Lienzos

Estaba leyendo Planet GNOME (o Planet Classpath, es igual), y me encontré con esta entrada de Andrew Cowie, donde menciona un hilo de discusión en la lista de desarrollo de Gtk+, donde intercambian ideas acerca del futuro de un posible GtkCanvas.

Se menciona a HippoCanvas (el que están utilizando para la interfaz Azúcar del proyecto OLPC), GooCanvas, y Criawips CriaCanvas, o CCC, que es el que uso para Geom. Todos utilizan Cairo, como debe de ser.

La discusión es en sí interesente; pero lo es particularmente para mí porque si Gtk termina incorporando alguno de esos lienzos, me gustaría que ese fuera el que Geom utilizara. Yo elegí CCC porque Sven de mostró muy accesible conmigo y porque (básicamente) me ha funcionado; pero creo que el diseño de Geom es lo suficientemente flexible como para cambiar el lienzo sin muchos dolores de cabeza.

Sin embargo, también me di cuenta de algo que tal vez era obvio desde hace algunas semanas, pero que yo no había confrontado: no tengo tiempo para Geom ahorita. Y probablemente no lo tenga mientras esté aquí en gringolandia.

Así que voy a pausar el desarrollo de Geom oficialmente (llevaba un mes detenido de forma extraoficial de cualquier modo). Si alguien quiere seguirle avanzando sólo necesita escribirme un correo; pero dudo que sea el caso porque el proyecto era muy joven. Como sea, yo seguiré programando en Geom (y tal vez CCC) en el futuro; sólo ahora no tengo el tiempo.

De paso, en tres meses tal vez CCC ya esté mucho más avanzado y estable (lo que sería de gran ayuda), o incluso ya exista un inicio de lo que será GtkCanvas. Quien sabe.

Más vale…

Con Armando, mientras cortaba el pollo para mi primer experimento (y debo decir que exitoso, si se me permite) de hacer pasta, cuando descubrí que la cocina viene con una tabla para picar incluida, que se saca y mete de la alacena:

Yo: ¿Ya viste la tabla? Está poca madre; se puede sacar completamente.
Armando: Pues más le vale que esté poca madre; pagamos una fortuna.

He estado haciendo de comer casi diario, y aunque el número de platillos que conozco es muy limitado y crece lentamente, también es cierto que me han quedado razonablemente ricos. Aunque uso cosas ya preparadas en lata/sobre/caja siempre que puedo.

“Es como andar en bicicleta”

El refrán va en el sentido de que andar en bicicleta no se olvida. Creo.

El punto es que Bernardo y Silvia nos prestaron unas bicicletas viejitas que tenían, y después de comprarles cámaras nuevas, Armando y yo podemos andar ahora en bicicleta.

Es un gran alivio; nos estaba quitando mucho tiempo ir a pie a todos lados. Y además, vamos a hacer unas piernotas. Espero.

Pero volviendo al refrán; es cierto. Yo hacía (fácil) diez años que no me subía a una bicicleta. Y exceptuando un par de segundos de titubeo mientras mi cuerpo recordaba, comencé a manejarla sin ningún problema casi inmediatamente. Nunca fui un experto ciclista, pero todo lo que sabía hacer lo sigo sabiendo, y ni me fui de hocico al suelo ni atropellé a nadie.

Ahora sólo tengo que bajarle el asiento a la mía: me duele el trasero.

“It’s a switch…”

Con Mark (el “manager” del edificio):

Mark: Hi, this is the manager.
Yo: Hi, Mark? This is Canek, from 62.
Mark: Oh yeah, how you doin’?
Yo: Fine; I just wanted to tell you, yesterday the electricity guy came in and activated the line, but he leaved the main switch off. He said we needed to go to the Power Room and turn it on.
Mark: Oh, OK. I will go there and turn it on for you guys.
Yo: That’s the thing; I took the liberty to go to the Power Room myself and turned on the main switch. I hope there is no problem.
Mark: You managed to turn the switch on? Wow, I’m impressed.
Yo: … it’s a switch

Ya tenemos luz. Desde ayer en la noche. Hubo que prender un interruptor, pero parece que aquí lo consideran toda una hazaña.

La democracia es laica

O no es democracia.

No soy gran fan de de la Fuente; era el rector cuando estuve en la cárcel, y ciertamente está muy lejos de Javier Barros Sierra. Pero ciertamente ha tenido una postura en general decente en la tragedia que fue el sexenio de Fox y las imbecilidades que ha hecho el “gobierno” de Calderón desde que ilegalmente usurpó el poder.

En esta ocasión también tiene razón el buen Juan Ramón: la democracia es laica o no es democracia, no hay de otra. Porque la democracia tiene que permitir distintas formas de pensar. Incluidas las religiosas, por supuesto, pero el punto es que no se debe guiar por ningún tipo de mentalidad religiosa.

Lo que pasó ayer en la ALDF, fue un triunfo del laicismo, y por tanto de la democracia. Además también fue una muestra de que a pesar de un “gobierno” federal ilegal e ilegítimo, reaccionario, de derecha y retrógrada, es posible seguir consiguiendo avances. Y también fue un triunfo de la razón, de la justicia social y de los derechos humanos de todas las mujeres en el Distrito Federal (y el resto de la república, porque pueden venir aquí cuando quieran, si sus medios se los permiten).

La despenalización del aborto es una victoria enorme sobre los sectores más retrógradas y bestiales de nuestra sociedad, que aprovechando la usurpación que hizo la derecha de la silla presidencial ha querido imponer su forma de pensar, demoliendo lo que con sangre nos ha costado a los mexicanos construir, desde los tiempos de Juárez.

Tratarán de echarla para atrás, sin duda; pero lo bueno con este tipo de conquistas es que es muy difícil que lo logren. Habrá que estar al pendiente, porque esta derecha histérica de verdad está enrachada queriendo imponer sus posiciones; pero dudo mucho que logren nada.

