El olor más caro del mundo

El ganar bien tiene básicamente una consecuencia que sobrepasa a casi cualquier otra: uno puede comprar cosas.

He mencionado aquí varias de las cosas que he comprado (mi celular, por ejemplo, o mi AVR), pero a la mayoría no le he visto realmente la necesidad de escribir acerca de ellas. Dudo que a nadie le interese mi nuevo refrigerador, por ejemplo.

Lo que estrené hoy en cambio sí creo que merece ser mencionado. Es casi seguro que deje de ganar bien más rápido de lo que yo creía, y entonces sopesando las posibilidades de cómo seguir tratando de reactivar yo solito la economía mexicana, rápidamente llegué a la conclusión de que, después de más de diez años, era hora de jubilar a mi viejo, fiel y querido tsurito.

Ahora; yo no sé de carros, y esto es en gran medida porque no me interesa saber de carros (digo, puedo cambiar una llanta o pasar corriente, pero doy por hecho que todo mundo más o menos sabe hacer eso). Así que no me iba a poner a investigar de carros; decidí que me compraría un carro que yo supiera fuera bueno, o que fuera suficientemente bueno según vox populi como para no tener que hacer yo mi tarea.

La primera opción básicamente me dejaba nada más otro Tsuru… y sinceramente lo consideré como una muy probable elección. Yo estoy encantado con mi viejo Tsuru; casi nunca me dio problemas, y cuando me los dio fue muy sencillo resolverlos. Fue un carro casi intachable en todos sus años de servicio. Pero una vocecita en mi cabeza (probablemente el diablo) me dijo: “Es tu primer carro nuevo. Ya eres doctor. Tienes un buen trabajo. Te mereces algo mucho mejor que un Tsuru.”

Así que consideré otros carros que según las masas fueran lo suficientemente buenos como para que yo no tuviera que perder mi tiempo investigando cosas como aditamentos de seguridad o innovaciones tecnológicas. Y (y esto es importante) que yo considerara atractivo.

Ahora, además de que no sé de carros, mis gustos suelen ser poco comunes. No me gustan los carros grandes (y no sólo eso; una camioneta, aún la más pequeña, no cabe en mi cajón de estacionamiento, así que de hecho entre más pequeño mejor); no me gustan las compañías automotrices gringas (descartados Ford, Chrysler, etc.); no me interesa mucho la velocidad; y ciertamente no me interesan cosas como carros deportivos. Me gustan los carros japoneses y europeos (entre más chiquitos mejor), y que me lleven de A a B sin que yo me tenga que preocupar de nada más que la gasolina, los baches, niños jugando futbol, y los tarados que lo quieren chocar a uno en la Ciudad de México.

(Técnicamente tampoco me interesa cómo se maneje en carretera, pero probablemente mi uso de las mismas crezca en los próximos años).

Tomando todo esto en cuenta, había varias opciones, pero realmente sólo una que todo mundo está de acuerdo en que es un carro excelente. El único problema es que era probablemente la opción más cara que realmente me llamara la atención (y que estuviera en mi rango de precio: el Nissan Leaf suena increíble, y yo creo que los carros eléctricos van a dominar en unos años, pero no me alcanzaba ni de chiste). Y entonces la vocecita en mi cabeza de nuevo habló (el diablo, les digo) y dijo: puedes. Ándale. Te va a gustar.”

Y pues le hice caso. Así que aquí les presento a mi nuevo carro:

Mini Cooper

Mini Cooper

Y es rojinegro. Obviamente.

Siempre me han gustado los Mini Coopers, así decidí hacerle caso al diablo y comprarlo. No me arrepiento en lo más mínimo: es tan bonito, que creo que voy a seguir soltero varios años más, porque mis hipotéticas novias se pondrían celosas de él. Se maneja increíble; lo pedí de transmisión manual (obviamente), y es la cosa más maravillosa del mundo volver a manejar con palanca. Y el motor de hecho acelera cuando piso el acelerador; mi pobre tsurito solía hacer nada más unos ruiditos lastimosos que sonaban como si estuviera diciendo que ahí iba, que le diera chance.

Es también más inteligente que yo, al parecer; en el tablero me va diciendo cuándo debo de cambiar la velocidad. Lo cual me preocupa; de regreso hoy a mi departamento, rápidamente llegué a quinta, y el tablero me sugirió cambiar a sexta. Oí una vez más la voz en mi cabeza: Vamos. Mete la sexta. Acelera. Sabes que quieres. Sabes que te va a gustar.”

Lo cual me convenció no sólo de que la vocecita es del diablo, sino que el diablo está en mi nuevo carro, y que me estaba llamando desde que decidí cambiar de automóvil. Ciertamente tiene los colores.

Por suerte ya no tengo veinticinco años como para hacerle caso; lo regresé a neutral y dejé que se deslizara con su propia inercia antes de volver a meter cuarta. Ya lo sacaré a carretera y veré cómo se siente en sexta.

Podría registrar al carro en el Estado de México para no pagar tenencia; conozco a quien lo ha hecho. Pero me parece desleal con mi Ciudad; y además, sé que es un carro de lujo. Yo no necesito un Mini; otro Tsuru hubiera sido más que suficiente. Creo que es realtivamente justo que pague más por dicho lujo (y sólo serán tres años antes de que la depreciación lo saque del rango de carros que pagan tenencia).

