Tucci es un magnífico villano, aterrador de una forma sutil y velada. Rachel Weisz es maravillosa como la madre, pero el que me sorprendió fue Mark Wahlberg, quien siempre me ha parecido medio bobito; es muy bueno como el destrozado papá que pierde a su niñita. Susan Sarandon aparece como la alcohólica y caústica abuela, y se roba todas las escenas donde aparece; además de que se sigue viendo guapísima a los setecientos años que debe de tener.

A Saoirse Ronan tengo que mencionarla aparte. Sin duda actúa muy bien, y es una niña desarmadoramente encantadora y bonita; pero me parece que Peter Jackson (el director), se enamoró perdidamente de la niña. La película es un vehículo descarado para promocionar y lucir a la chavita, como actriz y como belleza incipiente. Es tan pronunciado, que a mí (que la niña me encanta desde que la vi en Atonement) me pareció incluso ligeramente de mal gusto.

Como sea, la película vale la pena únicamente por las actuaciones. Y voy a enfatizar el únicamente; a pesar de lo trágico de la historia, todo el pendejismo espiritual es bastante idiota, y la historia es demasiado simple. Hay algunas escenas emocionantes, pero en general es escuchar a Susie relatar (en su dulce y encantadora voz) lo que pasa por su cabeza antes y después de ser asesinada, mientras habita el universo semi mágico que está entre el mundo de los vivos y de los muertos. En otras palabras, la película es aburridísima la mayor parte del tiempo.

Eso sí, muy bien actuada.

Saoirse Ronan me encanta, y la película está construida con el único propósito de lucirla. En ese sentido, me alegra haberla visto… ah, y también por Susan Sarandon, que yo ni sabía aparecía aquí. Pero no sé si la película funcione para todo mundo.

De cualquier forma sí la recomiendo.

Boogie, el aceitoso

Boogie, el aceitoso

Boogie, el aceitoso

De forma casi providencial me enteré de la próxima adaptación animada de la fabulosa tira cómica de Fontanarrosa; GMail había clasificado el correo como SPAM.

El avance lo pueden ver en el tubo, y se ve genial; las últimas películas mexicanas (animadas o no) que me habían llamado tenuemente la atención (Nikté y 2033) en general sólo he escuchado que son basura, pero dado el material original (es Boogie; si nunca lo han leído corrijan eso rápido, por favor), y el fabuloso avance me hacen de hecho estar optimista respecto a esta adaptación.

Además de que Jesús Ocho y Susana Zabaleta siempre me han caído muy bien. Bueno; la Zabaleta no tanto, pero está muy sabrosa.

Se antoja divertida; vean el avance.

Actualización: Ups, sólo una correción; la película es argentina, no mexicana… lo cual quiere decir que van como dos años que México no hace ni una película que medio me interese. Supongo que la Zabaleta y Jesús Ochoa doblarán a los actores argentinos, dada la poca paciencia que tenemos los mexicanos con el acento del país sudaca.

Zona de Miedo

Fui al cine a ver The Hurt Locker. Originalmente iba a ver The Wolfman, pero de hecho me enteré que ya habían estrenado ésta; con tan pésima traducción del título, igual y nunca me daba cuenta.

Se aplican las de siempre.

The Hurt Locker

The Hurt Locker

La historia sigue a una unidad gringa especializada en desarmar bombas en Irak, después de la absurda invasión gringa. Al inicio de la película el jefe original de la unidad muere por estar demasiado cerca de una explosión, y es reemplazado por James, un muchacho que obviamente tiene problemas en la cabeza.

La película muestra cómo James trata de hacer su trabajo, y como el mismo lo ha ido afectando, al grado de que cuando por fin termina su periodo obligatorio de estar en la zona de guerra, decide regresar a pelear en lugar de quedarse en su casa con su esposa. Que es Evangeline Lilly; cualquier hombre que decida ir a arriesgarse a que lo vuelen en pedazos en lugar de quedarse con frickin’ Evangeline Lilly debe tener hecho puré el cerebro.

