Harry Potter and the Deathly Hallows

El viernes en la noche fui a una fiesta. La idea era escabullirme a la media noche e ir por el libro de Harry Potter; pero la reunión se puso bastante buena, y terminé llegando a mi casa a las cinco de la mañana.

Al otro día como a las doce me levanté y compré sin mucha ceremonia el libro en el Sanborn’s que está a unas cuadras de mi casa. Por supuesto, había visitas y mi hermano quería que lo ayudara a configurar unas cosas en la PocketPC que se acaba de comprar, así que sólo pude leer el libro a cachos hasta la noche, cuando ya me pude sentar a leer sin interrupciones.

A las seis de la mañana me faltaba como la cuarta parte, y decidí dormirme. Quería tener bien mis cinco sentidos para el final, y oh, sí, valió la pena: me levanté como a las diez, y a las dos de la tarde había terminado el libro.

Mi reseña está aquí. Sólo léanla si ya leyeron el libro; cuento básicamente todo.

Pero, ¿en resumen?

Perfecta.

Y ahora puedo volver a leer noticias; no había leído nada en la red temiendo averiguar el final antes de leer la novela.

Funcionó.

See you later, alligator…

Mañana (u hoy mismo, mejor dicho) regreso a México.

Es gracioso; creo sinceramente que hubiera podido seguir aquí sin broncas mucho más tiempo, pero el hecho de saber que tenía que regresarme, de alguna manera causó que me dieran muchas ganas de volver; y más conforme se acerca el día del retorno.

Aprendí un montón y saqué suficiente para mi tesis; no está terminada, y a mi teorema le falta un cachito, pero creo que el avance es más que sustancioso. Más si consideramos (como le platicaba a Omar) que básicamente mi objeto de estudio son las matroides orientados de grado tres, y que al llegar aquí no sabía qué era una matroide, tampoco qué significaba que estuviera orientad, menos qué era su grado, y por poco tampoco qué era tres.

Dado el ritmo de trabajo y la presión constante de que teníamos el tiempo encima, hubo un montón de cosas que no hice. La más triste es que no fui a San Francisco; pero son siete horas en autobús (mínimo; pueden ser más), y sencillamente no alcanzaba el tiempo (o el dinero). También por lo mismo hubo muchas cosas que no platiqué en el blog.

Como por ejemplo que soy tan ridículo que en el avión de venida venía cantando “México lindo y querido”. O de la caída que hizo que perdiera dos centímetros cuadrados de piel en las palmas de mis manos (esa no fue graciosa). O de la señora Knowles, la dulce viejecilla que por error terminó recibiendo el paquete de DHL con mi tarjeta de débito de repuesto de la beca. Ah, y que perdí mi tarjeta de débito de la beca.

Tampoco del clima, o de las hermanitas nalga-dura, o de los juguetes que compré, ni de que aproveché para ponerme al día en ciertos comics. De las novelas que leí, de los fines de temporada de alguNas series, de la tina del baño que se tapaba, o de muchas, muchas cosas más.

Lo cierto es, no tenía mucha energía para escribir en el blog. Ahora mismo estoy molido, pero quiero escribir esta entrada mientras estoy en el gabacho, y mañana en la mañana ciertamente no podré. Me voy a tomar una semana donde descansaré de absolutamente todo, aunque tal vez escriba de ciertas cosas (Harry Potter, en particular).

Por ahora me preparo para irme de California, bastante contento de regresar a México, pero no puedo dejar de pensar en Ciudades Desiertas de José Agustín (una de las novelas que leí aquí… de nuevo, porque esa también la he leído como quince veces), y en la escena que ocurre justamente cuando Eligio llega al punto de estar hasta la madre de los Estados Unidos:

Cuando ya había bebido doce exactas cervezas, todo le irritaba. Los amigos de la amiga de Irene habla­ban a grandes voces, gesticulando; discutían de los ac­tos inanes del presidente Reagan, decían que vivían la puerta del fascismo, del superfascismo considerando que Estados Unidos es una superpotencia. Estos niños, pen­só Eligio, en el fondo siguen creyendo que este inmenso refrigerador es el mero cabezón del mundo, y que así ha de ser por siempre, pobres pendejos. Pero descubrió que no le irritaba lo que decían los chavos, sino que hablaran en inglés, a ver, ¿por qué hablaban inglés si él estaba allí?, e incluso pensó que estaba loco cuando Su­sana lo había persuadido de que Carroll, Joyce y Nabokov habían hecho brillar la lengua inglesa. El inglés ya lo tenía hasta la madre y también todos esos hotelitos de biblias esterilizadas, y también todos esos cuates que, aunque eran buena onda, de hecho eran la mejor onda que había encontrado en Estados Unidos, eran demasia­do gringos, demasiado uniformes incluso en el unifor­me. Podría estar bien lo que decían, pero no los aguantaba. De pronto lo incendió un deseo ardiente por estar en México, y ver gente prieta, con los pelos lacios y mal domados, cualquier, cualquier jodido ensombrerado en una bicicleta con una bolsa de mandado llena de herra­mientas y un radio-grabadora al hombro y tenis canadá en vez de huaraches, deseó ver un mercado mexicano con puestos de bofe y cabezas de cerdo, con charcos y perros flacos, y ya no los supermercados enormes, asépticos, con ambiente de banco y sus cajeras tan pro­gramadas como las computadoras que sonreían al decir hi, how are you today!, quiso ver a dos visitadores médi­cos bien, pero bien ahogados de alcohol diciéndose me cae compadrito que yo a usted lo quiero, y no soy puto, ¿eh?, quiso ver a la esposa de un policía planchando los billetes de ínfimos sobornos, a una familia de madre gorda, marido cervecero y catorce hijos en una primera comunión, quiso entrar a buscar libros de teatro en una librería de viejo, pelearse con un agente de tránsito que exigía una mordida descomunal, leer un periódico donde se criticara al gobierno, porque ya no aguantaba nada de lo que había allí, y lo peor era que llegase a él tanta intolerancia cuando se hallaba con chavos que podían ser buenos amigos, que eran afines, inteligentes, con quienes se podía intentar hablar de algo que no fueran lugares comunes o recetas infalibles de buen gusto intelectual, carajo, lo que daría por ver un puesto de pepitas, a un miserable tragafuego en una esquina, a un chavo campesino que sueña con una bici­cleta, ya no quería: le urgía regresar a México, porque Estados Unidos ya no le daba nada, ahora le succionaba, como vampiro, toda su vitalidad, su jovialidad, su buen humor, su ingenio, su energía y lo tenía retorciéndose como viejo neurótico que hace su escenita porque no soporta ni que vuele la mosca; quería, en lo fundamental, encontrar a Susana y acostarse con ella ni siquiera para hacer el amor sino para entrepiernarse con alguien que no tuviera pe­los en las pantorrillas ni en los sobacos; necesitaba a Susana, pero ella había demostrado que era la más fuerte, la más dura, y sabría Dios dónde estaría, y con quién…

Por supuesto, yo no vine a buscar a mi media toronja que se me peló porque necesita “encontrarse a sí misma”; en tal caso me parecería más a Susana, que fue unos meses a estudiar al gabacho. Pero no entremos en mi vida emocional, porque ni quiero hablar de eso, ni es de eso esta entrada.

No estoy, como decía, como lo estaba Eligio: hasta la madre y quemándome por regresar a México. Pero aún ahora, veinticinco años después de que José Agustín escribiera mi segunda novela preferida, su ácida e inmisericorde crítica de los gringos sigue teniendo muchos puntos válidos, y en mi caso creo que la mayoría que no se aplican es sencillamente porque estuve estos meses rodeado de banda latina y chicana. Que por cierto, jamás había estado tan orgulloso de ser latinoamericano en general, y mexicano en particular, que cuando viví en Los Angeles, California. Pero eso es material de otra entrada.

Tampoco estoy que ya no aguante regresar a México; repito, creo que si mi estadía hubiera sido más prolongada, yo no hubiera tenido problema con ello. Pero sabiendo (como sé) que tengo que regresarme ya, sí me identifico con muchas de las cosas que Eligio extrañaba. Y por eso lo primero que haré una vez que haya desempacado, es ir por unos tacos de suadero, con harto pasto pa’ la flora y fauna intestinal.

Me voy de California; algo cansado, algo frustrado porque creo que pude haberle sacado más a la estadía (aunque me queda claro que sentiría eso no importa cuánto le hubiera sacado), pero bastante contento de la experiencia que me mostró, entre otras cosas, que no voy a tener problemas cuando vaya a hacer mi doctorado a quién sabe dónde.

Los veo del otro lado de la frontera.

