Los telépatas bancarios

Hace unas semanas estaba en mi casa sin hacerle daño a nadie, cuando suena el teléfono. Eran los de Bancomer, para decirme que su sistema había “detectado” que el plástico de mi tarjeta tenía defectuosa la banda.

En general no habría puesto en duda su sabiduría; el problema es que yo nunca uso el plástico de mi tarjeta Bancomer. Todas las operaciones que realizo con ella son a través del portal en línea del banco. Y de hecho, sólo realizo una operación al mes; agarrar todo el dinero que Conacyt me deposita, y transferirlo a otro banco.

Así que es sencillamente imposible que detectaran que el plástico estaba defectuoso, porque nunca uso la tarjeta físicamente. Le hice saber esto a la señorita que me llamó, y cada vez que yo le preguntaba cómo era posible que supieran el estado físico de mi tarjeta si ésta para motivos prácticos nunca sale de mi cartera, ella me contestaba que sabían “porque eran Bancomer”.

Sus habilidades telepáticas y telequinéticas son sorprendentes, al parecer.

Le dije a la señorita que me aguantara un minuto, y me metí a mi cuenta a ver mis operaciones, justo para saber si la había usado en algún momento en los últimos meses. Como yo ya sabía, no lo había hecho.

Cuando regresé al teléfono la niña del otro lado nunca me volvió a contestar, así que sencillamente colgué. Hoy que traté de ver el estado de mi cuenta, el sistema en línea me dijo que mi tarjeta había sido reportada como robada y/o extraviada. Llamé al banco, y me dijeron (de nuevo) que era porque habían detectado que el plástico estaba defectuoso.

De verdad no voy a poder dormir los próximos cinco años tratando de descifrar cómo carajo el banco puede detectar el estado físico de una tarjeta cuya banda magnética no ha sido pasada por ningún lector en meses.

Además me dijo que después de que me llamaron, el sistema automáticamente comenzó un conteo para reportar mi tarjeta como robada y/o extraviada, que yo podía haber hecho algo durante ese tiempo. Nadie me dijo de dicho conteo.

Total que tengo que ir al banco por un nuevo plástico, que dentro de todo este surrealismo kafkiano por suerte me lo darán ese mismo día; pero sigo sin entender cómo carajo pueden saber el estado físico de mi tarjeta sí nunca la saco de mi cartera; estoy bastante molesto porque nadie me supo decir bien nunca qué tenía o podía hacer (además de que la chava que originalmente me llamó terminó abandonándome en la línea); y además yo nunca autoricé que se reportara como robada y/o extraviada mi tarjeta.

Pero bueno. Al menos no me ocurrió un viernes en la tarde necesitando dinero con urgencia.

Luna Nueva

Habiendo leído las cuatro novelas pendejas de fantasía de Stephenie Meyer (y su novela pendeja de ciencia ficción); y además habiendo admitido de hecho disfrutarlas, decidí que era propio, y tal vez necesario, ir a ver la segunda película de la saga, New Moon.

Se aplican las de siempre, pero debo admitir que, como probablemente lo será con todas las películas de esta saga, es irrelevante.

New Moon

New Moon

Trataré de resumir la trama lo más que pueda. Edward deja a Bella para protegerla; su amigo Jacob Black, que es hombre lobo, intenta ligársela, pero Bella corre a salvar a Edward cuando él cree que ella ha muerto e intenta suicidarse por eso.

Mmmmh. Dos líneas. Pensé que al menos necesitaría tres.

Como ya lo he dicho en innumerables ocasiones, las novelas de la Meyer son basura. Dado el material original, era medio imposible que las películas resultantes no fueran basura también; tendrían que modificar la trama substancialmente para que eso ocurriera, y al parecer los realizadores quieren hacer las películas tan fielmente a las novelas como sea posible.

Consecuentemente, New Moon es basura. Sin duda alguna de las peores películas que he visto este año, y me siento tentado a incluir el año pasado también, pero tendría que competir entonces con Twilight. Que, por supuesto, también fue basura.