Al fin y al cabo James regresa a la guerra no por un sentido de deber, o de lealtad a sus compañeros; mucho menos porque crea que la guerra tiene sentido o es justa. Sencillamente regresa porque se ha vuelto adicto; la película comienza con la cita de un libro: “The rush of battle is a potent and often lethal addiction, for war is a drug.”

La película, de forma muy sutil y muy chingona, muestra la futilidad de la invasión gringa en Irak, y el odio, desprecio y rencor de la población contra los soldados gringos; nada más por eso me hubiera gustado. Pero además las actuaciones de los (en general desconocidos) chavos que son los principales protagonistas son fabulosas; en particular Jeremy Renner. Aunque sigo diciendo que el Oscar lo debe ganar Morgan Freeman.

La película es muy emocionante, hilarante en muchas partes con un humor negro y cínico, y además tiene dos fabulosos casi cameos de Guy Pearce y Ralph Fiennes. También está magistralmente hecha, y la tensión de que en cualquier momento James puede volar en mil pedacitos está muy bien construida.

Vayan y véanla; es altamente recomendable.

Brian Herbert

Mi relación con el universo de Dune, la novela de ciencia ficción de Frank Herbert (que mucha gente considera la mejor novela de ciencia ficción jamás escrita), es larga y, contrario como generalmente es con mi vida, de hecho anterior a que la leyera.

En 1985 ó 1986, transmitieron en la televisión abierta de México la película tenuemente basada en la novela, dirigida por David Lynch. Yo, que tendría 8 ó 9 años, quedé profundamente apantallado por la misma. Por supuesto, no entendí ni madre, pero eso no quitó que fuera fascinante.

Había gusanos gigantes, escudos de energía personales, los guerreros disparaban gritando, y salía Sting en ropa interior. Es difícil borrar de la memoria dichas imágenes.

Pasaron quince años sin que yo volviera a pensar en la película, ni mucho menos que se me ocurriera leer la novela; no comencé a leer ciencia ficción regularmente sino hasta que me titulé. Antes de eso yo generalmente siempre leí otro tipo de literatura.

En el 2001 ó 2002, pasaron en Cablevisión la miniserie Frank Herbert’s Dune, y yo la vi una vez más fascinado, en esta ocasión principalmente por el (en retrospectiva francamente chafa) efecto especial que usaban para que los fremen tuvieran ojos azules.

Poco después de eso compré Dune, lamentablemente en español porque todavía no leía novelas en inglés. Para el 2006 había leído los primeros tres libros de los seis originales que escribió Frank Herbert (Dune, Dune Messiah, y Children of Dune), y por razones que no me quedan del todo claras, dejé de leer la serie.

Hace unos meses la empecé de nuevo, comenzando con el cuarto libro y esta vez leyéndolos en inglés; rápidamente me chuté los otros tres libros en ese universo que Frank Herbert escribió (God Emperor of Dune, Heretics of Dune, y Chapterhouse Dune).

Originalmente ese era mi plan; no tenía intenciones de continuar leyendo los libros que el hijo de Frank, Brian, ha venido escribiendo junto con Kevin J. Anderson para completar y expandir el universo creado por su padre.

De hecho, me daba algo de coraje; me parecía que Brian Herbert se estaba colgando de su padre para poder seguir exprimiéndole leche a la vaca. No lo sé; como si un camión atropellara a J. K. Rowling, y alguno de sus hijos decidiera aprovechar y seguir sacando libros de Harry Potter sólo para hacer dinero. Más mala espina me daba que necesitara un coautor; me sugería entonces que el tipo ni sabía escribir, que las novelas las estaba escribiendo Anderson, y que el nombre de Brian Herbert sólo lo utilizaban para “legitimar” a los nuevos libros.