Es sólo cuestión de leer los artículos y editoriales al respecto: perdieron el debate de forma humillante. No hay debate realmente; es un tema rebasado por mucho por una sociedad suficientemente madura. Hay quien grita y vocifera y menciona cosas como “dios” o “moral”; pero son pocos (aunque ciertamente muy ruidosos). El resto de la sociedad (al menos en la Ciudad de México), sencillamente concluyó desde hace rato lo que ha concluido el resto del mundo civilizado desde el siglo anterior y lo que va de este: que la mujer es la única dueña de su cuerpo, y que el penalizar el aborto sólo genera muertes e injusticia social. Podemos discutir los detalles; pero en lo general ese es el consenso en el mundo civilizado.

Por eso no podrán echar atrás esto, a menos no con un costo político enorme, que este “gobierno” ilegítimo no tiene cómo pagar. Al contrario; la legislación del DF se extenderá al resto del país, y no me extrañaría que incluso de formas más liberales: más semanas, más garantías para las mujeres involucradas, protecciones explícitas a los médicos que practiquen los abortos, etc.

Así funcionan las conquistas sociales, por suerte.

Y a los legisladores que aprobaron la ley, y sus partidos, no sólo no pagarán un costo político alguno; al contrario, ganarán capital político. Y mucho.

Por eso es histórico lo que ocurrió ayer; no sólo por el triunfo que en sí mismo significa, sino en los triunfos que generará en un futuro espero no muy lejano.

La democracia es laica o no es democracia. Y en un estado laico, no tiene el menor sentido el penalizar el aborto durante las primeras doce semanas; y eventualmente serán más semanas.

Pero eso será otra lucha, para después. El primer triunfo está dado, y hay que celebrarlo.

10331, Zelzah Avenue

Por fin conseguimos departamento, y ayer nos “mudamos”. Pongo “mudamos” entre comillas porque básicamente consistió en tomar nuestras maletas (más o menos como llegaron del vuelo), y un par de colchones inflables y cobijas que Bernardo y Silvia nos prestaron, y llevarlas al departamento.

No hay luz todavía (o al menos no había en la mañana que salimos), y el gas llegó ayer por la noche. Compramos un puñado de cubiertos y “vajilla” (de plástico), cereal, leche y algunas cosas obvias (papel de baño, jabón), y nos dormimos a oscuras después de casi desmayarnos inflando los colchones.

El departamento es (a mi parecer) ridículamente caro, pero no mucho más que casi cualquier otra cosa que vimos (y vimos bastante). Y eso que no estoy contando gas y luz, que va aparte.

La ventaja principal es que está, literalmente, a diez metros de la universidad. Lamentablemente, queda lejos del edificio donde estamos: pueden verlo en Google Maps, también para que se den una idea de la ruta que generalmente tomamos.

Si hacen todo el zoom posible, verán la alberca. Que no es ningún lujo, por cierto; un montón de sitios aquí tienen alberca. Hay un Seven Eleven al lado, y un súper a dos cuadras (pero las cuadras son cuadras en serio, no bromas).

Dado que desembolsamos prácticamente una pequeña fortuna en el primer mes y el depósito, nos quedamos apenas para sobrevivir hasta que nos depositen el siguiente mes. Lo cual no es tan grave; tenemos refrigerador y estufa en el departamento, y creo que nos las ingeniaremos para gastar poco en comida los días que siguen.

Mark, el administrador del complejo de departamentos, fue el primer “gringo” que vimos de cerca (quiero decir; no latino, negro, asiático o armenio). Se estaba muriendo de la risa cuando le dijimos, e incluso nos llevó con su esposa para que le dijeramos eso. Muy amable (considerando que nos estaba vendiendo algo), y me cayó bastante bien hasta que nos quiso convertir al mormonismo. Después me siguió cayendo bien, nada más ya no tanto.

Aunque viéndolo por el lado positivo, tengo dos copias de “The Book of Mormon”; una en inglés, y otra en español.

Aunque aún estamos medio en shock por la cantidad de dinero que desembolsamos, estamos bastante contentos. En primero lugar dejamos ya de incomodar a Bernardo y Silvia (que todo el tiempo se han portado más allá de generosos, además de ayudarnos a llevar las cosas al departamento), y ya podemos concentrarnos en lo que venimos a hacer aquí: escribir nuestras tesis. Ya nos pusieron a leer artículos, y comenzamos formalmente a trabajar.

Ahora sólo que nos conecten la electricidad, y nuestro departamento será más habitable. Sin mesas, sillas, o camas de verdad, pero sí habitable.

El paso peatonal

Ayer al ir a cenar/comer, llegamos a una avenida más o menos grande (Reseda Bulevard, por Prairie Street). No hay semáforo, así que nos detuvimos para esperar a que el tráfico disminuyese y pudiéramos cruzar, como se hace en la Ciudad de México en estos casos.

Para nuestra sorpresa, los carros comenzaron a detenerse. Nos tomó un par de segundos entender que estaban esperando que cruzáramos. No apretamos ningún botón (repito, no había semáforo), ni hicimos ninguna señal que indicara que queríamos cruzar: sólo nos quedamos parados en la banqueta a la altura del paso peatonal. Y los carros se detuvieron.

Fue la primera cosa que pasó que realmente me hizo sentirme en un lugar extranjero.

1, 2, 3… switch!