De eso no debe quedar duda. De lo que tampoco debe quedar duda, es de que New Moon es encabronadamente entretenida si es que disfrutaron las novelas. Si se pasaron un buen rato leyendo la basura que son las novelas, sin duda alguna se pasarán un buen rato viendo la basura que son las películas.

Pero si no es el caso, huyan de esta película como la peste; les causará náuseas. Y no creo estar exagerando.

Para mí, que sí disfruté las novelas, la película se me hizo fabulosa. En gran medida (y tal vez incluso únicamente) por Taylor Lautner, el actor que interpreta a Jacob Black y que mejora (que no creí fuera posible) al personaje del libro.

De hecho la película hubiera sido perfecta para mí si le cortaran los primeros 20 minutos, y los últimos 30, porque es ahí donde sale Robert Pattinson, que interpreta a Edward. Debo hacer notar que Pattinson no me cae mal; todo lo contrario, me cae muy bien desde que lo vi en la cuarta película de Harry Potter. Es sólo que el personaje de Edward es insufrible a niveles que no puedo ni siquiera comenzar a describir.

En cambio el personaje de Jacob es la neta. Mucho más simpático, mucho más encantador, y muchísimo más interesante que el aburrido y lánguido Edward. Y, en mi muy personal y ligeramente gay opinión, mucho (pero mucho) más guapo.

Es mi parecer que Lautner se roba completamente la película (y por poco a la nena de la misma), y de verdad no puedo creer lo tarada que fue la Meyer al incluir un personaje así, y de cualquier forma hacer que Bella siga con su infatuación infantil con Edward.

He leído a mucha gente alabar la actuación de Kristen Stewart (que me sigue pareciendo chulísima) como Bella, pero la verdad a mí me da risa; Bella tiene básicamente dos emociones: niña caliente, pendeja e insegura cuando está con Edward, y niña llorona, pendeja e insegura cuando no está con él. En cambio Lautner es maravilloso como Jacob Black, mostrando un rango de emociones mucho más amplio y (me parece) mucho más complicado; el amigo alegre y solidario, el pretendiente sufrido y despreciado, el héroe involuntario y aguerrido, el muchacho con el corazón roto que regresa a que se lo sigan rompiendo, una y otra y otra vez.

La película también mejora los efectos especiales de la primera; que no era muy difícil, porque en la primera los efectos apestaban. Las escenas de acción son muchas más y mucho más divertidas; nada más la jauría de hombres lobo hacen que valga la pena ver esta película en el cine. Y el punto más fuerte que tiene la Meyer como escritora (hey, alguno debía tener) se preserva en el cine: los diálogos entre los chavos (cuando Bella no se pone húmeda o llora por Edward) son muy divertidos, y todo el romance entre adolescentes está simpático.

Si las novelas los entretuvieron (que no creo que tenga nada de malo; digo, las películas del Santo pueden ser entretenidas), vayan a ver esta película: se van a divertir. Si no han sabido nada de los libros igual y podrían disfrutarla; tiene acción, buenos efectos especiales y romance adolescente. Pero si los libros no pudieron tragarlos, ni siquiera intenten ver esta película. Saldrán queriendo matar a alguien.

Es benevolencia

Desde hace unos tres años veo House, porque el personaje principal, Gregory House, es probablemente mi personaje favorito en televisión. O al menos ahí se va con William Adama.

Me gustaría pensar que soy un poco como House, pero no me engaño; no soy lo suficientemente listo, ni lo suficientemente desapegado emocionalmente. Pero con el último episodio sí sentí una identificación muy grande con el personaje:

House: I’ve decided what I’m gonna do about Cuddy and Lucas.
House: I’m going to break them up.
Wilson: Of course.
House: It’s given me a purpose in life, a goal, a raison d’etre.
Wilson: Albeit a selfish, mean-spirited, childish raison.
House: I think of it more as benevolent.
House: There’s only two possible outcomes for their relationship.
House: They split, or they stay together forever.
House: If it’s split, then the sooner it happens the better for everyone.
House: If it’s stay, then my meddling won’t matter.
House: In fact, if they survive it, it might even make their bond stronger.
Wilson: How you manage to elevate your narcissism to beneficence
is masterful.