Mi reticencia disminuyó cuando terminé Chapterhouse Dune, y me quedé con hartas ganas de ver qué pasaba (el libro termina en un enorme cliffhanger). Casi desapareció cuando me enteré que Brian Herbert era un autor de ciencia ficción por sí mismo; evidentemente no tan conocido como su padre, pero sí que había iniciado su carrera mucho antes de que Frank Herbert muriera.

Y dicha reticencia desapareció cuando me chuté en rápida sucesión la triología de prequelas Prelude to Dune; Dune: House Atreides, Dune: House Harkonnen, y Dune: House Corrino. Los libros son, antes que nada, una obra de amor; se ve que los dos autores de verdad conocen y respetan el trabajo original de Frank Herbert.

Además las novelas son francamente entretenidas, y en muchas partes muy emocionantes. Ahorita estoy comenzando la triología Legends of Dune, y espero leer las que me falten pronto. Además de que Brian Herbert amenza con seguir produciendo prequelas y secuelas.

No sé si Dune sea la mejor novela de ciencia ficción que se ha escrito; la verdad, aunque disfruto el género, no he leído tanta ciencia ficción, y no me considero calificado como para dar una opinión al respecto. Lo que sí es que plantean un universo fascinante, y sin duda alguna son entretenidísimas.

Ahora, si sólo pudiera conseguirme una novia Bene Gesserit…

El Libro de los Secretos

El viernes fui a ver una película tan pendeja, que salí del cine francamente molesto. Y tan molesto estaba que no escribí de ella hasta hoy, que me quedé en casa por no haber amanecido muy bien.

Se aplican las de siempre.

The Book of Eli

The Book of Eli

Denzel Washington interpreta a un ciego (oh, perdón; ya les conté el final de la película) con la mejor vista del mundo, que ha cargado un libro, que es la biblia (oh, disculpa; ya les conté el otro punto “importante” de la trama), durante 30 años desde que hubo una tragedia (suponemos una guerra nuclear) en el mundo.

Eso le ha costado atravesar estados unidos de costa a costa: 30 años. Puta madre, debe de haber estado caminando con las axilas la mayor parte del tiempo, porque ciertamente se ha tardado.

En el camino Eli se encarga de destazar harta gente con lujo de violencia cada vez que tratan de atacarlo o tocar su libro; lo cual por supuesto es ciertamente consistente con la gente que lee un único libro, y ese libro además es la biblia.

Así ocurre hasta que llega a un pueblo dirigido por Gary Oldman, que lleva todo este tiempo tratando de encontrar la biblia. Se supone después de la guerra quemaron todos los ejemplares de la biblia (un esfuerzo cabrón, porque el ridículo libro lo encuentra uno en todas partes y probablemente en todos los idiomas con los que puede uno escribir un libro), y él lo quiere para mantener subyugada a la población que de cualquier manera subyuga con armas.

La película, como pueden ver, es pendeja hasta decir basta; pero a mí en particular además era imposible que me convenciera, porque su premisa principal es que la biblia es un libro “especial”. Ya la he leído, y lo único de especial que le encuentro es que es aburrida, repetitiva, y ridícula en muchas partes. Otras son divertidas, otras interesantes; pero ciertamente no me puedo tragar la premisa de que le cambie la vida a alguien (o al menos de seguro a mí no), o de que un caciquillo patético la necesite para justificar su dominio; como si fuera muy difícil para caciquillos patéticos el inventarse otros modos de justificar su tiranía.

Y para acabarla de amolar, la revelación al final de que Eli era ciego y “guiado por dios” no sólo me parece ridícula e idiota; además está mal hecha, porque durante varias escenas es obvio que Eli usa sus ojos para ver; ¿si no para qué carajo voltear la cabeza?

La película tiene cosas buenas; la violencia es muy divertida, Mila Kunis está muy sabrosa, y a mí en particular siempre me han gustado los temas apocalípticos. Pero de verdad esta película me pareció pendejísima; no la puedo recomendar en buena consciencia.