Fuimos a cenar/comer (era tarde) a “Kings Burguer”, que irónicamente no tiene nada que ver con “Burguer King”, y el siguiente diálogo se dio entre la chava del mostrador y yo:

Yo: Two number three combos, please.
Ella: Two number three?
Yo: Please.
Ella: $14.27.
(Le doy mi tarjeta de débito).
Ella: Credit or debit?
Yo: Debit.
(Pasa mi tarjeta, y me da un teclado numérico).
Ella: Your NIP please.
(Meto mi NIP, y unos segundos después ella mira el recibo de papel sorprendida).
Yo: It was rejected?
Ella: It says “cancelled”.
(Repitimos la operación; mismo resultado).
Ella: You said debit?
Yo: Yeah.
Ella: Mmmh.
(Se voltea a otro empleado).
Ella: Algo pasa con la tarjeta.
Él: Si la rechazó ya no va a pasar.
(Mientras, yo llamo a Ronquillo y comenzamos a ver si nos alcanza en efectivo, y el chavo pasa de nuevo mi tarjeta).
Ella: ¿Es de débito?
Yo: Sí.
Ella: Pues sólo pasa como de crédito.
(La miro sorprendido, porque además acabábamos de juntar el efectivo necesario).
Yo: ¿De verdad?
Ella: Sí. ¿Te cobro como si fuera de crédito?
Yo: Pues… sí, supongo que sí.
(Me cobra y yo firmo el recibo).
Ella: OK. In a moment we’ll give you your order.
Yo: OK. Thank you!

Si no se dieron cuenta cuándo pasamos de inglés a español y luego de regreso, les pasó lo mismo que a nosotros.

“…de Iztacalco”

Hoy saliendo de la universidad, Armando y yo buscamos dónde cenar. Comimos en un resturante hindú (buffet; “all you can eat for $7!!!”), y estábamos buscando para cenar básicamente lo que fuera, porque llovió y hacía algo de frío y queríamos entrar a un lugar calientito.

Sí consideramos “Kings” (Mexican Burguers!), y “Las Fuentes” (Mexican food), y “Chipotle” (Mexican Grill), y “Acapulco” (donde tiene una promoción “cinco de mayo”), pero irónicamente terminamos en un Subway, porque era lo más cercano y sí teníamos frío.

Resultó una decisión acertada; resulta que tienen una promoción para días lluviosos, y nos salió casi a la mitad nuestro subway (más barato que en México, de hecho). Pero además Armando llevaba una playera del América (en su defensa, dice que se la regalaron), y cuando entramos el chavo que atendía se puso tan sinceramente contento de ver compatriotas, que por poco y nos regala la comida. Bueno, tal vez exagero un poco, pero sí le alegró ver a connacionales.

Ya cuando nos íbamos le pregunté que de dónde era, y resulta que es de Iztacalco, donde pasé mis primeros dieciséis años de vida.

¿Mencioné que hay un restaurante que se llama “Chipotle”? Pero además, parece ser de los finos.

La llegada

Llegamos a LAX sin ningún problema cerca de las nueve de la noche (hora local; nosotros estábamos convencidos de que eran casi las once), y descendimos del avión después de un vuelo que no tuvo un solo incidente digno de mención (y , vi el último capítulo de las Gilmore Girls).

Después de eso hicimos casi dos horas de cola para que los gringos nos tomaran las huellas digitales de los dedos índices, y nos tomaran una fotografía con una webcam. Atrás de nosotros estaban Angélica María y Angélica Vale, por cierto, a lo cual calificaré de “simpático”.

Recogimos nuestras maletas y tomamos un camioncito a Van Nuys, en donde Bernardo tuvo la gentiliza de recogernos y llevarnos a su casa donde estaremos mientras conseguimos un lugar dónde quedarnos. Al otro día (o sea, hoy), vinimos a la universidad y comenzamos los trámites necesarios para que nos “recibieran” formalmente, y para buscar un cuarto y/o departamento.

Tenemos red inalámbrica en todo el campus (lo cual está chido), y estamos tramitando una credencial para poder hacer uso de la biblioteca y algunos otros servicios de la universidad (lo cual está chido también). Terminando eso espero que podamos comenzar a trabajar realmente.

Hay mucho latino aquí, y además es muy culturalmente diverso: muchos negros, muchos asiáticos, varios árabes (o al menos yo les veo cara de árabes). Un estudiante de Bernardo lo resumió de forma muy simpática: “aquí lo que menos hay, son gringos”.

Mi inglés parece ser entendido por todos, y aún no me pasa que les hable en inglés y me contesten en español (parecería que todo mundo aquí habla español), como sí he oído que ocurre. Pero lo que realmente me sorprende, es que quitando que la gran mayoría (que no todos) de los letreros están en inglés, y que mucha gente (que no toda) habla en inglés, no me siento en un lugar extranjero. Hay un montón de escenas en esta ciudad que, sans algunos letreros y algunas personas, bien podrían ser de una ciudad en México. En la universdad hay un “Manzanita Hall”, lo cual me dio mucha risa la primera vez que lo vi.

También hay (y eso es evidente) un inherente orgullo de la comunidad latina; hay organizaciones estudiantes, grupos de teatro, eventos y un montón de cosas hechas por y para la comunidad latina. El español (y el espanglish) están por todos lados.

No me siento (pero para nada) fuera de lugar.

Pero bueno; igual y no me ha caído el veinte de que estoy a miles de kilómetros de mi casa. Ya les diré si comienza a darme el mal del Jamaicón en algún momento.

El aereopuerto

Y pues ya estamos en el aereopuerto, con poco más de una hora para que nuestro vuelo salga. Ayer recogí mi boleto de avión y mis travelers cheques (fue afortunado que estuvieran listos antes del día de mi vuelo), y comencé a hacer mi maleta, cosa que no terminé hasta hoy. Pero creo que ahora sí todo está listo y preparado.

Llevo conmigo casi todos mis gadgets, y una cantidad ridícula de calzones y calcetines. No sé cuánto tiempo pase hasta que estemos cómodamente instalados, y hasta que encontremos una lavandería dónde llevar nuestros trapos sucios; pero ante la duda, me prevengo.