Y sí es un lujo. Pero claro que lo valgo.

Insurgente

El fin de semana pasado fui a ver Insurgent.

Se apli… ¿saben qué? Realmente no importa; lean aunque no la hayan visto.

Insurgent

Insurgent

Insurgent es una película técnicamente bien hecha, pero con la historia más idiota del universo.

La primera parte no la fui a ver al cine; fue el año en que se estrenaron muchas películas basadas en novelas que los gringos denominan como YA, porque están dirigidas para young adults, jóvenes adultos. Me parece que el resto del mundo tiene un mejor término para este tipo de novelas.

Les decimos malas. Aunque sería divertido que alguien tratara de clasificar a las “novelas” de Carlos Cuauhtémoc Sánchez como “para jóvenes adultos”.

Los gringos producen una cantidad impresionante de literatura; literalmente (je) decenas de miles de libros al año. Por supuesto, la enorme mayoría son completa y absoluta basura; antes yo era de la idea de que al menos la gente estaba leyendo. Ahora no sé si prefiero menos autores, pero realmente buenos, a muchos mierderos.

Ciertamente del montón de literatura en inglés que he leído en los últimos años, casi nadie se acerca a Gabo, a Saramago, o a Carlos Fuentes. Tolkien (obviamente) es el único que está al nivel; pero yo ni siquiera pondría a C.S. Lewis en la misma categoría; lo mismo la Rowling. Son buenos; nada más no realmente extraordinarios.

(Y ni me hablen de George R. R. Martin; el tipo en lo personal me cae bien, pero sus libros me parecen aburridísimos, lo cual es paradójico porque la historia que cuenta de hecho es fascinante… sólo para realmente disfrutarla uno tiene que deshacerse de tres cuartas partes de los personajes y contarla de forma menos fastidiosa, como en el programa de televisión, que ese sí me parece fabuloso).

Del resto, y esto debo admitirlo, que no sean buenos no quiere decir que no sean entretenidos. Todo lo contrario: The Hunger Games la disfruté bastante, pero no tengo el menor deseo de volver a leerla jamás en mi vida. De la misma manera estoy ahorita en una fase de Stephen King (quién lo hubiera dicho, a mi edad), pero aunque me entretiene no lo clasificaría como realmente bueno.

Como sea; leí las novelas de vampiros maricones de la Meyer (y la única de ciencia ficción que hizo, que de hecho me gustó más); y leí la triología de The Hunger Games. No pude con más, y al ver lo infames que eran las películas que salían de esas madres, mejor tiré la toalla y decidí nada más ver las que me parecieran interesantes de ver los avances.

Divergent no me pareció interesante, y cuando la vi en Blu-ray decidí que había tomado la decisión correcta. Pero terminé yendo al cine a ver la secuela porque no había nada que quisiera ver el fin de semana pasado.

Insurgent es una película muy bien hecha; con un elenco espectacular; con dos protagonistas jóvenes, guapos, y con una excelente química; y todo eso se tira al caño porque la historia es pendejísima, cuando hace sentido. Que además, no hace sentido la mayor parte del tiempo.

Las acciones de los personajes no tienen sentido; la tecnología que utilizan no tiene sentido; el sine qua non de esta “sociedad distópica futurista” no tiene sentido. Son sólo una serie desconectada de escenas, salpicadas varias de ellas con muy buena acción gracias a Marx, y un par con sexo censurado para que sea apropiado para todo público, que llevan a esta historia sin sentido de un punto a otro sin que en ningún momento nada esté realmente explicado.

Ni siquiera me queda claro que, como sea que se llame la autora de los libros sobre los que se basa la película, tenga el corazón en el lugar correcto, como la de The Hunger Games. Son sólo las fantasías pendejas (y los sueños húmedos) de una adolescente ídem que de verdad quisiera poder patear gente, y tener un novio “tenebroso” que pudiera patear todavía más gente. Porque no me importa qué edad tenga esa mujer; es una adolescente.

Dicho todo eso, probablemente vea las dos últimas partes; Shailene Woodley tiene una belleza muy poco fuera de lo común que me resulta muy atractiva y (para qué me hago pendejo) Theo James es arrebatadoramente guapo.

Sólo no creo ir a verlas al cine.

La ética de hacer trampa

(Esta entrada es la décima y última parte de una serie que cubre un proyecto personal que realicé en el verano de 2014; pueden ver todas las partes aquí).

Después de haber armado el hardware y escrito el software para que un robot sacara por mí los trofeos más difíciles de Guitar Hero Metallica, Rock Band 2 y The Beatles: Rock Band, la pregunta obvia es, por supuesto: ¿es esto hacer trampa?

Sí, claro que sí. Obviamente es hacer trampa.