Diez años después

Hace diez años la Policía Federal Preventiva entró ilegal y violentamente a Ciudad Universitaria, terminando una huelga que se había extendido innecesariamente por 9 nueve meses.

Yo estaba en el auditorio Che Guevara, en la sesión del Comité General de Huelga, confiado de que al siguiente día habría un nuevo llamado de la rectoría para reanudar el diálogo. Casi todos los ahí presentes estábamos confiados de que eso ocurriría, porque inicialmente se había soltado el rumor de que si entraba la PFP, sería a las dos de la mañana. Y ciertamente a las dos de la mañana el Che estaba casi vacío; nada más pasó la hora fatídica, el auditorio comenzó a llenarse de nuevo. Yo, junto con mis compañeros más cercanos, nunca lo dejamos durante esa noche.

Un día antes fui a mi casa, a bañarme, ponerme ropa limpia, y decirle a mi mamá que la PFP entraría a Ciudad Universitaria; para ese momento (después de que rectoría había abandonado unilateralmente la mesa de diálogo) yo lo daba por hecho. También daba por hecho que, dado mi involucramiento con el CEM y la banda de Higinio, y si era verdad que había 500 órdenes de aprehensión para participantes de la huelga, por simples cuentas a mí me tocaría una de ellas. También le dije eso a mi madre, diciéndole que se preparara; recuerdo claramente que me preguntó que, si yo estaba tan seguro de que la PFP entraría a CU y de que además yo en particular acabaría en el bote, que por qué iba a la sesión del CGH.

No fue fácil explicar eso hace diez años; sigue siendo difícil ahora.

Ha pasado una década, y mucho se ha dicho acerca de la huelga que en una famosa portada la revista Proceso calificó de “Interminable”. La misma, así como mi estadía durante unos días en la cárcel, y el proceso de sacar a los compañeros presos inmediatamente después, me marcó profundamente; no es exagerado decir que el hombre que soy ahora en gran medida es resultado de las decisiones que tomé y las experiencias que pasé por todo lo relacionado con la huelga.

Lo más sucinto que yo puedo decir de la misma, hoy que se cumplen diez años de que la PFP entró a Ciudad Universitaria, se puede resumir en dos palabras.

Teníamos razón.

Teníamos razón entonces, y la seguimos teniendo; la gratuidad de la universidad era indispensable que se defendiera, al costo que fuera necesario.

¿Que cometimos errores los huelguistas? Por supuesto que los cometimos; es más, probablemente cometimos todos los posibles errores que se pudieran cometer; y algunos otros que hasta difícil era que se cometieran. También es cierto que el movimiento estuvo infiltradísimo, desde el principio hasta el final, por casi cualquier grupo político que tuviera presencia en la Universidad (que son, básicamente, todos), y por varios que de hecho no la tenían. Y también es cierto que el costo para la Universidad, y para muchos de sus estudiantes en particular, fue inhumanamente alto.

Pero teníamos la razón; y a pesar de todos los errores que cometimos, los principales responsables del estancamiento de la huelga fueron los funcionarios de rectoría (encabezados por el animal de Francisco Barnés), y el gobierno de Ernesto Zedillo. Que debimos haber sabido cómo responder a su deseo de extender la huelga y debilitar con ello el movimiento, eso también es cierto; pero la alternativa de levantar la huelga (como muchos inocentemente querían) sin haber conseguido detener las cuotas hubiera significado la derrota de la Universidad pública y gratuita.

Debe eso quedar claro: la Universidad Nacional Autónoma de México sigue siendo (para motivos prácticos) gratuita gracias a nosotros. Y además yo (y muchos más) estamos convencidos de que la Universidad es lo que es, la mejor de Iberoamérica, en gran medida por ser gratuita; por permitirle el alcanzar una educación superior a miles de personas que no podrían hacerlo si se cobraran cuotas; por “razonables” que éstas fueran.

