El compló

Ya me han dejado un par de comentarios al respecto en el blog, y he recibido algunos correos respecto a un supuesto “compló”. La idea del “compló” sería que el “gobierno” de Calderón está utilizando (en los casos más extremos dicen fabricando) la epidemia de influenza como una distracción de la crisis económica, de las cosas que en estos días se están discutiendo, aprobando o rechazando en la Cámara de Diputados, etc.

Mientras que no dudo que traten de utilizar dicha epidemia como cortina de humo para tapar los numerosos y graves problemas que de hecho ocurren por sus propias estupideces, lo cierto es que la epidemia es real, y se está convirtiendo rápidamente en pandemia… no que eso último nos afecte mucho, dado que fuimos el primer país en presentar infectados y muertos.

Sí me creo que estos tarados se inventarían muchas cosas para distraer la bola de pendejadas que han estado haciendo (cada vez más y más estúpidas); pero en primer lugar no creo que sean lo suficientemente inteligentes como para inventarse algo como esta epidemia, y en segundo lugar es una cosa completamente distinta incluir en un “compló” a la OMS y media docena de otros países en el resto del mundo.

La epidemia es un hecho; la OMS acaba de aumentar la alerta a nivel cinco (que, de nuevo, dado que somos el país con los primeros casos eso no nos afecta realmente), y varios otros países han presentado casos de la misma cepa del virus. Desconfíen todo lo que quieran del “gobierno” de Calderón (yo jamás sugeriría lo contrario, y mis lectores habituales lo saben), pero sigan las recomendaciones (que además son de sentido común): usen tapabocas si hacen uso del transporte público; eviten el contacto físico todo lo que puedan; lávense las manos constantemente y no se las lleven a la cara.

También me molesta el tono de varios de esos correos y comentarios, comentando que la población (en particular la gente de la Ciudad de México) nos hemos “tragado” el “cuento” de la influenza cuando “obviamente” es un “compló”. Bueno pues, pregunto de nuevo; ¿de verdad creen que somos idiotas o qué?

Si estos tarados quisieran aprovechar esto para propósitos más nefastos, por ejemplo el tratar de imponer una cuarentena militar, entonces sí ya verían cómo reaccionaríamos aquí en la Ciudad. Nada más que lo intenten, me gustaría ver.

Mientras tanto no contribuyan a la histeria estúpida e improductiva gritando “¡compló!” cuando tenemos una crisis sanitaria real en nuestras manos, y necesitamos que entre todos trabajemos para contenerla.

La Ciudad aletargada

Hoy salí a comer con mi amiga Mónica. Como era de esperarse el tráfico era muy reducido, y la mayor parte de la gente que vi en las calles traían puesto un tapabocas.

Anduvimos dando vueltas por varias partes; en primer lugar porque no había muchos lugares para comer abiertos, y en segunda porque tenía cosas qué hacer en Ciudad Universitaria (igual que la Ciudad, aletargada pero viva) y en Tlalpan.

Y he aquí porqué me gusta tanto esta Ciudad de México que tanto quiero; no es la arquitectura, no es el número de restaurantes, cines y teatros.

Es la gente.

La gente que vi, aunque algunos sin duda alguna preocupados, seguía tranquilamente su rutina normal (o tan dentro de lo normal que se puede estar cuando somos el epicentro de una alerta de pandemia nivel cuatro, según la OMS). No histeria, no pánico. Siempre lo he dicho; la gente de esta Ciudad es de las más cívicas de todo el país.

Incluso fuera de los hospitales (pasé cerca del complejo de hospitales de San Fernando) vi a la gente haciendo cola tranquilamente para ser atendidos o esperando familiares, platicando, algunos incluso bromeando.

Las grandes tragedias siempre han sacado lo mejor de la gente de esta Ciudad. Ahora no sabemos exactamente cómo va a acabar todo esto, pero aquí la mayoría (que no todos; nunca faltan histéricos y alarmistas) está sosteniendo las cosas de la mejor forma que puede.

Hasta chistes hacen al respecto (como siempre; es parte de lo que los mexicanos hacemos).

¿Qué le dijo la Ciudad de México a la Influenza?

“Mira cómo tiemblo.”

La novela

Mi novela por fin ya tiene su propia página, donde pueden bajarla en PDF si así lo desean e imprimirla si quieren contribuir a matar arbolitos.

Sólo les recuerdo que la novela se distribuye bajo la licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-No Derivadas 2.5 México, lo que básicamente quiere decir que pueden hacer lo que quieran con ella, siempre y cuando se me atribuya claramente como el autor, no traten de ganar dinero con ella, y no la modifiquen de ninguna manera.

Todo ello es negociable si lo discuten directamente conmigo; si alguien quiere publicarla en papel y tratar de vender las copias impresas (por ejemplo), yo puedo dar permiso explícito para ello, pero tienen que negociarlo conmigo. Otro ejemplo es si alguien quiere traducirla a otro idioma; en tal caso también deben pedirme permiso directamente antes de distribuir la versión traducida.