Harry Potter y la fuga de información

Y por fin lo consiguieron: alguien de alguna manera consiguió una copia del séptimo libro de Harry Potter y le sacó fotos (legibles) a las primeras 495 páginas. Que por cierto, qué hueva hacer eso. Uno de mis lectores puso la liga al archivo con las fotos en mi entrada de Harry Potter, por si quieren seguirla.

Dicho esto, creo que sería absurdo hacerlo. Las fotos fueron tomadas a la carrera sobre el piso (se ve claramente la alfombra y el zapato de alguien, sospecho que el que le hacía guardia al que sacaba las fotos), y aunque son legibles, realmente lo son por poco. Y, para acabar, no está el libro entero.

Ya bajé yo el archivo y puedo ver (entre otras cosas) el índice entero. Pero no lo he hecho, y no lo pienso hacer. En primera tengo suficientes cosas que hacer con eso de que regreso a México pasado mañana; y en segunda de verdad creo que sería absurdo: faltan cuatro días para tener el libro físicamente en mis manos, y leerlo con calma sentado en un sillón con una bebida caliente a la mano, y no enfrente de la computadora tratando de descifrar una palabra porque cierta foto salió borrosa y sobreiluminada.

La liga está en mi entrada de Harry Potter, por los últimos comentarios. Quien quiera bajar el archivo .rar y leer el libro así pues que lo haga; yo me espero hasta el sábado.

Actualización: Supuse que sería más completa esta entrada si de hecho pongo una de las páginas fotografiadas del libro:

Harry Potter and the Deathly Hallows

Harry Potter and the Deathly Hallows

Si temen spoilers no se preocupen, pueden hacerle click a la liga sin miedo: es sólo la página con el título. Pero lo importante es que es the real deal.

Sólo repito que yo me voy a esperar al sábado.

Harry Potter and the Order of the Phoenix

Fui ayer a ver Harry Potter and the Order of the Phoenix. Se aplican las advertencias de spoilers de siempre.

Harry Potter and the Order of the Phoenix

Harry Potter and the Order of the Phoenix

La verdad no estaba muy emocionado por esta película que digamos. En primer lugar, porque falta exactamente una semana para que salga el séptimo y último libro; y aunque en verdad he disfrutado mucho las películas, lo que de verdad quiero es saber qué carajo ocurre con el final de la historia. Y en segundo lugar, porque lo que había alcanzado a leer acerca de la película no me generaba mucha confianza.

Sin embargo, no habían pasado unos cuantos minutos de la función, y yo ya estaba encantado. Es sin duda mi favorita de las cinco películas de Harry Potter. Es fabulosa.

, le cortan, mueven, revuelven, añaden y demás a la historia, pero era obvio que tenían que hacer algo así. Es otro medio, muy distinto al de los libros; y si hubieran intentado meter toda la historia/escenas/diálogo del libro en la película, hubiera resultado larguísima y (peor aún) aburridísima. Las primeras dos películas por poco caen en eso.

(Ahora, si quieren ver toda la historia de Harry Potter en un medio distinto a los libros, yo sigo diciendo que alguien debe ponerse a hacer una animé de la serie; podrían hacer una temporada por libro, y cabría todo, además de que bien hecho sería el animé más exitoso de todos los tiempos).

Lo importante es que la película destila las partes escenciales de la historia, y captura (creo yo) el espíritu de la misma. Realmente no tengo objeciones contra la película; sin duda es la que más me ha gustado y la considero tan cercana como humanamente es posible a ser perfecta. Así que sólo hablaré de lo que me gustó, porque lo que no me gustó es muy poquito y lo podemos ignorar.

En primer lugar las nuevas actrices: Imelda Staunton, Evanna Lynch y Helena Bonham Carter. La primera es fabulosa como Dolores Umbridge; en los libros la Rowling la describe físicamente desagradable. Staunton no lo es, pero consigue hacer que el personaje sea aún más detestable que en las novelas. Y juro que es idéntica a varias maestras y prefectas mías en secundaria, estrechez de criterio incluido.

Evanna Lynch es perfecta como Luna Lovegood. Es tal vez demasiado guapa, y con una sonrisa tal vez demasiado coqueta; pero quitando eso (que, hey, yo no me quejo), es idéntica al personaje de las novelas. Su ritmo y tono de voz es tal cual me los imaginaba, y pela los ojotes justo como se describe en los libros.