Hace unos años, cuando estaba la terna de posibles rectores que reemplazarían a Juan Ramón de la Fuente, todos y cada uno de ellos dejaron claro que la Universidad seguiría siendo gratuita si eran elegidos rectores. De nuevo eso fue gracias a nosotros. Y mi rector, José Narro, dijo lo siguiente cuando recibió el premio Príncipe de Asturias a nombre de la Universidad:

Sin ciencia propia, sin un sistema de educación superior vigoroso y de calidad, una sociedad se condena a la maquila o a la medianía en el desarrollo[...]

La educación es vía de superación humana, de la individual y de la colectiva. Concebirla como un derecho fundamental es uno de los mayores avances éticos de la historia.

De nuevo; que esa sea la postura consensuada en la Universidad es gracias a nosotros. Actualmente nadie cuestiona la gratuidad de la Universidad; ni siquiera de broma. Y eso fue un triunfo indiscutible de nosotros.

Así que, con todos los errores y todas las cosas que se pudieron haber hecho de forma distinta hace diez años, yo sigo estando profundamente orgulloso de haber participado en la huelga. Han pasado diez años, y yo he cambiado mucho en ese periodo de tiempo; he crecido en muchas cosas, y he madurado en otras más.

Y con todo lo que he aprendido en el camino, y sabiendo todo lo que ocurriría después, incluyendo mi estadía en la cárcel, mi decisión es absoluta e inmediata: volvería a hacerlo todo de nuevo. Una y mil veces más lo haría, de ser necesario.

Porque sin la raza, ¿cómo va hablar el espíritu?

Invictus

Con la muerte de mi abuela y mi ida a Guanajuato no pude ir al cine en dos semanas, así que ayer desconté. Decidí, para variar, ver una buena película; y no creo haber podido haber elegido mejor: vi Invictus.

Se aplican las de siempre.

Invictus

Invictus

Morgan Freeman, en el papel de su vida, interpreta a Nelson Mandela cuando recién fue elegido para presidir Sudáfrica. Viendo al equipo nacional de rugby (que es como el futbol americano, pero para hombres de verdad) como una forma de ganarse a la (poderosa) minoría blanca del país, aplica todo su peso político para impedir que la mayoría negra cambie el nombre y colores del equipo (que era odiado y visto como símbolo del apartheid por casi todos los negros), y motiva al capitán del equipo François Pienaar (Matt Damon, bien en su papel; pero se lo come vivo Freeman) para que al final ganen la copa mundial de rugby que se celebró en Sudáfrica en 1995.

La película es barata y cursi, pero no importa, porque Freeman da una actuación tan encabronadamente buena que Mandela aparece como un dios entre los hombres, dando unas muestras de elegancia, inteligencia política y tacto social que hacen que a uno le den ganas de llorar por los patéticos líderes políticos que tenemos los mexicanos. Y me refiero a todos.

Mandela, que fue acusado de terrorista y que recurrió a las armas cuando así lo creyó necesario, y que luego pasó 27 años como preso político del sistema racista del apartheid, consiguió utilizar algo tan trivial como es el rugby para arengar a su nación en torno a una única causa.

Dos escenas en particular me gustaron, porque muestran la endiablada inteligencia política que tuvo Mandela; durante el primer partido de rugby al que asiste como presidente, al llegar al estadio lo reciben con varios abucheos, e incluso le lanzan un vaso de refresco (que no lo alcanza). En cambio, al partido de la final entre Sudáfrica y Nueva Zelanda, después de todo el apoyo que ha mostrado al equipo y de las varias y sutiles manipulaciones políticas que ha hecho con ello, lo reciben con una ovación que por poco tumba al estadio.

La película es maravillosa, en gran (si no es que única) medida por la portentosa presencia de Morgan Freeman, que si no le dan el Oscar los gringos yo digo que se merecen más avionazos a rascacielos. Es maravilloso el tipo.

I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

Vayan y vean esta película; yo ya había leído que Freeman se moría por interpretar a Nelson Mandela, y de verdad, repito, creo que es el papel de su vida. No se la pueden perder.