Cirque du Freak: El Aprendiz de Vampiro

Ayer fui a ver Cirque du Freak: The Vampire’s Assistant, básicamente por John C. Reilly. He sido fan incondicional de Reilly desde que actuó en Chicago, y sigo esperando con ansias una película buena donde él sea el protagonista… y de preferencia donde no interprete a un imbécil.

Lamentablemente, Cirque du Freak no es esa película. Y para acabarla de amolar, cometí un error que hacía años no cometía: fui a ver la película en español. Estuve a punto de salirme de la sala, pero dado que el miércoles es básicamente el único día que tengo libre para ir al cine (con lo de los generales y todo), al final decidí verla.

Se aplican las de siempre.

Cirque du Freak: The Vampire's Assistant

Cirque du Freak: The Vampire’s Assistant

Dos adolescentes idiotas va un show de fenómenos, donde uno de ellos detecta que uno de sus integrantes es vampiro. Obsesionado como está con los vampiros, le pide que lo convierta, pero el vampiro se niega porque tiene “mala sangre”. Su amigo mientras tanto roba la araña del vampiro (que al parecer es más inteligente que los dos adolescentes juntos), porque está obsesionado con ellas, y por supuesto termina mordiendo al amigo y poniéndolo en peligro mortal. Desesperado le pide al vampiro el antídoto, y el vampiro accede con tal de que se deje convertir en “medio vampiro” y se vuelva su ayudante.

La trama es tan idiota como suena, si no es que peor. Las actuaciones no sé, porque en español es difícil de detectar, aunque siendo justo el doblaje es soportable. La película es ligeramente entretenida, pero completamente intrascendente. Al parecer está basada en una serie de libros, que me imagino igual de intrascendente porque no había oído hablar jamás de ellos.

Reilly me cae muy bien, pero su sola presencia no creo que valga la pena para ver la película. Ciertamente no en español, al menos. Tan intrascendente me pareció que por poco se me olvida escribir de ella.

Si les medianamente interesa (no creo que nadie muera por ver esta película), les recomiendo que la renten en un par de meses.

Puedo esperar

Mucha gente que me conoce no sabe esto, pero, cuando se me pega la gana, mi paciencia puede ser casi infinita. El pedo, por supuesto, es que de hecho se me pegue la gana.

Como sea, con películas por estrenarse gente como yo no tenemos de otra más que esperarnos; en particular yo nunca compro una película pirata para poder verla antes de que se estrene. Lo que me más gusta de ver un estreno es, en gran medida, ir a verlo al cine.

Dos películas en este momento están poniendo a prueba mi paciencia; la primera es Avatar, de James Cameron, que por suerte se estrenará el 18 de diciembre, en menos de dos meses. He de haber visto el avance unas doce millones de veces, porque está poca madre, y la película se ve muy prometedora.

Avatar

Avatar

Si Cameron hace las cosas bien (que, admitámoslo, generalmente las hace), esta película puede resultar fabulosa.

La otra película, lamentablemente, no se estrenará hasta mayo del año que viene. Me refiero a la durante años esperada adaptación del videojuego Príncipe de Persia. La película en particular estará basada (que no adaptada) en la triología de las Arenas del Tiempo, así que se llamará Prince of Persia: The Sands of Time, y el avance salió hace como quince minutos, pero ya lo he de haber visto como cuatro veces, porque también se ve increíble.

No sólo se ve que pusieron a Jake Gyllenhaal (que siempre me ha caído muy bien) a dar de brincos y hacer maromas todo el tiempo; además varias escenas de verdad parecerían sacadas de los videojuegos. Y no sólo de las Arenas del Tiempo; hablo también de los videojuegos de hace casi veinte años, que yo jugaba en mi 8088 con monitor monocromático verde, y sonidos que salían de la bocinita Lili Ledy, porque entonces ni siquiera existía el concepto de “tarjeta de sonido”.