Y pues sólo falta esperar a que podamos abordar el avión. Creo que tengo suficiente batería en mi laptop, pero de cualquier forma voy a racionar su uso. Quiero ver el nuevo episodio de las Gilmore Girls durante el vuelo.

“Man, love is complicated.”

Ron y Kim bailan en el baile de graduación, y después de intercambiar miradas coquetas, se besan. Inmediatamente después, Kim sonríe malévolamente y comienza a derretirse.
Ron: K.P.? You are a synthodrone?!
Ron se despierta gritando.
Ron: Arrrrrgh!
Rufus: Arrrrrgh!
Ron: Arrrrrgh!
Rufus: Arrrrrgh!
Ron: Arrrrrgh!
Rufus le tapa la boca a Ron y le señala el reloj. Son las 3:10 AM.
Ron: I don’t care what time it is! This is an emergency!
Ron toma el teléfono y marca.
Ron: Kim. Pick up, pick up, pick up!
Kim: Ron?
Ron: Are you a synthodrone, K.P.? Be honest, I can take it!
Kim: Ron, you had a nightmare. Good night
Ron: Wait! Before that part were you melted, we were at the dance, and…
Kim: We kissed.
Ron: Yeah. Did you had the same dream?
Kim: No, that part really happened, Ron.
Ron: Heh. Yeah.
Kim: But it won’t happen again if you keep calling me in the middle of the night!
Kim cuelga.
Ron: Man, love is complicated.

La transcripción no le hace nada de justicia a la escena; es cagadísimo como Ron y Rufus gritan uno detrás del otro, como Kim se ve entre coqueta y divertida cuando le confirma a Ron que se besaron, y cómo después hace la amenaza (inevitable) de que no volverá a pasar si le sigue llamando de madrugada.

Así que en lugar de leer mi pobre transcripción, vayan y vean la escena en YouTube.

(Especialmente antes de que Disney les caiga y la quiten).

Buen dios, los extrañaba.

El aborto

Pensé mucho en si escribir o no acerca de la posible despenalización del aborto que se votaría el 24 de abril en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Lo dudé porque este tipo de entradas me generan un montón de comentarios, y es justo en este tipo de entradas donde me gusta contestar puntualmente todos esos comentarios. Y ando suficientemente ocupado como para preocuparme de no dedicarle demasiado tiempo al blog (si no me cuido, se me va el día respondiendo comentarios).

Pero son vacaciones (Semana Santa, je), y sí tengo ganas de escribir al respecto, así que ahí va. Y nada más me llevó cuatro días.

Primero algunas precisiones: para empezar nadie está “a favor del aborto”. Quien dice eso nunca ha tenido uno, y o bien es un idiota, o bien no sabe lo que dice. O ambos. Los que apoyamos la idea de que las mujeres tienen el derecho a decidir sobre su propio cuerpo estamos a favor de la despenalización del aborto. La diferencia es importantísima: un aborto (voluntario o no) es una experiencia terriblemente difícil para una mujer; que alguien hable de estar “a favor del aborto” está diciendo un sinsentido. Los que peleamos por la despenalización del aborto lo hacemos perfectamente conscientes de que es un proceso difícil y potencialmente traumático; pero también lo hacemos bajo la convicción de que es derecho único de la mujer el decidir si se somete o no a este proceso.

Otra cosa: la propuesta del grupo del PRD en la Asamblea es para despenalizar el aborto durante las primeras doce semanas de gestación, básicamente tres meses. Así que que voy a limitar lo que digo (y la discusión) a la despenalización del aborto en ese periodo del embarazo. Aunque yo en particular estoy de acuerdo en la despenalización del aborto durante casi todo el embarazo (bajo ciertas circunstancias), no es eso lo que está discutiendo la ALDF y voy a batear alegremente cualquier intento de mover la discusión para allá. De igual forma haré si alguien trata de incluir en la discusión el derecho a una mujer a abortar cuando ha sido violada, o cuando el embarazo pone en riesgo su salud o su vida. Además, a estas alturas del partido esperaría que nadie discutiera tal derecho. Aunque nunca falta gente retrógrada.

Comenzaré entonces diciendo que yo estoy a favor de la propuesta (de hecho se me hace corta): creo que es derecho exclusivo de la mujer el decidir si quiere o no terminar con un embarazo no deseado (“a juicio y solicitud de la mujer”, dice acertadamente la propuesta). Pero creo que lo realmente importante es explicar porqué estoy a favor.

Yo soy ateo. Sé que no faltarán quienes digan que lo que pasa es que los ateos desayunamos niños crudos (con tantito catsup) y que por eso apoyo la propuesta; pero evidentemente con gente que piensa así es imposible discutir. Lo importante es que yo tengo derecho a ser ateo; tanto como cualquier otro mexicano tiene derecho a ser católico, o judío, o anglicano, o musulmán, o jedi si así lo desea. Ante un estado laico, todos (desde el ateo hasta el jedi, pasando por el católico) tenemos los mismos derechos y obligaciones, y el estado tiene la obligación de respetar las creencias (o falta de ellas) de todos, y no tomar decisiones basadas en las creencias particulares de cualquiera de nosotros.

Gracias a Juárez (y muchos otros mexicanos ilustres) vivimos en un estado laico. Por eso en general hemos estado a salvo de que la intransigencia de fanáticos haya dictaminado el curso de lo que ocurre en México. Y me refiero a cualquier tipo de fanáticos: conozco pocos fanáticos más irracionales que los ateos fanáticos.