La verdad es, nunca me ha molestado hacer trampa jugando videojuegos para obtener los trofeos. El tipo de trampas que utilizo suelen llamarse glitches, y consisten en pequeños errores en la programación del juego que facilitan al usuario conseguir un objetivo, lo que suele traducirse en un trofeo. Hay glitches para God of War, para Dead Space, para Uncharted, para Grand Theft Auto IV, etc., etc. Muchos de estos glitches requieren cierta habilidad para activarlos, y en muchísimas ocasiones, es divertidísimo en sí mismo el hecho de lograrlos activar.

Tengo mis límites, por supuesto. Hay muchos juegos que permiten cargar un juego salvado (savegame); y en la red abundan savegames que al momento de cargarse, como incluyen los objetivos necesarios para obtener uno o más (en algunos casos todos los) trofeos en el juego, estos comienzan a salir uno detrás del otro. Hay incontables videos en YouTube mostrándolo. Los savegames más sofisticados incluso son descifrados de la encriptación dada por el PS3, editados manualmente en un editor hexadecimal, y vueltos a cifrar.

Jamás he usado un savegame. ¿Por qué? Siendo honesto, no es por un afán ético: creo que es otra forma de hacer trampa. Creo que la respuesta es sencillamente que no me parece divertido. ¿Qué diversión hay en bajar un binario de la red? Si yo mismo descifrara, editara el savegame, y lo volviera a cifrar, tal vez consideraría hacerlo. Tal vez; no me queda claro. Si fuera demasiado sencillo (y me temo que de hecho lo es), no creo que le encontrara ningún chiste.

En cambio escribir mi robot musical fue divertidísimo. Es de verdad de las cosas más entretenidas que he hecho en años, y no es por darme aires, pero no cualquier lo hubiera podido hacer. Un montón de gente lo puede hacer; pero no cualquiera.

Además, está el hecho de que a nadie (excepto a mí) le importa qué trofeos tenga o no. No hay ningún tipo de beneficio en tener muchos o pocos trofeos. Créanme, las nenas no se vuelven locas cuando menciono el número de trofeos de platinos que he ganado. Por lo mismo (y tal vez lo más importante), nadie es afectado negativamente por mí al hacer trampa para tener trofeos. Es un “crimen” sin víctimas, y para obtener algo que básicamente a nadie le importa.

Así que no me arrepiento en lo más mínimo de haber hecho trampa en mis juegos musicales. Sigue siendo de las cosas más divertidas que hecho en años, y probablemente lo vuelva a hacer (nada más tenga algo de tiempo).

Esta entrada concluye el relato de mi proyecto del verano de 2014. Lo único que resta es limpiar un poco el código y ponerlo en GitHub. A ver si este verano tengo tiempo libre para hacerlo.

Francotirador

Hace una semana fui a ver American Sniper. Yo no quería verla, pero varias personas me la recomendaron así que al final sí fui a verla.

Se aplican las de siempre.

American Sniper

American Sniper

Tengo varios problemas con esta película. Comenzando porque se presenta como una historia real, y que los mismos realizadores admiten que cambiaron un montón de cosas (licencia artística, le dicen) para hacerla más cinematográfica. Y eso que el libro en el que está basado de por sí tiene un montón de cosas que (al parecer) tampoco son ciertas.

Chris Kyle el gringuito sobre la que se basa la película, era un cerdo y un asesino. Eso parece ser consenso entre gente progresiva; el tipo decía que jamás se sintió mal por asesinar a mujeres y niños en Irak (les decía “salvajes” por defender su país de una invasión ilegal que además de todo se realizó por una enorme mentira), y presumía (apócrifamente al parecer) de haber matado negros que “saqueaban” centros comerciales durante el huracán Catrina con su rifle de francotirador. Por cierto, hay un artículo muy interesante de cómo los medios gringos se referían a los negros sacando comida durante la tragedia como “saqueadores” y “maleantes”, pero a los blancos que hacían exactamente lo mismo se les llamaba “supervivientes” y “residentes”. Pero eso no tiene nada que ver con la película.

La película suaviza un poco al personaje de Chris Kyle, humanizándolo un poco. Pero es realmente poco: el tipo jamás cuestiona por qué andan matando gente en sus casas en su país, y sigue refiriéndose a los iraquíes como salvajes. No lo dicen explícitamente, pero si uno no leyera periódicos (y admitámoslo, los gringos a los que esta película va dirigida en general no lo hacen) uno podría creer viendo esta película que Irak tuvo algo que ver con los atentados contra las torres gemelas en 2001. Que, como todo mundo sabe, no tuvo nada que ver.

En general no tengo problemas con el progringuismo de las películas gringas; es su país, se entiende que eso hagan. Pero en este caso el personaje es realmente tan deleznable, que es francamente nauseabundo.

En otras películas pro-gringas (Battle: Los Angeles, o Interstellar, por ejemplo), no tengo problemas con apagar mi cerebro un par de horas y echarle porras a los gringos. Está hecho de forma inteligente, o al menos de forma entretenida. En esta película, cuando un francotirador peleando del lado de los iraquíes mataba a los gringos, no podía menos que echarle porras a él. Al menos estaba matando a los agresores en la historia.

La película, como obra cinematográfica, es bastante buena. Bradley Cooper es espectacular en su papel, la dirección de Eastwood es impecable, está bien contada y ambientada, y la guerra incluye miembros volando y niños siendo asesinados o torturados con taladros en su cabeza. Por alguna razón, al parecer esa pornografía de la violencia ahora se considera “alto realismo”.