Desde que supe que Helena Bonham Carter iba a salir como Bellatirx Lestrange, yo preví que me iba a encantar su actuación, y no me decepcionó. Pero además de en verdad parecer loca de hospicio, la Bonham Carter le da a su personaje un tinte lascivo… casi sucio por no poder encontrar un mejor término. Me encantó: lástima que haya salido tan poquito tiempo.

En sets y efectos especiales: el ministerio de magia es increíble como rebasaron incluso mi imaginación cuando leí las novelas, y el departamento de misterios es en particular fabuloso. La escena del escape de los death-eaters es muy buena, y la pelea en el cuarto de la muerte es fabulosa: la idea (completamente inconsistente con el canon de las novelas, pero no importa) de que los death-eaters se mueven y atacan como nubes oscuras, mientras que los miembros de la Orden lo hacen como nubes luminosas es visualmente espectacular y la batalla es particularmente emocionante.

Pero el punto donde vi que esta película me había conquistado completamente fue en la pelea entre Voldemort y Dumbledore. Cuando la leí en la novela, yo estaba literalmente al borde de la silla, temblándome las manos conforme cambiaba las páginas del libro. En la película estaba todavía más emocionado; la pelea es magnífica, y me alegro mucho que Michael Gambon haya sido el actor que la interpretara; Richard Harris no hubiera podido a su edad haber logrado el mismo efecto dramático. Pero además la escena donde Harry (de forma más explícita que en la novela) utiliza el cariño que siente y del que es objeto por parte de todos sus amigos para escapar de la posesión de Voldemort, y mientras lo hace pasan escenas de todas las otras películas se me hizo (por mucho) el cénit de esta. Maravillosa.

Por si eso no fuera suficiente, Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma Watson han madurado mucho; físicamente y como actores. La Watson está muy guapa, además de que creo que es la que mejor actúa de los tres, aunque tal vez sea difícil verlo porque sin duda el personaje, los guiones y los directores han encaminado todo a que Radcliffe sea el que más se luzca. Que lo consiguen: el chavo es un gran actor, y lo muestra en esta película. Me gustó además como trataron a Rupert Grint; en las tres primeras películas era vergonzoso como lo usaban todo el tiempo sólo para alivio cómico, y aunque mejoró un poco en la cuarta película, aquí de verdad se ve como en los libros: el amigo fiel hasta la ignominia o muerte (lo que venga primero). Cuando Harry tiene la alucinación de que Sirius está siendo torturado por Voldemort, Hermione (como en las novelas) se muestra dudosa de lanzarse al ministerio de magia. En las novelas Ron trata de justificar por qué Harry podría tener razón; pero en la película lo resumieron de una forma fabulosa: cuando Harry dice que es igual que cuando soñó que atacaban al señor Weasley, Ron sólo dice “what do we do?”. No discusiones, no dudas: sencillamente preguntando cómo pueden ayudar a su amigo.

La película me encantó, y creo que sin duda es la mejor de las cinco. Además es la más corta, y sin embargo no se siente que el director estuviera correteando a los actores todo el tiempo (como en la cuarta). Fabulosa; váyanla a ver, después vuelvan a verla, y luego compren el DVD. Esta película lo merece.

Ni los veo ni los oigo

Acabo de ver esto en la Wikipedia:

Rowling made a public request that anyone with advance information about the last book should keep it to themselves to avoid spoiling the reading experience for the many fans who do not want to know the ending in advance. Much speculation about the plot has been reported in the weeks leading up to the book’s release.

Eso quiere decir que, probablemente, los rumores de que hay información verdadera de lo que va a ocurrir en el séptimo libro son ciertos.

Yo he estado aprobando comentarios en mi entrada de Harry Potter, pero casi sin leerlos, y así seguiré hasta que salga el libro (una semana + un día). Fuera de eso, no estoy leyendo nada en ningún tipo de foro o sitio de noticias de Harry Potter: considero el riesgo de spoilers muy alto. Repito: llevo esperando dos años este libro; no lo voy a arruinar cuando falta poco más de una semana.

A los que vayan a comprar el libro el sábado 21 (ya sea como yo a las doce de la noche, o durante el transcurso del día), les recomiendo que dejen de ver y/o buscar noticias de Harry Potter. Incluyendo mi blog; a menos que no les importe enterarse de qué ocurre antes de leer el libro, claro. Sé que suena extremo, pero creo que es la única forma de garantizar que no echarán a perder la sorpresa.

