Hannibal

A las 10:30 de la noche, esta noche, me subí a dormir. Me dije: “voy a leer un capítulo más de Hannibal“; Omar me prestó la edición en inglés el jueves, y lo había estado devorando en mis ratos libres. Y eso que ya tengo carro, y entonces no leo en el micro.

No lo pude soltar.

Pero además, ay hijo de la chingada; me asustó el pinche libro. Tengo miedo.

No voy a dormir bien lo que queda de la noche.

1985

Hace 20 años, dicen, se cayó la ciudad.

Los temblores de 1985 cambiaron para siempre a la gente de la Ciudad de México, y consecuentemente a la gente del país. Fueron causa o factor importante en la creación de la llamada sociedad civil, en la semi extinción del PRI en el DF, en la creación del PRD, en la crisis política de 1988, y muchas cosas más.

Y todo a causa de que el gobierno no supo o pudo hacer nada, o casi nada. Ahora dicen, de forma elegante, que el gobierno fue rebasado. Rebasados mis huevos; el gobierno fue incapaz de reaccionar a la tragedia, y la gente de la ciudad se encargó de ella misma, organizando el rescate de personas enterradas, la repartición de víveres, el transporte, la seguridad.

Me emputa la gente que vive en la ciudad y se queja de ella. No las quejas normales y cotidianas de todos nosotros (que el smog, que el tráfico, que el metro lleno de gente); sino la gente que piensa que los habitantes de la Ciudad de México son inherentemente “peores” que la gente de provincia. Más egoístas, más maleducados, más ñeritos.

Pendejos.

Cualquiera que haya estado en la ciudad durante los temblores sabe de qué está hecha la gente de aquí. Sabe de la solidaridad, de la civilidad, de el esfuerzo desinteresado por salir entre todos de una situación de desastre. La gente más generosa de este país está aquí; la gente más interesada, con más conciencia cívica, con más ganas de participar. Eso no es un insulto a la gente de provincia; es un halago a la de la ciudad.

Dicen los que no saben, justificando su idea de que la gente de la ciudad es “mala”: “me robaron”, “se me metieron en Periférico”, “me empujaron en el metro”. Como si eso caracterizara a la gente ciudad… me pregunto qué tipo de criterio tendrá esa gente con tan corta visión que sólo perciben eso de los habitantes esta gran ciudad. Si tanto les desagrada aquí, lléguenle. Aquí no los queremos y ciertamente no los necesitamos. Me gustaría saber cómo reaccionó esa gente en el temblor, o si tan siquiera estuvo aquí.

Yo tenía 8 años en el temblor. Estaba muy chico como para ayudar; pero recuerdo a la gente. Recuerdo a la gente. Recuerdo a los topos, a los estudiantes, a las señoras de vecindad haciendo comida, surciendo ropa. Recuerdo. La gente de la ciudad recuerda. Y nunca olvida.

Los que se quejan no son tantos; hacen mucho ruido, pero no son tantos. Y no es que no haya cosas de qué quejarse en esta ciudad; hay un chingo. Sólo que la gente que quiere a esta ciudad hace cosas para mejorarla, no sólo se queja.

Pero sí me emputa que hablen mal de su gente. Porque después del 85, la gente de esta ciudad se ganó una medalla colectiva.

Hace 20 años, dicen, se cayó la ciudad. La gente que dice eso no sabe lo que dice; hace 20 años, se cayeron los edificios.

La ciudad se levantó, apoyándose en millones de manos.

Huélum

Desde la huelga (tal vez desde antes), he sido de la firme idea de que las escuelas públicas del país son las mejores, y que hay que formar una especie de frente ante las escuelas privadas.

No porque sean malas (que lo son) ni porque produzcan gente mierda (que sí producen); sino por el tipo de filosofía que manejan. La educación no es un producto. Igual que la salud.

En ese sentido, la gente del Poli, de la UAM, y de varias universidades autónomas estatales, los veo como hermanos. Juntos peleamos en el 68, juntos rescatamos muertos y heridos en el 85 (tip: busquen qué tipo de ayuda ofrecieron las escuelas privadas y sus alumnos en los temblores de ese año), juntos producimos los mejores elementos de la clase política, académica, intelectual y técnica del país.

Durante la huelga, cuando los del Poli marcharon con nosotros, yo con cariño sincero aprendí y grité el “huélum”, hasta que se me acabó la garganta. Y lo volvería a hacer; estoy seguro que lo volveré a hacer (con suerte, en situaciones más alegres).

Eso para nada evita que me diera mucho gusto que los Pumas-CU les patearan el trasero a las Águilas Blancas en el partido de futbol americano que se jugó ayer en el Foro Sol.

Hace unas semanas un chavo del IIMAS mandó un correo para tratar de organizar una ida en bola al encuentro. La verdad yo no tenía ganas de ir en bola; pero nunca había ido a un partido de futbol americano de la UNAM, y no tenía nada planeado para el sábado. Así que le comenté a Mónica y fuimos juntos.

