La carta

No he escrito en casi mes y medio.

No ha sido el peor mes y medio de mi vida, pero ciertamente no estará en el top ten. Conacyt me dijo (después de pedirme paciencia), que no me daban la beca por las siguientes razones:

Principalmente se evaluaron cuatro temas en específico: Programa de Posgrado, Historial Académico del Solicitante, Pertinencia del Programa de Estudios Seleccionado y Elementos que Fundamentan la Solicitud. A cada uno de estos temas se les otorgan calificaciones entre los siguientes rangos “muy alta”, “alta”, “media”, “baja” y “muy baja”.

En tu caso para el Programa de Posgrado la calificación fue “muy alta”

Para la calidad del historial académico varió entre “muy alta” para tu historial, “alta” para la relación con tus antecedentes académicos y laborales, “media” para la experiencia del candidato y “baja” para la claridad del candidato en la selección de su Programa de Posgrado.

La pertinencia del programa de estudios seleccionado se calificó como “baja”

Los elementos que fundamentaron tu solicitud se consideraron frágiles “baja”.

El comité recomienda que consideres realizar tu maestría en México.

Pocas veces he estado tan molesto y sintiéndome tan mal en mi vida. Contesté furioso, pidiendo explicaciones de porqué el comité recomendaba que hiciera mi maestría en México, si ya me habían dado la beca en el 2002. Y otros argumentos.

Después de algunos días, me volvieron a contestar diciéndome que lo intentara el año que viene. Ja, dije yo. De ahí fue una búsqueda frenética de contactos para ver qué podía hacer; incluso le escribí directamente a Jaime Parada, el director del Conacyt.

Mónica me hizo el favor de conseguirme el número de René Drúcker, y me pasó el tip de que ella olía algo político en el hecho de que no me dieran la beca. Después de perseguir durante semanas al doctor Drúcker (es un hombre ocupado), por fin me tomó la llamada y me recomendó que no hiciera nada como escribir a los periódicos o meter demandas. “Sencillamente estos pendejos no tienen lana”, me dijo. Parafraseando.

Pero me dijo que no dejara de intentarlo, y me pasó el teléfono de la directora de asignación y operación de becas. Después de perseguir a la licenciada durante varios días (también es una mujer ocupada), me dio cita hace dos semanas.

A esas alturas del partido yo estaba caminando con las axilas. Había entrado en modo ahorro de energía, reduciendo al mínimo todas mis actividades físicas y mentales, y guardando fuerzas para únicamente la resolución de lo de la beca. Por eso no escribí en el blog, por eso casi no hice nada en esas semanas. Mi estado de ánimo estaba en su punto más bajo en años. Tal vez en toda mi vida; sólo ahora hago menos drama que cuando era adolescente.

Fui a la cita con la directora de becas, y ella me mostró mi evaluación. En resumen, no me daban la beca porque en México hay maestrías donde puedo estudiar Ciencias de la Computación. Lo demás realmente son sólo elementos secundarios; el argumento principal (la pertinencia del programa de estudios), es debido a que puedo estudiar una maestría en Ciencias de la Computación en México.

Le pregunté qué podía hacer. “Mete una carta pidiendo que se te evalúe nuevamente”, me dijo. Me recomendó que argumentara porqué aunque hay maestrías de lo mío en México, no me ofrecen lo que me ofrece la Universidad de Waterloo. Me advirtió que probablemente no me darían la beca, pero que tenía derecho a pedir una segunda evaluación. Se portó muy chida conmigo; es su trabajo, pero de cualquier forma lo agradezco.

Preparé esa carta durante dos semanas, y además tuve que poner en práctica el plan B. Hice el examen de admisión al IIMAS; lo cual me puso de muy mal humor: el examen es un fraude. No sé si me acepten (yo digo que sí), pero ciertamente es el plan B, y bastante lejano al A.

Ayer acabé la carta, junto con otras cosas que me ayudan a contra-argumentar las razones del primer comité evaluador de no darme la beca. Hoy la entregué, a las 10:31 AM.

Y ya. No hay nada más que pueda hacer. Agoté todas las posibilidades, toqué en todas las puertas, hice todo lo que estaba a mi alcance. Jamás en mi vida me había esforzado por algo como por esto.

Y no creo que sirva de mucho. La realidad es que el gobierno federal le ha cortado fondos al Conacyt de forma criminal, y que están tratando de dar el menor número de becas. La triste realidad es que probablemente me quede aquí a hacer mi maestría (si el IIMAS me acepta), y que tenga que intentarlo de nuevo en dos años. Esperemos que al menos el Peje ya sea presidente entonces.

En el fondo no debería quejarme. Soy privilegiado; si Conacyt no me da la beca (que es lo más seguro), puedo empezar a trabajar y ganar bien, o puedo hacer mi maestría aquí y becarme (tienen que hacerlo), o un montón de probabilidades más. Sólo se cierra una puerta. La que más quería yo, y la más interesante… pero sólo una puerta.

El plan B es sencillo; de alguna forma mucho más sencillo que el A. Me quedo aquí a hacer una maestría que no creo me cueste demasiado, ahorro el dinero de la beca, salgo con mis cuates, leo, escucho música, voy al cine. Trato de publicar y de ir a cuanto congreso pueda… ahora sí tratando de aumentar mis conocimientos y no sólo de vacaciones. Me busco un asesor perrísimo para mi tesis.

Todo va a salir bien.

También hoy di mi última ayudantía, que era la única otra obligación que tenía. Me faltará calificar alguna práctica, o tareas, pero realmente ya acabé. Y el entregar la carta significó que ya no tengo que preocuparme más al respecto: ya no hay nada más que pueda yo hacer.

Así que retomaré mi blog, subiré las fotos que he tomado que me faltan de subir, reorganizaré mis álbums. Trataré de programar algo para Gnome o para Classpath. Saldré a enamorarme de nuevo de esta ciudad (tengo que ir a la exposición “Faraón”). Viviré.

Y no voy a desanimarme. Porque todo va a salir bien.