Así que, por eso, podemos ir descartando alegremente cualquier argumento religioso que alguien trate de dar para justificar que no se despenalice el aborto. Si alguien está en desacuerdo en la despenalización del aborto por algo que diga el Torá, el Corán o el Nuevo Testamento, o porque su propia y muy personal interpretación de lo que es “Dios” así se lo haga ver, está en todo su derecho. Pero no por eso va a imponérnoslo a los que no compartimos sus creencias: eso es lo maravilloso del laicismo. Para vivir su vida cada quien puede elegir la fe que quiera; pero no debe (no puede) meterse con la fe (o falta) de los demás. Así que si sus creencias religiosas les hacen ver el aborto como algo “malo”, están en todo su derecho de nunca practicarse uno si así lo desean: la propuesta de ley no obliga a nadie a abortar. Pero no tienen nada que decir a las mujeres que quieran hacerlo.

Al menos no por sus creencias religiosas.

Un estado laico debe guiarse entonces por lo único que intenta (no seré yo quien afirme que siempre lo consigue) encontrar la verdad de forma objetiva: la ciencia[1]. Habrá quien no le guste esto, pero con todo respeto, se chingan: en las escuelas públicas se enseña que los hombres descendemos de primates por un proceso llamado evolución y no de Adán y Eva, que la Tierra no es ni plana ni el centro del universo, y que la Luna (contrario a lo que a veces pudiéramos creer) no es de queso. Cada quien en su cabeza loca y en la intimidad de su hogar puede creer lo que se le pegue la regalada gana: si alguien quiere creer que Xenu, el líder de la Confederación Galáctica, trajo miles de millones de personas a la Tierra en naves espaciales que parecían aviones Douglas DC-8 hace 75 millones de años[2], tiene todo el derecho de creerlo. Pero el estado laico, aunque debe respetar dichas creencias, también debe tomar sus decisiones con base en la ciencia; no en las creencias de cualquier grupo. Dichas decisiones incluyen lo que se enseña en las escuelas a cargo del estado, y las leyes que promulga, por supuesto.

(Y aquí estoy seguro de que me saldrá alguno de esos que les gusta utilizar los argumentos de los creacionistas, y saltará a decir que “la ciencia” son las “creencias” de científicos, y que debería ponerse al mismo nivel que las creencias religiosas. Es el argumento idiota que han usado fundamentalistas en Gringolandia para que en las escuelas primarias se enseñe el Génesis y la Evolución como “dos posibilidades” de cómo se originó la vida. Quien piense así está confundiendo la gimnasia con la magnesia, porque lo importante es que la ciencia –en general; siempre hay excepciones– se cuestiona a sí misma. Por eso se ha evolucionado de Kepler y Galileo a Newton a Einstein. Las religiones –al menos las que yo conozco– parten de que tienen la razón absoluta. He oído a gente decir que la biblia la escribió Dios, y uno de sus argumentos es –¡lo juro, no es broma!– que la Biblia dice que está escrita por Dios. Muchas veces lo dice. Como cuatrocientas si no me equivoco. Por lo tanto, debe ser cierto que fue escrita por Dios. A ver, desniéguenlo.)

Y, por supuesto, todo esto es fundamental para la propuesta de ley que despenaliza el aborto durante las primeras doce semanas de gestación, porque el argumento principal (y en muchos casos único) de los que se oponen es que el aborto (según ellos) es un asesinato. O sea (así lo ven quienes se oponen) abortar es asesinar a un ser humano.

Y ese es el sine qua non del asunto. No hay nada significativo (i.e., fuera de las creencias personales de cada quién, que como ya dijimos para un estado laico son irrelevantes) para que se pueda afirmar que un feto de doce semanas es un ser humano.

Muchos (especialmente creyentes) dicen que al momento en el que un espermatozoide se une a un óvulo para formar un cigoto, eso ya es un ser humano. Y el único argumento que pueden dar al respecto es que lo creen harto mucho, porque lo que ocurre al momento de la unión de un espermatozoide y un óvulo es un sencillo proceso químico (que ni siquiera es original; es virtualmente idéntico en casi todos los mamíferos del planeta) que junta los cromosomas de ambos y de eso resulta una célula (reitero una), el mentado cigoto.

Ni siquiera trate alguien de mencionar el “alma”. Al menos no en el aspecto religioso; todo eso de un-algo-no-sé-bien-cómo que existe independientemente del cuerpo y que sigue existiendo después de la muerte. Yo (y un chingo de gente más) no creemos en eso, la ciencia no nos dice que exista algo así, y por lo tanto el estado laico debe descartar cualquier argumento en contra de la despenalización del aborto que esté incluso remotamente basado en algo relacionado con el “alma”. Si alguien quiere creer que al momento en que se forma el cigoto “milagrosamente” Dios, Buda o el Monsturo del Espagueti Volador le incrusta el “alma” a la celulita, está en todo su derecho. Si ese alguien es consecuente jamás se hará un aborto, y tendrá toda la libertad del mundo para no hacérselo; pero no tiene ningún derecho a tratar de impedírselo a quien no cree lo mismo que él. Al menos no por razones relacionadas al “alma”. No en un estado laico, como México (gracias, Juárez).

Entonces tenemos al mero inicio una celulita (el cigoto) que no es un ser humano, y aproximadamente nueve meses después tenemos un individuo (el chamaco) que es un ser humano. Aprovecho para atacar a los radicales del otro lado: hay gente que dice que deberían permitirse los “abortos” (no sé si se puedan seguir llamando así) incluso días antes del parto, con el argumento de que el nonato no es un ser humano porque aún no respira por su propia cuenta. Por supuesto, eso es idiota, incluso haciendo de lado el tecnicismo de que hay casos donde sí pueden respirar por su propia cuenta. En los últimos días del embarazo ya podemos hablar de un ser humano, si bien no completamente hecho, y ciertamente no derecho. Ahorita ahondo en esto.