A los que no piensan/pueden leer el libro en inglés; va a estar muy cabrón que no se enteren de lo que ocurre antes de que salga el libro en español. En todos lados van a poner quién muere, quién traiciona a quién, quién se casa con quién, etc. Yo lo voy a poner aquí, en mi blog. Así que de verdad les recomiendo que al menos intenten leerlo en inglés, o que se escondan debajo de una piedra hasta que aparezca la traducción.

Casi no estoy leyendo los comentarios relacionados con Harry Potter; los revisaré con calma después de que haya leído el libro.

Yo sí confío en Snape

Faltan once días para que salga el libro (diez, si tomamos en cuenta que estaré en horario de la Ciudad de México cuando eso ocurra). Por ello, sólo quiero decir lo siguiente:

Confío en Snape

Confío en Snape

Confía en Snape

Confía en Snape

Confío en Severus Snape

Confío en Severus Snape

No juzguen todavía a Snape

No juzguen todavía a Snape

Snape es inocente

Pepe el Toro Snape es Inocente

Si alguien encuentra más imágenes del estilo en la red, por favor dejen un comentario con la liga. Voy a ejercer mis cualidades dictatoriales, y en esta entrada se suprimirá de la forma más antidemocrática y represiva que exista cualquier comentario que trate de justificar que Snape es malo.

En unos días más (cuando regrese a México) escribiré una entrada más detallada de porqué confío en Snape (y otros pormenores del séptimo libro); pero por ahora sólo diré que yo sí confío en Snape.

Y a los que digan lo contrario: no oigo, no oigo, soy de palo.

Transformers

A raíz de lo que pasó el miércoles (no, no he contado qué pasó el miércoles, y no, no lo voy a contar todavía), fui ayer a ver Transformers.

Se aplican etc.

Transformers

Transformers

Verde. Creo que es la mejor película de acción que he visto este verano… aunque claro, sólo he visto cuatro. Como sea, la película está chingonsísima.

Pero antes de entrar en detalle en porqué Transformers está chingonsísima, quiero adelantar que la película valdría la pena únicamente por Megan Fox.

Megan Fox

Megan Fox

Es increíblemente hermosa. Ridículamente hermosa. Estúpidamente hermosa. No digo que esté sabrosísima (que lo está), digo que es hermosísima. No puedo creer no haberla visto en alguna de las series de televisión donde ha participado.

Durante cinco minutos la película pierde el tiempo básicamente enfocando su ombligo, y yo digo que son los cinco minutos mejor perdidos de la historia. Es más; creo que vería una película entera que consistiera en enfocarle el ombligo, con algunas pausas desviándose a sus ojos y sonrisa.

La pobre niña no puede actuar un carajo, pero no importa: su sola presencia ilumina la pantalla. De verdad creo que valdría la pena la película nada más por ella.

Pero bueno; sacado eso de mi sistema, regresemos a la película.

Transformers, antes que nada, es una película que de verdad intenta darle gusto a los fans de las caricaturas de hace veinte años (dícese, gente como yo). Cuando Optimus Prime aparece y se transforma por primera vez, yo volví a tener diez años y a sentirme como cuando jugaba con mi trailercito rojo que se transformaba en robot a esa edad. La película de verdad consigue (al menos conmigo, y por lo que vi con la enorme mayoría de la audiencia) transmitir esa idea que tal vez no haya mejor forma de explicarla que lo que dice el actor Shia LaBeouf en su papel de Sam Witwicky: “es un carro… pero también es un robot”.

Por supuesto, así nada más suena estúpido; pero cuando uno tenía diez años realmente era difícil superar eso.

En el aspecto técnico la película es impecable; los malditos robots parecen estar ahí. Las transformaciones son creíbles, tienen un aspecto casi líquido de lo fluidas que son, y en general todos los efectos especiales por fin me volvieron a hacer decir “verde… eso sí es novedoso”.

Shia LaBeouf es maravilloso; desde que lo vi en Constantine me había caído bien, pero aquí de verdad se luce. Es atolondrado, divertido, adorablemente torpe cada vez que está cerca de la reina, y creo que será un muy buen comediante dentro de poco. Toda la escena cuando está buscando los lentes de su abuelo en su casa, mientras los Autobots destruyen el jardín y sus padres descubren que una mega reina está en su recámara es hilarante.