Pero en cualquier caso todo eso son cuestiones técnicas; si sólo quieren leerla y (espero) disfrutarla, por favor háganlo.

Casa

Llegué ayer a mi hermosa Ciudad, pero por alguna razón Xochitl no respondía y entonces no pude escribir hasta hoy.

Regresé del que fue, sin duda alguna, el viaje de mi vida y no puedo alcanzar a explicar lo mucho que significó para mí y lo bien que me lo pasé. Creo que regreso distinto a como me fui, y (todavía más importante) creo que el cambio fue para bien.

De Europa no me queda mucho más qué decir; quiero regresar, y espero poder hacerlo pronto. Pero más que los lugares que visité, lo que sin duda fue lo mejor de este viaje fue la gente con la que visité dichos lugares; la gente que conocí, los nuevos amigos, los nuevos colegas.

También puedo sin muchos problemas calificar cuánto me gustaron las cuatro ciudades que conocí en Europa; me gustó más Madrid que Barcelona, y me gustó más Londres que París. Eso no quiere decir que París y Barcelona no me gustaran; me encantaron… sólo me gustaron más Londres y Madrid.

Además, y sin duda alguna, me sigue gustando más que todas mi hermosa Ciudad de México, que no tienen idea de qué feliz me hizo regresar a ella. Casi brincaba de gusto en el avión. Este viaje me convenció de algo que yo ya sospechaba; mi Ciudad no tiene nada qué pedirle a cualquier otra ciudad grande del mundo. Y en lo particular para mí sigue siendo mi preferida.

(Ahora voy a esperar con paciencia a los tarados que quieran convencerme de que estoy equivocado, que cómo puedo preferir a la Ciudad de México, cuando por definición estoy en lo correcto porque estoy hablando de mis gustos… pero está bien, voy a ignorar alegremente todos esos comentarios).

Ah, y sólo para acabar de hablar de los lugares: estoy muy contento de (casi) sólo haber ido a ciudades. No tengo el más mínimo interés en conocer pueblos; yo soy de ciudad (y de la Ciudad de México), y en las grandes ciudades me siento siempre a gusto. Los pueblos de verdad no es lo mío (y eso que al único que fui era particularmente bonito).

El viaje fue significativo, repito, por la gente que ahí conocí. Pero también entendí que la gente de Europa es básicamente igual que la gente en México, o Los Ángeles, o (supongo) cualquier otra parte del mundo. Claro que las personas de cada nación y ciudad tienen sus propias idiosincrasias; pero en lo que importa (o al menos lo que a me importa), todos nos comportamos básicamente de la misma manera. Y me cayeron bien los europeos porque se cruzan los altos si ven que no viene ningún carro.

Así que concluyo repitiendo que este viaje fue maravilloso, y en gran medida por toda la gente con la que conviví en él. Y aunque me encantó Europa y espero regresar, si me preguntan mi opinión sincera del Viejo Continente yo voy a responder como Fermina Daza en El Amor en los Tiempos del Cólera.

Es más la bulla.

La Ciudad Luz

Después de cuatro agitados (y cansados) días en Londres, ahora estoy en París, con mi buena amiga Hilda.

Mi plan original de pasar cuatro días en Londres y cuatro en París para aprovechar al máximo mis 90 días en la Unión Europea (no puedo estar más de 90 días seguidos sin pedir visa) suena ahora un poco idiota, porque descubrí al entrar a Inglaterra que de hecho ya había salido de la Unión Europea. Lo que quiere decir que, si así lo hubiera querido, me hubiera podido quedar semanas en Londres y semanas en París.

Pero la verdad no me arrepiento; no sólo porque no quiero abusar de la hospitalidad de mis anfitriones, sino además porque la verdad ya estoy agotadísimo. Las demandas del viaje se han ido acumulando, y ya ahorita ando como zombie no importa cuánto tiempo duerma (que de todas formas tengo que dormir poco para aprovechar mis días aquí). Así que espero ya con ansias regresar a México y poder descansar indiscriminadamente al menos una semana.

Pero mientras hoy tocó la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo (otro cuantos cientos más de fotos a las miles que se han acumulado durante este viaje), y mañana será el Louvre; si me da tiempo Notre Dame también. El viernes ya veré qué escogeré de las decenas de opciones que tengo disponibles.

Luego el sábado veré algunas cosas más, y en la tarde volaré de regreso a Barcelona donde veré a mi cuate y colega Ruy, y supongo que nos emborracharemos en el Irish Pub y terminaremos la noche en el Shabby Place. Y el domingo en la mañana de regreso a México.

Como ya se acabó mi novela, no espero escribir nada más hasta que vuelva a México; el PDF de la misma y la página especial que haré para ella tendrán que esperar también. Así que no se extrañen de ver esto ligeramente abandonado unos días.