Si al inicio (cigoto) no hay ser humano, y al final (chamaco) sí lo hay, entonces pasa como en los partidos de futbol: si al final del primer tiempo íbamos perdiendo, y al final del partido ganamos, seguro estuvimos empatados en algún momento. De igual forma, en algún momento ese cigoto se convierte en un ser humano. La cosa es ver cuándo.

Aquí habrá más gente que discrepe, pero creo que por suerte ya no por razones religiosas. Primero vendrán los que digan que muy temprano en el embarazo (bien poquitas semanas) ya podemos decir que el feto es un ser humano, porque “ya tiene forma de ser humano”. En primer lugar, eso es subjetivo, y en segundo muchos fetos de mamíferos se parecen al del ser humano en las primeras semanas. Resultado de la evolución, obviamente. El punto es que es un argumento vacuo y subjetivo. Casi dentro de la categoría de “es que ya se ve bonito”, que no dudo que muchos dirían; a mí en lo particular los fetos de pocas semanas me parecen espantosos. Seguramente cuando vea el ultrasonido de mi primer hijo nonato me parecerá la cosa más maravillosa del universo; pero eso sólo es otra muestra de lo subjetivo que es tratar de guiarse por la apariencia del feto.

Por tanto todos los argumentos de “ya tiene manitas”, “ya tiene ojitos”, “ya tiene boquita” son intrascendentes. Además de que un montón de animales tienen esas características, y no por eso me contengo de darles una patada si los encuentro usando alguna parte de mi casa como madriguera. Lo mismo para los órganos: corazón, hígado, pulmones, estómago. Nada de eso nos define como seres humanos, y para complicar las cosas ya hasta hay ovejas que tienen ADN 15% humano.

¿Y qué del cerebro?

Por sí solo, nada: todos los mámiferos y lagartos y peces tienen cerebro. Pero el cerebro humano es especial; nos permite razonar, que es realmente lo único que nos diferencia del resto de los seres vivos de este planeta. Incluidos los delfines, hasta donde sabemos.

Es la capacidad de nuestro cerebro para razonar la que nos define como seres humanos. Es eso lo que nos debe interesar al momento de decidir si estamos hablando de un ser humano o no al referirnos a un feto. Si existe algo que se acerque lo que muchos llaman “alma”, sin duda alguna es nuestra capacidad de razonar, y está amarrada a nuestro cuerpo y en particular a nuestro cerebro.

Obviamente a los siete meses un feto ya puede pensar (aunque claro que nada muy complejo); hay miles de niños sietemesinos que en la incubadora responden al contacto y cuidados externos de forma que no son simples reflejos. Lloran, ríen, y en cuanto pueden ver observan con interés lo que ocurre a su alrededor; son seres humanos que pueden comenzar a usar su cerebrito, y de hecho lo hacen.

A las doce semanas de gestación, nada de eso es cierto. El cerebro ni siquiera ha terminado de formarse: es la estructura más compleja del cuerpo humano, y de las últimas en desarrollarse. A las doce semanas no hay un ser humano; hay un organismo que puede llegar a convertirse en un ser humano. Que lo mismo puede decirse de un espermatozoide o de un óvulo.

(Si alguien quiere discutir cuándo se termina de formar el cerebro y entonces ya podemos hablar de un ser humano, lo tendrá que hacer en otro lado; aquí sólo vamos a hablar hasta las doce semanas de gestación porque es el periodo que comprende la iniciativa de ley, y en dicho periodo seguro no se ha terminado de formar el cerebro.)

No existe razón (en un estado laico como es México) para decir que un aborto dentro de las primeras doce semanas de gestación es un asesinato. Razones religiosas y personales seguramente habrá millones: tantas como hay personas. Pero esas razones son intrascendentes para promulgar o no una ley.

Y aquí podría terminar esta entrada, porque el chorote de arriba es suficiente para justificar porqué en un estado laico como el nuestro debe aprobarse una ley como la que propone el grupo parlamentario del PRD en la ALDF.

Y sin embargo, hay más.

Además de que desde un punto de vista racional no hay ningún argumento para oponerse a la despenalización del aborto durante las primeras doce semanas de gestación, también hay razones de salud pública, legales y sociales para apoyar dicha despenalización. Y el querer ignorarlas por decir que se está “defendiendo la vida”, no sólo es querer tapar el sol con un dedo; en muchos casos estoy convencido de que es sólo pura y mezquina hipocresía.

Ahí les va un dato, que a lo mejor algunos de ustedes no saben: hay mujeres en México que abortan. Es más: en el mundo hay mujeres que abortan. Todavía más: así ha sido básicamente desde que las mujeres se dieron cuenta de que podían intentar interrumpir el embarazo. Y por supuesto que así ha sido a lo largo de la historia: son sus cuerpos y quieren poder decidir sobre ellos.

Por supuesto, no va a faltar el que diga que también ha habido asesinatos desde el inicio de la raza humana, y que no por eso se trata de legalizarlos. Pero es querer comparar peras con manzanas: el número de muertes (todas las muertes) en México en el año 2001 fue de 443,127 individuos; por tanto el número de muertos asesinados debe ser una fracción de eso. No tengo la cifra a la mano, pero si fuera el 10% (44,000 asesinatos) sería muchísimo; casi seguro es mucho menor que eso. ¿Saben cuántos abortos clandestinos hay al año? Entre 250,000 y 500,000. Y eso según un artículo del 2004.

Las mujeres abortan, punto. Y lo vienen haciendo desde hace milenios, en México y todo el resto del mundo. Y lo hacen porque es su cuerpo, y quieren decidir qué ocurre con él. Es algo que sencillamente ocurre, y por más que haya quien se persigne y se escandalice al respecto y diga que no debería ser así, el hecho es que lo es. Es un hecho consumado.

De la misma manera que durante toda la historia la gente ha tenido relaciones sexuales antes del matrimonio, que ha habido homosexuales, y que han existido drogas y vicios. Se puede perder el tiempo discutiendo si eso es bueno o malo, pero yo soy de la opinión de que es absurdo hacerlo: sencillamente es. Y es idiota intentar prohibirlo.