Llegamos tarde (no fue mi culpa); ya había comenzado el segundo cuarto, pero aún así fue un encuentro fabuloso; en lo deportivo y para mí. En primer lugar, me recordó lo que se siente ir al estadio (hacía años que no iba); en segundo lugar, me acordé de lo mucho que me gusta el futbol americano (hace años veía todos los partidos de lunes por la noche); y en tercer lugar, me hizo sentirme estudiante de la UNAM de nuevo. No por el hecho de estudiar (eso ya lo he venido sintiendo últimamente; se siente muy bien), sino en el tipo de cosas que hacen los estudiantes. Me desmadré la garganta gritando goyas hasta que perdí la voz.

Pumas CU anotando

Pumas CU anotando

(La foto es de La Jornada.)

El estadio estaba hasta su madre, y las porras estaban bastante animadas. Más la del Poli, porque acababan de empatar 7-7, y en comparación la de los Pumas andaba un poco desanimada. Pero conforme avanzó el encuentro, todos nos fuimos animando.

Hubo varias jugadas muy buenas; un pase de anotación de los Pumas de casi 30 yardas, una jugada de engaño con dos retrasos de las Águilas con el que empataron 14 a 14, y dos devoluciones del Poli en que el balón se les hizo de mantequilla y la UNAM lo recuperó.

Llevaba mi cámara; pero por la estúpida seguridad por poco me la quitan. Ahora resulta que uno no puede tomar fotos en los partidos. Ni que me fuera a hacer rico vendiéndolas. Por fin calmé al de la entrada quitándole la batería y guardándomela; y estuve viendo la oportunidad de sacarla, pero estaban al tiro los de seguridad. Supongo que al final valió la pena, porque hubo saldo blanco, al menos en el estadio.

Sin embargo, no me tomó ningún problema tomar mi celular y hacer algunas fotos:

Pumas CU a punto de anotar

Pumas CU a punto de anotar

También en algún momento se me atravesó una reinita. Lo juro.

Reinita

Reinita

Total que me la pasé muy bien; me divertí como enano y me sentí adolescente de nuevo. Al menos estaba rodeado de muchos. Y muchas. Muy guapas.

Que por cierto; el patronato de la UNAM tiene que dar algún tipo de beneficios para convertirse en porrista: están bien cuchas las actuales. Muy motivadas, eso sí; pero bien cuchas. Hay muchas muchachas bonitas en CU; hay que promover que se unan al equipo de porristas.

Porristas (abajo a la derecha)

Porristas (abajo a la derecha)

Me divertí mucho; a ver si vuelvo ir el año que viene.

Gadgets al rescate

Fue una semana pesada.

No tanto por carga de trabajo o estudio; básicamente lo único que hubo fue la tarea de Urrutia. Lo malo fue que 1) nos hicieron ir el viernes a un seminario de orientación, y 2) ayer sábado tuve que ir al curso de Xilinx. Lo cual implicó levantarme temprano 6 días de esta semana. No bueno.

Por lo demás, académicamente todo fue bien. Acabé la tarea de Urrutia y estoy casi seguro de sacar 10. En Autómatas tuve dos respuestas mal en la segunda tarea, por hacerla en una hora un día antes. Y en lenguajes ya tengo casi toda la tarea, sólo necesito leer un capítulo del Mitchell. Ah, y ya tengo equipo… en dos de las materias en las que menos lo necesito, pero espero que me dejen trabajar con ellos en Arquitecura. Necesito a alguien dispuesto a alambrar por mí.

Mi choque del viernes de la semana pasada no fue tan grave; sólo afectó la puerta:

Nuevo madrazo

Nuevo madrazo

Tomé un par de fotos con mi nuevo celular justo después del accidente:

Carro Chocado

Carro Chocado

Madrazo

Madrazo

La resolución del celular es regular. Pero el modo nocturo apesta. Sin embargo, al otro día llevé el carro al servicio y tomé una foto a la luz del día:

Dejándolo en el Servicio

Dejándolo en el Servicio

No está tan mal; considerando que es un celular. La cámara es de 1.2 megapixeles. Mi nuevo celular es el Nokia 7260; lo compré el jueves antes del choque. Lo cual estuvo muy conveniente; pude llamar a mi seguro.

Nokia 7260

Nokia 7260

El teléfono está bien mamón. Y bien bonito; además de que quiero comprarle la carátula negra. También quería comprarle el cable USB; pero resulta que puedo transferir datos del celular a mi Palm (y viceversa) utilizando el infrarojo.

El viernes que choqué, regresaba del Centro, a donde fui con Juan a comprar cosas; una fuente de poder para mi mediana, una funda para mi Palm, y una tarjeta SD (con todo y lector USB) porque decidí que necesitaba espacio para videos e imágenes en mi Palm. La tarjeta de es 1 GB, y me costó 800 pesos. Eso es menos de 80 centavos por megabyte; yo estaba impresionado. También compré el lector de tarjets SD… y Memory Sticks, y SmartMedias, y no sé cuántas más, por 230 pesos.

Mi laptop tiene un lector; pero no parece funcionar en Linux. Todavía.