Kevin Dunn y Julie White también son fabulosos como los padres, y John Turturro aparece en un casi cameo sobreactuando formidablemente y divirtiéndose como Enano con E mayúscula. Megan Fox como ya dije es incapaz de actuar ni siquiera como el mega cuero que es, pero no importa porque está orgásmicamente hermosa. Y sí, ya sé que “orgásmica” no existe en español (según la RAE); pero debería, y al lado de su entrada en el diccionario debería estar una foto de Megan Fox.

Además de ellos aparecen un montón de personajes que no tienen la más mínima profundidad y que hacen cosas de forma completamente increíble si no es que de plano ilógica: Jon Voight es un secretario de defensa que se encierra en un sótano y le dispara de escopetazos a un mini transformer; Rachael Taylor es una super modelo australiana que quieren que creamos es una experta en ¿qué?, ¿señales?, ¿criptografía?, ¿hacerse piercing en la nariz…? Pero además no importa, porque resulta que es una inútil y le va a pedir ayuda a Anthony Anderson, que vive con su abuela y juega X-Box, entonces debe ser un super hacker; Bernie Mac es el vendedor de carros más ridículo de la historia; y por último un puñado de soldados gringos que tampoco actúan de forma muy racional que digamos: de repente su capitán decide (así de la nada) subordinarse para ayudar un niño que es “amigo” de uno de los robots que parecería quieren destruirnos a todos.

Por suerte todo esto ocurre como en el minuto y medio que no hay acción: y además es una película de robots gigantes basada en una caricatura de hace veinte años. Para mí realmente no demerita en nada a la película; lo realmente sorprendente es que no fueran así todos los personajes.

Además de toda la acción (que es mucha y magistralmente realizada), la película es honestamente divertida. Los chistes no son sosos, ni forzados, ni terriblemente estúpidos. Algunos son medianamente estúpidos, pero ninguno es terriblemente estúpido.

Y, ¿ya había mencionado que sale Megan Fox y que está filantrópicamente hermosa?

Megan Fox

Megan Fox

(Y sí, ya sé que “filantrópicamente” no tiene sentido, pero se me acaban los adverbios de modo).

Es una excelente película de acción; la mejor que he visto en el verano. No es una obra de arte, no es (ni lo intenta ser) profunda, y no va a cambiarle la vida a nadie. Pero durante las más de dos horas que dura la película, yo volví a ser niño y disfruté con los ojos muy abiertos y genuinamente apantallado como un montón de robots enormes se daban en la madre de forma casi bestial.

Y nada más por eso vale la pena esta película.

(Bueno… excepto en las escenas donde salía Megan Fox mostrando el ombligo; ahí más bien me sentí como de dieciséis años…)

“Please keep your hands out of your pockets, sir…”

Yo: Look, I just stayed here studying during the night in the cubicule of professor Fernandez (en ese momento meto mis manos a los bolsillos de mis bermudas para sacar las llaves del cubículo)…
Policía (en tono educado, pero firme, y sin quitar la vista de mis manos): Please keep your hands out of your pockets, sir…
Yo (alejando lentamente las manos de mis bolsillos) : Okeeeey…

Y después de eso fue que me cachearon.

Menos chido

Menos chido: Quedarse dormido en el sofá del salón de profesores, y al salir del baño ver a dos policías esperando para interrogarme muy despacio y muy detalladamente que qué carajo hago durmiendo en la universidad.

Lo peor del caso, es que todo el tiempo me siento apenado porque la idea orginal era no dormir.

Menos chido aún: Que haya dejado mi identificación de la CSUN en el cúbiculo de Silvia, y tener que subir cuatro pisos con dos policías que me miran como si me creyeran nadita.

Al menos no me esposaron, aunque no me salvé de de la cacheada.

Chido/no chido

No chido: Estar a las 2 de la mañana en la universidad trabajando.

Chido: Que cuando me de hambre haya un McDonald’s abierto las 24 horas a dos cuadras.

No chido: Que únicamente haya un McDonald’s abierto.

Menos chido: Que tenga que hacerle señales a los empleados de dicho McDonald’s porque no tengo carro y la máquina para hacer pedidos me ignora.

Chido: Que al salir del elevador un negro que me saca 20 centímetros de altura y probablemente me doble la masa muscular, diga que yo “scared the shit out of him”.

Primera cosa que haré al llegar a la Ciudad de México: ir a comprar tacos de suadero en la madrugada.