Eragon

Juan me había platicado de la novela hacía meses (si no es que años), pero sencillamente no había tenido el humor para agarrarla y leerla. Con la película literalmente encima, decidí que era hora de por fin ver cómo estaba: no me gusta ver una película basada en una novela si no la he leído antes; con Harry Potter de hecho también leí la primer novela con la película encima… para ser exacto, la película llevaba casi un mes en cartelera cuando por fin leí la novela. Leí Eragon en inglés; a estas alturas del partido creo que es mejor ahorrarse cualquier problema que pudiera venir con la traducción.

Si hay algo que aprecio mucho en una historia, es la originalidad de la misma. Es de las cosas más atractivas de Harry Potter, creo; a pesar de que pasa por un montón de lugares comunes, a mí me parece que de cualquier forma en su núcleo las novelas del mago adolescente son muy originales. También me queda claro que ser original no sólo es terriblemente difícil, sino que además conforme transcurre el tiempo y surgen nuevas historias, es cada vez más difícil.

Por eso no es para nada de extrañar que Eragon pueda ser muchas cosas menos original. Eso no es algo inherentemente malo; El Silmarilion es básicamente un recuento de un montón de leyendas épicas europeas de la Edad Oscura: y eso no demerita en nada a la obra. Lamentablemente, Christopher Paolini no es J. R. R. Tolkien: Tolkien era un académico, un estudioso de años de la lengua inglesa y (muchos lo dicen) la autoridad máxima en su tiempo en Beowulf.

Paolini básicamente vio la Guerra de las Galaxias.

Son tan dolorosamente obvias las similitudes entre las historias, que de verdad uno sabe qué va a pasar las tres cuartas partes del tiempo. “Ah, sí; ahorita matan a Obi-Wan… digo, Brom”.

Para la otra cuarta parte, uno sólo tiene que aplicar tantita lógica a todo el legado de obviedades que nos han dejado las historias de elfos/enanos/magos/dragones que son comunes en cualquier obra de fantasía de este estilo. El único elemento que al inicio podría parecer medianamente original (cómo funciona la magia en Alagaësia), resulta ser una copia (pasada por agua) de la magia en las novelas de Earthsea de Ursula K. Le Guin.

La novela termina siendo, pues, poco original, bastante predecible y (siendo escrita por un chavo casi adolescente que lo educaron en su casa toda la vida y que nunca fue a la universidad) no terriblemente bien escrita, si bien hay que hacer la aclaración de que no está mal escrita.

Dicho eso, la novela me gustó bastante. Está divertida, no es aburrida en ningún momento (si bien nunca me atrapó de que no pudiera soltar el libro), los personajes están bien definidos (si bien son instancias del stock común para este tipo de personajes) y uno se encariña con ellos, y sí tiene suficiente acción como para que nada más por eso valga la pena el libro.

Pero además, si hay algo que creo que esta novela aporta al género de fantasía, es el diálogo y actitud de los personajes; particularmente Eragon y Saphira (obvio dado que son los principales), pero todos los personajes del libro en general rompen el estereotipo de hablar como si estuvieran dando un discurso todo el tiempo, incluso para pedir la mantequilla en el desayuno:

Pasadme, ¡Oh, amigo de tantas batallas!, la mantequilla, por favor.

Ese tipo de diálogo no aparece en la novela (al menos no todo el tiempo), y yo lo agradezco mucho. Los personajes en general hablan como gente normal, se hacen bromas y utilizan sarcasmos, y creo que en gran medida por eso caen tan bien. También agradezco el que nos ahorren algún personaje secundario que sirva únicamente de alivio cómico, por cierto.

La novela es muy disfrutable, y la recomiendo sin duda alguna. No creo que llegue a ser un clásico (en mi opinión le falta mucho para eso), pero tampoco creo que caiga en el olvido (y menos con la película que viene). Que por cierto, nada más de ver el trailer (que no había visto porque quería primero terminar la novela) ya empieza a preocuparme: especialmente por todo lo que se refiere a Arya. Pero bueno, falta menos de un mes para que la estrenen, así que ya lo averiguaremos.

Acerca de Canek

Escribo código. Escribo prosa. Hago algo que es casi, pero no exactamente, totalmente diferente a las matemáticas.
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