Como sea, tanto gadget ha venido a mi rescate en estos días sin carro. Leo en el tren ligero y en los microbuses, además de escuchar mi iPod, claro. Y mi celular me permite tomar fotos de forma mucho más sencilla que mi cámara; si bien con mucha menor calidad.

Pero aún así necesito mi carro; espero que esté antes del 16 de Septiembre.

Como mencioné hace poco, mi monitor está fallando. Eso significa que para poder trabajar, he estado haciéndolo en mi laptop, en la sala de mi casa. Así que mi ambiente de trabajo se ve ahora así:

Gadgets

Gadgets

Aunque realmente no utilizo casi la Palm ni el celular cuando trabajo, sí suelen estar cerca. Y mi iPod conectada me permite escuchar mis canciones en Rhythmbox mientras se carga la batería.

Que hablando de Rhythmbox; por fin salió GNOME 2.12. Después de actualizar todo lo actualizable, la estabilidad regresó. No como la tenía en GNOME 2.10, pero ciertamente mucho mejor.

No me termina de convencer pmount, aunque ciertamente ya funciona. Y sigo sin encontrar nada sorprendente en el nuevo GTK+, incluso utilizando el tema por omisión de Clear Looks. Aunque sí se ve mejor que mi tema Lila, y de hecho es el que utilizo en mi laptop.

Y ahora, necesito ponerme a trabajar en mi nueva tarea de Algoritmos, y en la de Lenguajes, que no está difícil, pero la parte de Cálculo Lambda está talachuda.

Entrampado

Lunes y miércoles nos entramparon en seminarios obligatorios de tres horas y media por sesión, y con mi carro en el servicio reparándose, me duele asistir… literalmente, mi laptop pesa mucho.

Bueno realmente no pesa mucho, pero con mi carro no pesa nada.

Si además añadimos el hecho de que tengo clases el sábado, estas semanas sin carro no se ven bien.

He andado en chinga, con la tarea de Urrutía básicamente. Es para mañana, y en lugar de poder terminarla estoy aquí en el auditorio del IIMAS, asistiendo a un seminario que con todo respeto no me interesa.

Pero bueno, voy a dejar de escribir entradas para mi blog, y voy poner atención, a ver si algo interesante sale.

El Choque de Jardines del Sur

Tuve a bien chocar hoy… de nuevo.

Juan me acompañó al centro a comprar ciertas cosas. Una funda para la Palm, mi fuente de poder para mi Mediana, porque murió, y una tarjeta SanDisk para la Palm. Quiero poner videos e imágenes en ella, y no tengo tanto espacio.

Total que dejé a Juan en su depa, y me regresé a mi casa. Estaba lloviendo, y el tráfico estaba lentísimo, y llegué muy cansado a la colonia. Cuando di la vuelta en la calle que siempre uso, una Ford Ranger en sentido contrario me embistió.

No fue mala onda; la ruta clásica para salir de la colonia estaba tapada por un huateque, y el tipo de la Ranger tomó la única alternativa.

A su Ranger no le pasó nada. A mí, la puerta trasera derecha se me hundió completamente. Fotos en cuanto llegue a mi casa; tomé un par con mi nuevo celular, pero no sé aún cómo sacarlas.

Cierro esta entrada aquí; llegó el ajustador.

Palm Blog

Mmmmmmh.

Estoy probando un cliente para mi blog. Puede guardar drafts, enviar entradas utilizando el protocolo de MovableType, tiene atajos HTML peronalizados (que de hecho Drivel no tiene)… muy completo.

Falta ver qué tan bien envía esta entrada, y si hace la conversión ISO-8859-1 a UTF-8 de forma inteligente. Eso me ha jodido mucho en la Palm, que todo es ISO-8859-1.

Voy a enviar esta entrada y ver cómo jala.

Gadgets

Hoy recogí a mi mamá en el Aereopuerto Internacional de la Ciudad de México Benito Juárez.

Venía de Brasil con una hora de retraso (aunque ciertamente no era su culpa), así que me tomé un cappuccino (¡18 varos… y ni siquiera estaba bueno!) en un cafecito ridículo, pero con Internet a través de Prodigy.

Prodigy en lugares públicos requiere autentificación (paréntesis… llevo años diciendo autentificación aunque he escuchado a un buen de gente decir autenticación… que además suena feo), pero mi Palm es lo suficientemente inteligente como para configurar el servidor proxy automáticamente y entonces no sólo puedo navegar (que no es muy útil en la Palm de cualquier forma… aunque la Wikipedia se ve chida), sino que además pude conectarme con SSH y con mi cliente de messenger. Me la pasé platicando con Omar y Citlali hasta que la batería se quejó amargamente que el Universo iba a implotar si no la apagaba. El güirles jala mucha batería.

Además tenía mi iPod Shuffle y escuchaba musiquita mientras me comunicaba electrónicamente con mis cuates y veía nenas guapas en el Aereopuerto. Que no había muchas esta vez, por cierto.

Estoy muy contento con mis gadgets, realmente hacen más divertida mi vida. Lo único que me faltó fue un cliente de mi blog para Palm, para poder publicar esto desde ahí. Pero estoy trabajando en eso.