Sólo su propaganda es tan descarada y tan barata, que a mí sí me dejó un muy mal sabor de boca. Yo no la recomiendo.

Suerte

Platicando hace poco con una amiga, ella me dijo que yo tenía mucha suerte. Eventualmente elaboraré en por qué dijo eso; y ciertamente yo estoy de acuerdo en que podría interpretarse como que soy un hombre con suerte, especialmente por varios acontecimientos recientes.

Sin embargo, sí me incomodó un poco la aserción; como cuando alguien responde a alguno de mis méritos con un “gracias a dios”. Aunque sin duda alguna el azar ciertamente me ha favorecido a lo largo de mi vida (comenzando por nacer en la familia que nací), creo que mis decisiones y las acciones que he realizado después de tomarlas juegan un papel mucho más importante que la cara en que cayeron los dados.

Como sea, ayer fui a una reunión, y venía en mi carro alegremente de regreso a mi casa, cuando una patrulla me detuvo. Y tuvo a bien a informarme que era el segundo sábado del mes, que mi carro no circulaba, y que lo iban a mandar al corralón. Pendejo de mí, se me había olvidado por completo.

Entre otras cosas por eso he estado pensando en comprar un carro, dado que estoy ganando bien (y que esto parece no durará tanto como me hubiera gustado), y de hecho el lunes tenía pensado ir a ver modelos. Se me ocurrió que tendría que ir en taxi, o primero ir a recoger mi carro: hace años que me he negado a pagar mordida, porque me parece que es la única manera en que la corrupción puede detenerse. Además, aunque hubiera querido pagar mordida, tenía veinte pesos en la cartera. Le comencé a preguntar al poli que qué procedía

El poli comenzó a explicarme que ya no había lugar en los corralones cercanos, y que habría que llevarlo a Las Águilas, que está (me explicó) muncho muy lejos. Yo mientras estaba apuntando la información, incluyendo el nombre y número de placa del oficial, diciendo básicamente “ajá” a todo lo que me decía. De repente me dijo el poli “¿cómo le hacemos?”, a lo que yo contesté “pues ya me dijo, ¿no? Se llevan el carro al corralón, y tengo que recogerlo.”

“Además” me informó el poli “me acaban de decir que no hay grúa, así que tiene que llevarlo usted”. Y yo le dije “OK, ¿los sigo o cómo le hago?”.

Para este punto me parece que el poli comprendió que sí estaba dispuesto a llevar yo mismo mi carro al corralón, y nada más me dijo que me fuera con cuidado. Creo que le daba más flojera a él ir al corralón que a mí.

Quiero ser muy claro en algo; creo que la mayor parte de las cosas que he conseguido/ganado/obtenido han sido siempre mayormente por el esfuerzo que he invertido para conseguirlas/ganarlas/obtenerlas.

Sin embargo, tal vez estoy ahora más dispuesto a admitir que sí tengo muy buena suerte.

Pero como dicen en el futbol: portero sin suerte no es portero.

Focus: Maestros de la estafa

Estas dos semanas de mi vida han sido, como dicen los gringos, an emotional rollercoaster. Que es una manera muy mamona de decir que han sido muy intensas.

El sábado en la noche fui al cine para despejarme un poco la cabeza; vi Focus.

Se aplican las advertencias habituales de spoilers.

Focus

Focus

Como en general elige muy malas películas para hacer, y suele aportar mucho de su personalidad en la vida real a sus personajes, a veces es fácil olvidar qué buen actor es Will Smith. En Focus hay una secuencia durante un Super Bow en particular, donde de verdad el tipo es increíble.

Los avances de esta película hacían creer que es un thriller. No se dejen engañar; Focus no es un thriller.

Es una comedia romántica. Con humor negro, pero comedia romántica al fin y al cabo.

Smith (que a sus 46 años continúa viéndose arrebatadoramente guapo) interpreta a un timador; un confidence man o conman como les dicen en el gabacho. Esto es una manera elegante de decir que es un ratero; aunque ciertamente queda claro que nunca utiliza violencia, y en general roba a gente que no extrañará en demasía lo que le quiten.

Al timador tratan de timarlo un par de amateurs, y por supuesto les pone una revolcada explicándoles por qué su timo está súper chafa. La chavita amateur (la estupidizantemente hermosa Margot Robbie) lo sigue y le pide que le enseñe a ser profesional, como él. El tipo la pone a prueba, y cuando ve que sí tiene madera, la agrega a su equipo, donde después de varias muy divertidas aventuras (y la fabulosa escena en el Super Bowl), ganan muncho dinero.

Para este momento Smith y Robbie ya son amantes, pero el tipo decide terminarlo todo porque en esa “profesión” las conexiones emocionales siempre son un lastre. Tres años después está tratando de hacer un trabajo en Argentina más complicado de lo normal, cuando se la vuelve a encontrar.

La película me encantó; en el fondo es un romance al fin y al cabo; tiene más giros inesperados que todas las películas de M. Night Shyamalan juntas; y es consistentemente bien actuada y divertida. Además, Smith y Robbie son encantadores en todo momento, y se cargan una química impresionante.