Prince of Persia

Prince of Persia

Las dos películas se ven muy bien, y pues sólo faltará esperar a que salgan. Por suerte para eso (y para muchas cosas más), sin muchos problemas puedo esperar.

Twitter

Como varios de mis lectores habituales sin duda sabrán, yo no estoy suscrito a Facebook, MySpace, Hi5, Orkut, ni ninguna otra de esas pendejadas. Ya a estas alturas del partido ni siquiera me llegan las invitaciones; mis filtros de SPAM ya están entrenados para clasificar dichas invitaciones como basura.

Las razones por las que me niego a entrar a este tipo de sitios son básicamente cuestiones de principios, y que la idea en general me da mucha hueva. Y está el tal vez no muy importante, pero para mí significativo, hecho de que no me gusta tener cosas mías (mis escritos, mis fotos) en un servidor donde no soy root. El correo electrónico es una excepción; aunque ciertamente no porque yo así lo haya decidido.

Mis fotos las tengo en línea para que la gente cercana a mí pueda verlas fácilmente; pero la misma funcionalidad podría tener si usara Flickr o cualquiera de los otros servicios de hospedaje de imágenes que hay en la red. Mi vida social no la quiero en línea; puedo comentar en mi blog de vez en cuando qué hice, pero ciertamente no quiero poner qué voy a hacer, y mucho menos qué estoy haciendo… y todavía menos espero que mis amigos o conocidos tengan que conectarse a la red para enterarse.

(Hablo, obviamente, del aspecto social del asunto; sí comento en mi blog que estoy haciendo mis exámenes generales del doctorado, pero espero que quede claro que no expero –ni quiero– que nadie me venga a hacer compañía mientras los hago).

Como sea, el propósito que tiene mi blog es para que yo arroje aquí las cosas que escribo. Tengo mis razones para no tenerlo en WordPress.com o en Blogger, pero la verdad es que son razones (desde el punto de vista práctico) bastante débiles; el propósito de mi blog se cumpliría exactamente igual si lo tuviera en esos sitios.

Las razones que tengo en contra de Twitter (y por lo que escribo esta entrada), son todavía más personales y (me parece) sólidas. Twitter tiene todo el aspecto “social” en Internet que me da una hueva enorme (como Facebook o MySpace), el hecho de que la información que uno envía ahí termina siendo básicamente propiedad de los dueños de Twitter, y las características que por principio me hacen despreciar sitios de ese estilo.

Pero la verdadera razón por la que no he tenido nada que ver con Twitter (ni ninguno de los sitios que le son similares), es el hecho de que, como escritor, la idea detrás del sitio me parece casi insultante.

Yo escribo en mi blog por el placer de escribir; siendo completamente honesto ni siquiera me importa (ni me ha importado, ni creo que me llegue nunca a importar) si alguien me lee o no, o si les gusta o no lo que escribo. Escribo por mí, y en gran medida para mí únicamente. La idea de verme restringido a 140 caracteres por entrada no sólo me parece castrante; creo que es el tipo de cosas que fomenta que muchos chavos de ahora escriban cosas como “kiero ir ai a ver ke pasa pq no se ke p2″.

Lo cual incluso se traduce a mis mensajes SMS; creo que soy el único güey que cuando escribe un mensaje de texto por el celular pone acentos, símbolos de interrogación y admiración iniciales, y puntos seguidos y comas.

Twitter no sólo tiene las mismas características que desprecio y me dan hueva de los “sitios sociales” como Hi5 o Facebook; encima de ello es verdaderamente lamentable el tipo de engendros que muchos de sus usuarios producen. Incluso con mi limitado conocimiento de la lengua inglesa me es fácil descubrir los garrafales errores que cometen en el limitado espacio que son 140 caracteres.

Y, para acabarla de chingar, los cometen cada quince minutos.