El sexo antes del matrimonio y el ser homosexual hace mucho dejaron de estar prohibidos en México. Para ser sincero, ni siquiera me consta que alguno haya estado prohibido en algún momento aquí; pero sí me consta que ha habido lugares donde (estúpidamente) lo han prohibido o incluso lo prohíben. Los vicios “suaves” no están prohibidos; los idiotas gringos intentaron prohibir el alcohol en los treintas, y lo único que consiguieron fue un montón de mafiosos asesinándose entre ellos (la gente no dejó de beber, por cierto). Y yo estoy convencido de que la mejor forma de solucionar el problema del narcotráfico es legalizando las drogas; y creo que eventualmente llegaremos a eso. De verdad lo creo; pero esa es otra discusión.

Ya lo he dicho muchas veces en este blog: la gente cumple la ley no porque sea la ley; la cumple porque en general está de acuerdo con ella. Si una ley no quiere cumplirla la gente, no la va a cumplir. Punto. Nada más por eso debería despenalizarse el aborto: es una ley que no cumplen (ni van a cumplir, nunca) las mujeres. Si una mujer quiere abortar, va y aborta, independientemente de lo que la ley diga al respecto. Así ha sido, y así será por siempre.

Que es otra razón por la cual hay que despenalizar el aborto: aunque en teoría ahorita está penalizado, es letra muerta. Nadie (y de verdad nadie) le hace caso. No ha habido una mujer detenida por abortar en décadas, no digamos juzgada o condenada. Es una ley inútil, es un lastre, y además es ridícula: menciona cosas como la “respetabilidad” de la mujer para decidir si debe o no ser detenida.

Pero lo peor de todo no es que la ley sea inútil (para la justicia). Lo peor de todo es que obliga a decenas de miles de mujeres a realizar sus abortos en clínicas clandestinas con un servicio pésimo donde pueden terminar con una terrible infección, un útero perforado y la imposibilidad de tener hijos en toda la vida, o incluso muertas en el peor de los casos. O a irse a otros países: 35% de los abortos realizados en clínicas de El Paso, Texas, son a mujeres mexicanas.

(Los animales de Mejor Sociedad Mejor gobierno, que me sigue llegando su SPAM, decían que era “mentira” el número que se maneja de 500,000 abortos clandestinos al año; que “cómo” se podía saber eso si son clandestinos. Por eso digo que son animales; se sabe porque varias de ellas mueren, y una vez muerta casi siempre se termina sabiendo que murió por un aborto mal practicado, y entonces es un simple ejercicio estadístico aproximar el número total de abortos clandestinos.)

Es un problema de salud pública real, y muy grave: hay miles de mujeres que mueren al año por abortos mal realizados. Si de cualquier forma van a abortar (porque lo van a hacer; lo vienen haciendo desde hace milenios), lo menos que se puede hacer es garantizarles un procedimiento bien realizado. La mortalidad por aborto es casi nula en condiciones seguras.

Y penalizando el aborto lo único que consiguen es joder a las mujeres más pobres y más desprotegidas: si una niña con lana se embaraza y quiere abortar, no tendrá problema en encontrar un médico caro que le practique el aborto en condiciones razonablemente seguras. Dentro o fuera del país.

Las jodidas (pa variar) son las mujeres pobres, que no tienen los recursos para pagar un médico que les garantice algo de seguridad, y que entonces terminan en una clínica clandestina donde su vida misma está en peligro. Y son justamente mujeres pobres las que más desesperadamente querrán realizarse un aborto, porque están conscientes (dolorosamente coscientes) de que no pueden mantener una boca más.

Es tan hijo de la chingada, tan terriblemente injusto que me dan ganas de llorar de rabia.

Y a la derecha histérica que hace ridículas manifestaciones “por la vida” le vale madre todo esto. No les importa un carajo el número de mujeres muertas o mutiladas por abortos clandestinos; la injusticia social de imponer el peso únicamente en las mujeres pobres; ni al fin y al cabo si hay abortos o no. Lo único que les interesa es que haya una ley (inútil, que ningún juez jamás aplicará) que esté en línea con su forma de pensar, valiéndoles madre las consecuencias negativas reales que causa, y si habemos o no gente que pensamos distinto.

Les importa únicamente las apariencias a los muy hipócritas.

El aborto durante las primeras doce semanas de gestación debe ser y será despenalizado en la Ciudad de México. Y de ahí seguirán otros estados, y eventualmente todo el país. Esta derecha estúpida, medieval y mocha que se opone podrá vociferar mucho, pero se van a chingar. No por nada el PRD tiene 34 de los 56 asambleístas aquí en la ciudad.

Y mientras sigue el resto del país, todas las mujeres del interior de la república que quieran podrán realizarse sus abortos aquí, donde de verdad nos preocupa la vida: la vida de un ser humano que piensa y que quiere decidir libremente acerca de su cuerpo y de su vida.

Actualización: Sólo para precisar algo que me hicieron notar; la propuesta de ley no es del PRD, es de una coalición de varios partidos. El grupo parlamentario del PRD decidió aprobarla, eso sí.

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[1] Que es otra de las razones por las que debe haber instituciones de investigación públicas y autónomas, para que se guíen por la objetividad científica y no por el dinero o por los intereses del mismo estado. Pero eso es otra discusión.
[2] No se rían; es lo que creen en la cienciología.

Thestrals

Del departamento de “sí, así es, me equivoqué”. Hace unos meses, cuando salió el trailer de Harry Potter and the Order of the Phoenix, escribí una entrada diciendo que creía que no saldrían los thestrals en la película, por una escena donde los chavos vuelan en escobas. Yo supuse que sería el viaje de rescate al Ministerio de Magia.