Como bono a esto, el hecho de que el personaje de Will Smith (como él mismo) sea negro no importa en lo más mínimo. Es el galán; la raza (como debería ser siempre) no importa. Sólo lo mencionan en un chiste muy menso en algún momento.

Consecuencia de esto, es la primera vez que el interés romántico de Smith en una película es una mujer blanca, y que de hecho termine al lado de ella (en Hancock Charlize Theron es blanca, pero no acaba a su lado). Ya había escrito antes de esto; en general en las películas gringas los negros nunca se ligan a las blancas, a menos que la trama sea justamente de relaciones interraciales. Hollywood teme (o temía) que la población de hombres blancos fuera a sentirse amenazada de que los negros fueran a quitarles a sus mujeres. Las parejas de negros eran negras, latinas, o asiáticas en casi todos los casos.

Eso sí, un blanco podía ligarse una negra; eso estaba “bien”.

Me alegra ver que este estereotipo haya sido ignorado en Focus, y espero que continúe siendo ignorado en el futuro.

La película está muy divertida, bien hecha, bien actuada, y bien contada. La recomiendo ampliamente.

Inteligencia

Me considero razonablemente inteligente… para ciertas cosas. Pocas, si soy honesto.

Para la mayoría, estoy seguro de que soy un imbécil. Y estoy siendo amable conmigo mismo.

Caso de ejemplo: compré una tetera en Perisur hace unos días. Llegué a mi casa, la llené de agua, y la puse a hervir para tomarme una infusión (porque lo que muchos llamamos té en México son realmente infusiones).

Varias infusiones después, decidí tirar la caja donde venía la tetera. Dentro encontré un pequeño folleto, donde decía que antes de usar la tetera, quitará la película de plástico al fondo de la misma.

Por supuesto, al revisar mi tetera ya no había ninguna película de plástico. Así que probablemente mi estómago esté ahora cubierto por una delgada película de plástico.

Si un amigo me contara ese episodio, le diría “pero qué pendejo eres”.

Como soy yo, voy a decir que estaba distraído.

Kingsman: El Servicio Secreto

El miércoles será (espero) uno de los días más importantes de mi vida, así que para distraerme un poco fui el viernes a ver Kingsman: The Secret Service.

Se aplican ya saben.

Kingsman: The Secret Service

Kingsman: The Secret Service

Tenía muchas ganas de ver esta película, y no me decepcionó en lo más mínimo. Siendo a la vez un homenaje y una parodia a todas las películas de espías ingleses de la historia, la trama es inverosímil y ligeramente estúpida, pero es fácilmente perdonable por el excelente (y muy inglés) sentido del humor, la acción desmedida, y que no se toma en serio ni siquiera por cinco minutos.

Taron Egerton encabeza el elenco mostrando un estereotipo de la juventud de la prole inglesa que creo no se ve mucho, al menos aquí en México (otro ejemplo muy bueno es John Boyega en Attack the Block). El muchacho es sin duda alguna guapo, simpático y con carisma, interpretando a un muchacho en un entorno urbano jodido y con resentimiento de clase.

Respaldándolo están los pesos pesados: Colin Firth extraordinario como el mentor con la sabiduría y experiencia, explicando que ser educado no tiene nada que ver con si uno nació o no en la realeza; Mark Strong saliéndose de su tipo normal de personajes, interpretando al soporte técnico del equipo de espías; y Sir Michael Caine, haciéndola una vez más de Sir Michael Caine, pero no nos importa porque qué chingón viejito.

Además está Samuel L. Jackson, también saliéndose de su zona de confort e interpretando a un genio tecnológico demente, que además le da náuseas el ver sangre; y la desquiciantemente hermosa Sofia Boutella interpretando a la sexy, agraciada, inteligente, interesante, letal y “discapacitada” Gazelle, uno de los más originales y divertidos villanos de espías que he visto en mi vida.

Gazelle

Gazelle

Como digo arriba, la historia no es para tomarse en serio, y es suficientemente estúpida como para que los mismos realizadores se burlen de ella todo el tiempo durante la misma película. Realmente no importa; la película es a su manera subversiva, y es divertida y entretenida todo el tiempo.

De verdad la recomiendo; probablemente vaya a verla de nuevo en los próximos días.

Caricaturas

Cuando estoy en la compañía de adultos educados, con cierto nivel cultural y con gustos similares a los míos, suelo decir, con un aire de desinteresada elegancia, que de vez en cuando disfruto ver uno que otro animé.

Esa es la manera en la que, según yo, lidio con dignidad con el hecho de que veo caricaturas a mis 37 años.

Durante casi todo mi posgrado dejé de ver animé, no estoy seguro de por qué exactamente. Excepto, por supuesto, de las dos temporadas y la película de Haruhi Suzumiya, que fueron extraordinarias, excepto un poco el altamente arriesgado experimento de crear ocho capítulos con casi exactamente la misma historia, en el infame arco llamado (apropiadamente) ocho sin fin.

Como sea, eso fue casi todo lo que vi de animé durante mi posgrado, hasta que me quedé homeless y lidié con eso (en parte) viendo un montón de animé. Pero un montón; después le bajé y ahorita suelo estar viendo dos o tres series en paralelo.

Lo que me motivó a escribir esta entrada (y más adelante comenzar a hacer reseñas de las series de animé que he visto que más me han gustado), es el hecho de que me enteré hace unos días de que Haruhi volverá en abril a relatarnos sus delirantes aventuras. No me había dado cuenta de cuánto me importaba esto, hasta que vi la noticia y no pude evitar dar un gritito maricón de emoción.

Algo así como “¡yai!“.

Así que este año comenzaré a hacer reseñas (espero no muy elaboradas) de las series de animé que he visto, y de por qué me parece que son chidas o no.

Selma

Ayer fui a ver Selma, porque ya no alcancé lugares en ninguna otra película que quería ver.

Se aplican las de siempre.

Selma

Selma

Para los que no lo sepan, Selma relata la historia de cómo Martin Luther King Jr. y sus colaboradores organizaron la marcha de Selma a Montgomery en Alabama para exigir el derecho de los negros a registrarse para votar, los antecedentes de la misma, y las consecuencias de dicha movilización.

La película es fabulosa; las actuaciones de todos los negros (y varios de los blancos) son espectaculares; la ambientación en los sesentas es fenomenal; la dirección (de una mujer negra; no hay muchas de esas en Jólivud, me parece) es impecable; y el guión es extraordinario, y en lo general bastante cercano a la realidad de lo que ocurrió, por lo que he leído (excepto la relación entre MLK y el presidente gringo LBJ).

No tengo realmente nada qué criticarle a la película; contrario a la película “inspiradora” de negros gringos del año pasado (The Butler), Selma no es cursi, predecible o barata. Todo lo contrario: me parece que realmente refleja muy bien las vicisitudes, valor y determinación del movimiento por los derechos civiles que tuvieron que dar los negros gringos, apoyados por varios contingentes de blancos avanzados (o al menos humanamente decentes) en ese país (principalmente eclesiásticos, por cierto).

Varias cosas que la película relata me parece que no se pueden dejar de mencionar en el contexto de la descomposición política que tenemos en México.

  • El movimiento lidereado por MLK siempre fue (contrario al de Malcolm X, por ejemplo) pacífico. Esto no quiere decir pasivo.
  • Al ser pacífico este movimiento, la única vía posible para avanzar, era la electoral (por eso la importancia de registrar negros para votar). Después de la tragedia de los 43 estudiantes asesinados el año pasado (que el gobierno federal le urge que lo “superemos”), comienzan a surgir de nuevo voces llamando a no votar; esto no nos va a llevar a ningún lado. Por enturbiados, manipulados y falibles que sean nuestros procesos electorales, o salimos a través de ellos (limpiándolos, protegiéndolos y mejorándolos), o no salimos. Y por supuesto siempre ha existido una corriente de la “izquierda” mexicana que dice que las elecciones son un engaño y que sólo la “revolución” cambiará las cosas; esto es claramente un pretexto para nunca realmente hacer nada significativo.
  • La película relata (y lo que he leído parece concordar), que MLK abortó el segundo intento de la marcha a Montgomery porque temió que resultara en un nuevo baño de sangre. Y no pude menos que recordar que, en el 2006, el Peje actuó de una manera similar durante las grandes manifestaciones post-electorales que hubieron aquí en la Ciudad. Por supuesto, no estoy comparando al pendejo del Peje con MLK; pero dentro de todas sus fallas y limitaciones, el hecho de que haya podido evitar que hubiera un enfrentamiento directo (que muchos clamaban porque se diera), es algo realmente laudable. Y lo hizo por el mismo punto de arriba: o salimos por la vía electoral, o no salimos.
  • En algún momento en la película, MLK dice que hay que maniobrar políticamente (a nivel de crear legislación) más allá de las marchas o mítines. Y esto es algo que muchos en la izquierda mexicana nunca han terminado de entender: marchas, mítines y plantones sólo pueden funcionar hasta cierto punto. Se quedan en esa dinámica y nunca se les ocurre intentar otras cosas.

Por último, la historia de la película explica mucho los conflictos raciales que siempre han plagado a los Estados Unidos (con varios ejemplos de violencia policiaca contra negros en particular y minorías en general el año pasado), y por qué les cuesta tanto superarlos. En algún momento en gringolandia era legal ser dueño de otro ser humano (negro, por supuesto). En algún momento era legal que un establecimiento se negara a darle servicio a ciertas personas por su raza. En algún momento era legal evitar que los negros se registraran a votar, imponiéndoles impuestos y condiciones imposibles de cumplir para poder hacerlo. Y aunque ya no lo sea, el sistema político y social que permitió que lo fuera sigue vivo hasta el presente. Disminuido y debilitado; pero no completamente derrotado.

En México nunca tuvimos ese problema. Por supuesto hay un chingo de racismo en el país, pero nunca ha sido institucional. Y obviamente no estoy diciendo que en México esté todo poca madre; todo lo contrario: estamos de la chingada, y objetivamente peor que los Estados Unidos en casi todos los aspectos que importan. Pero en particular en el del racismo, México siempre ha sido mucho más avanzado.