Y pues metí la pata.

Un lector puso en el blog varias ligas a YouTube, incluyendo esta, donde en una parte sale la actriz que la hará de Luna Lovegood, y donde ella y Harry hablan de los thestrals.

Así que sí habrá thestrals en la película. Yipi.

La mezcla

Parece que Beryl y Compiz se van a mezclar de nuevo.

Mucha gente dice que algo de competencia estaría bien, que en general ha sido benéfica para proyectos como GNOME y KDE. Pero lo cierto es que Beryl y Compiz son suficientemente similares como para considerar que es un desperdicio de recursos el que existan dos equipos trabajando básicamente en lo mismo.

Algo gracioso (por decirle de alguna manera), es que parece que hay consenso en que hay que elegir un nuevo nombre, distinto a Compiz y Beryl. La justificación es que hay suficiente animadversión entre ambos proyectos como para que una de las comunidades sea “absorbida” por la otra.

Me pregunto cómo terminará llamándose la mezcla. Una característica de los proyectos de Software Libres es que luego eligen nombres particularmente raros.

Espero que no le pongan nada como “cosito tres de”. Vamos a ver.

Las visitas del infierno

Hoy, por mis vacaciones relámpago, tenía bastante que leer. Entre las cosas que leí, en Planet GNOME, fue una entrada de Thomas Vander Stichele acerca de una visita infernal que hizo a un Call Center.

Se las recomiendo mucho; además de divertidísima, yo me identifico mucho con él porque también pasé (varias veces) por algo similar (sans el viaje a otro país).

Además de eso, me sorprendió ver que los Call Centers en Madrid (o al menos el que Thomas menciona) estén tan jodidos; aquí en la Ciudad de México (o al menos los que conocí) también tenían sus broncas, pero te daban una IP en veinte minutos.

¡Jálibud!

Hoy, después de regresar de unas “vacaciones” relámpago de dos días (playa incluida) –cuyos deliciosos detalles me los guardaré para mí–, al regresar de CU (fui a hacer un encargo) encontré un sobre para mí arriba de la chimenea.

Tenemos una chimenea inútil que jamás usamos en mi casa, por cierto.

Lo que importa del documento dice: “Bearer is subject to section 212(E). Two year rule does apply.” Es mi visa J-1 (estudiantil) gringa, válida del 18 de abril de 2007 al 17 de julio del mismo año, y que era el único documento faltante para mi estancia de investigación en la California State University, Northdrige, con los doctores Bernardo Ábrego y Silvia Fernández.

No he escrito casi en el blog desde hace varias semanas por estar hasta el cuello de trámites, la mayor parte de ellos relacionados con el mentado viaje de tres meses a Los Ángeles. En diciembre conocí a Bernardo y a Silvia, y en enero fui a una plática que dieron en la UAM Iztapalapa. Después fuimos a comer y platicamos de una posible estancia de investigación con ellos.

Era una posiblidad lejana. Yo no tenía pasaporte, menos visa, y Bernardo y Silvia salen de sabático a finales de este semestre en Northridge; así que aunque lo mencioné en una entrada, realmente no había escrito de nada de este viaje porque de verdad tuvimos que hacer un circo, maroma y teatro para poder arreglar todo en tiempo. Me voy con Armando, que también hará la estancia.

Tuve que sacar mi pasaporte, arreglar mi visa, tramitar la aceptación en Northridge (que de eso se encargó Bernardo), solicitar la beca de DGEP, conseguir cartas de recomendación y de presentación, no sólo de profesores con los cuales tengo la confianza para hacerlo, sino además de gente como el coordinador de mi maestría. Etc., etc., etc.

Y encima de eso estaba haciendo otras cosas: los artículos de lo que sacamos en Guanajuato, mi presentación para el coloquio, donar sangre, etc.

Hace poco más de una semana, milagrosamente, todo cayó en su sitio. De repente lo único que faltaba era la mentada visa gringa, que por suerte la teníamos que pedir estudiantil, y por lo tanto se tramita más rápido. Era lo único que estaba esperando para confirmar, ahora sí, que me voy a la ciudad con más mexicanos en el mundo, después de la Ciudad de México.

Me da mucho gusto realizar este viaje. No sólo porque con la ayuda de Bernardo y Silvia estoy seguro de que encontraré una o varias vertientes combinatorias a los problemas que sacamos en diciembre, y tal vez con ello sacar uno o dos artículos más. Tampoco porque probablemente allá, alejado de las distracciones de aquí y con la presión de tener que hacer un buen papel saque mi tesis mucho mejor y más rápido de lo que podría hacerlo aquí. Y ni siquiera porque sin duda la experiencia me servirá como un adelanto de lo que será hacer mi doctorado en Canadá, si algún día las universidades me contestan.

Me da gusto porque podré salir del país por primera vez en mi vida antes de los treinta años (por un pelito, pero antes), y porque lo hago única y exclusivamente por mis propios méritos. No es un viaje que me paguen mis padres o algún otro pariente, ni es un premio de algún programa de radio. Es un viaje que me paga la más grande y mejor universidad de Iberoamérica, y que lo hace porque considera que mis méritos académicos lo justifican. Pude haber salido antes de otras maneras (solamente mi madre me ofreció pagarme un viaje a Europa varias veces), y yo siempre me negué por razones que en este momento no vienen al caso. Pero me alegro que este primer viaje (espero que ni de chiste sea el último) fue fruto de únicamente mis propios méritos.

Ahora debo demostrar que sí lo valgo.

Y bueno, ahora sí puedo decir, porque ya es seguro (a menos que en las próximas dos semanas y media me atropelle un camión de Coca Cola), que: “Hollywood, here I come!”

O, como probablemente sea más apropiado para mí: “¡Jálibud, ai’ ti voy!”