Vayan a ver la película. Es extraordinaria como una obra cinematográfica, pero además de eso el mensaje y la historia detrás de ella hacen que sea realmente muy disfrutable.

El Destino de Júpiter

Ayer fui a ver Jupiter Ascending. Se aplican las advertencias de spoilers de siempre.

Jupiter Ascending

Jupiter Ascending

Jupiter Ascending fue realizada por los hermanos Wachowski, los de la triología de Matrix. Casualmente, no había visto nada que hubieran hecho antes o después; mi único marco de referencia para su trabajo era la trilogía de Neo.

Y a mí me encanta todo el universo de Matrix; no sólo las películas, sino también Animatrix, cómics, y demás medios asociados. Sé que hay gente que no les gustaron las secuelas a The Matrix; pero tiendo a ignorar sus comentarios al igual que hago con la gente que trata de insistir, sin ningún tipo de sustento, que las precuelas de las Guerras de las Galaxias son substancialmente peores que la triología original.

En ese sentido yo soy, me parece, bastante honesto: todas esas películas son igual de malas, y a mí todas me encantan. Y entiendo que hay gente que le da un peso especial a que algo sea “innovador”; a mí en lo general me vale madre. Yo, siguiendo la sabia filosofía de Cyndi Lauper, sólo quiero divertirme.

Como sea; Jupiter Ascending es la nueva película de los Wachowski. Y es bastante mala.

No hay realmente mucho margen de error al hacer esa calificación; Jupiter Ascending es, en lo general, bastante mala. La historia apenas hace sentido; los diálogos son en varias partes atroces; la ciencia (en una película, técnicamente, de ciencia ficción) brilla por su ausencia; las actuaciones son (siendo generosos) mediocres; y es, en gran medida, cursi, predecible y barata.

Y, por supuesto, a mí me encantó.

La premisa de la historia (que la Tierra, junto con incontables mundos en el universo) son “granjas” que se “cosechan” cuando su población llega a un cénit genético, para que los ricos y famosos puedan hacer jugo rejuvenecedor con su población, es tan estúpida que dan ganas de llorar. Pero creo que tal vez se hubiera pudido explicar mejor si la película lo hubiera permitido; espero que las versiones extendidas en Blu-ray así lo demuestren. Los diálogos sí son atroces; pero también dan pie a un montón de momentos que, aunque increíblemente ridículos, son genuinamente divertidos (“I love dogs!”). La ciencia creo que se puede justificar en algún momento con más exposición (de nuevo, espero las versiones extendidas en Blu-ray que obviamente compraré), en particular el desconcertante hecho de que todos los seres en el universo hablan inglés. Las actuaciones creo que sí son mediocres; pero (siendo positivamente honestos) esto es lo común en las películas de ciencia ficción y fantasía… y Eddie Redmayne sobreactuando melodramáticamente como Balem Abrasax es deliciosamente gratificante.

Y por último, sí, la película es cursi, predecible y barata, pero pues termina siendo una historia romántica entre una heredera de la realeza (de donde vengo les decimos “princesas”), y un mercenario de mala muerte que le es fiel como un perro. Literalmente.

Yo sencillamente no me puedo quejar mucho de eso.

En lo positivo tiene efectos especiales espectaculares (como todas las películas de los últimos diez años); los escenarios y vestuarios son increíbles; hay una escena (completamente gratuita e innecesaria, pero fabulosa) que hace homenaje a Brazil; la heroína y el héroe son guapos y simpáticos; y Sean Bean tiene el buen gusto de no morir, para variar.

Así que vayan a verla y diviértanse; vale la pena verla en el cine.

Sólo no esperen una buena película.

Los juegos musicales

(Esta entrada es la novena parte de una serie que cubre un proyecto personal que realicé en el verano de 2014; pueden ver todas las partes aquí).

Hace seis meses dejé colgando mi serie acerca de mi proyecto del verano de 2014. Planeo terminarla, porque ya me falta muy poco qué contar de ella.

Como había estado relatando, utilizando un Teensy++ 2.0 y un CP2102, pude programar un circuito que me permitía emular un controlador de PS3 (y, en general, cualquier dispositivo USB HID), incluyendo las guitarras y baterías de los juegos musicales como Rock Band y Guitar Hero.

Después comencé a relatar mi historia de cómo empecé a coleccionar los trofeos de todos mis juegos, y que rápidamente llegué a la conclusión de que podía obtenerlos todos… excepto por los juegos musicales.

No me malentiendan; juego Rock Band razonablemente bien en la modalidad difícil, y si no me equivoco debo de pasar el 80% de las canciones en modo experto (es posible que más). Con mucha práctica, podría pasar el 100% de las canciones; con muchísima más práctica podría sacar casi todos los trofeos en Rock Band 2, The Beatles: Rock Band, y Guitar Hero Metallica.

Sólo no quiero estar practicando 16 horas al día durante meses para lograrlo. Además de que están los trofeos en equipo y similares, donde no importa qué tan bueno sea yo, en varios se necesita una banda de 4 personas tocando en modo experto.

Traté de sacar los trofeos yo solo, y la consecuencia fue que durante dos años no saqué trofeos de Rock Band 2 ni de Guitar Hero Metallica. Y podría haber sacado de The Beatles: Rock Band, pero consideraba que era suficiente estar practicando Panic Attack en bajo y Enter Sandman en guitarra como para echarme más al hombro.

Durante dos años, si toqué mi guitarra de plástico (que, siendo honesto no fueron tantas veces), fue para prácticar esas dos rolas. Y estuve cerca de sacar los trofeos; la primera sólo tenía que sobrevivir (pero nunca pude sobrevivir la parte entre el “odd rift” y el “organ solo 2″), y la segunda tenía que alcanzar cierta puntuación (me quedaba corto por unos cuantos miles de puntos, porque perdía mi combo en el solo).

Si no tuviera nada qué hacer durante varios meses (unos seis, digamos), y nada más me dedicara a practicar, a lo mejor podría hacerlo. Pero nunca tengo nada qué hacer; siempre tengo que buscar casa porque me quedé homeless, o escribir una tesis, o preparar clase, o doctorarme, o ir a Guadalajara porque decidí conseguir novia en provincia, o preparar una clase, o hacer algo de mi otro trabajo, o qué sé yo.

E incluso si no tuviera nada qué hacer, me interesan más cosas que practicar rolas de Rock Band y Guitar Hero Metallica. Hay películas y series que ver, novelas y cómics que leer, restaurantes a los que hay que ir a probar la comida. Juego videojuegos para pasármela bien; no como segundo tercer trabajo.

(Debo hacer la aclaración de que, en algunos juegos, podría considerarse que tengo que trabajar para conseguir los trofeos; pero en general esto lo disfruto, y además de hecho puedo ver que me estoy acercando a obtener esos trofeos).

Así que decidí utilizar mi habilidad como programador y mis conocimientos técnicos para escribir un robot que tocara las rolas más difíciles por mí. En el caso de The Beatles: Rock Band, de hecho perfectamente (hay detales técnicos por los cuales no es trivial hacerlo perfecto para todas las rolas de los juegos).

En el caso de los juegos de Rock Band esto fue muy fácil porque toda la información de las notas está en archivos MIDI. En el caso de Guitar Hero, el formato es distinto (QB, le dicen), pero la idea es la misma. Me llevó algunas semanas estar cazando con una lanza la documentación en la red para averiguar cómo descifrar los formatos, y unos días más escribir una serie de programas (la mayor parte de ellos en Vala) que me permitían tocar las rolas casi automáticamente (tengo que iniciarlo manualmente; pero en el próximo verano espero poder programar el robot que haga todo solito).

Con esto pude conseguir los platinos de Rock Band 2 y The Beatles: Rock Band. Guitar Hero Metallica fue más difícil, porque nunca pude hacer que mi circuito programado emulara la fuerza con que uno golpea los tambores de la batería; alguna parte del protocolo nunca pude descifrarla, y cuando empecé a ganar bien me harté y sencillamente compré una batería para Guitar Hero World Tour y obtuve el único trofeo que me faltaba (irónicamente, uno de los más sencillos de obtener: pasar todos los tutoriales de los cuatro instrumentos).

Ahora tengo estos tres trofeos de platino, y en algún momento mi porcentaje de trofeos llegó a estar en 99.13%. Ahorita está en 97.26%, porque comencé Zone of the Enders: The 2nd Runner, y aunque está divertido y fácil he estado demasiado ocupado como para poder terminarlo, pero ahora que sí voy a llegar a 100% en algún momento de mi vida. Sólo no tengo mucha prisa en hacerlo.

El aspecto técnico del proyecto se me hizo fabuloso, y de alguna manera mucho más divertido que de hecho jugar en mi PlayStation 3. Estar diseñando los algoritmos y estudiando las secuencias de bytes que tenía que estar leyendo y escribiendo para poder lograr lo que quería fue satisfactorio por sí mismo, incluso descontando los trofeos. Espero en verano regresar al proyecto y poder mejorarlo (y hacerlo funcionar con otros juegos musicales, obviamente).

El aspecto ético del asunto también me parece interesante, y es acerca de lo que escribiré cuando termine esta serie en su décima entrada, como lo había planeado originalmente.

Harry Potter y las casi veinte horas de películas

Como comentaba hace unas semanas, releí las siete novelas de Harry Potter porque sentí que era hora de hacerlo. Habiendo terminado, hice lo único que tenía sentido en ese contexto: compré la caja con todas las ocho películas de Harry Potter en Blu-ray (y 31 discos en total con casi 40 horas de material adicional), y las volví a ver, en orden.

Pequeño detalle: las películas de Harry Potter comenzaron en 2001, y mi blog empezó en 2005. Por lo tanto, en mi blog nunca reseñé las primeras tres películas, comenzando con Harry Potter and the Goblet of Fire en noviembre de 2005.

Las películas 7a y 7b no las había vuelto a ver después de haberlas visto en el cine, y nunca había visto las versiones extendidas. Más aún, para el momento en que salieron las últimas cuatro películas (5, 6, 7a y 7b), la serie de novelas ya había terminado, y yo me encontraba cerca a estar completamente harto del mago adolescente. Para terminar, la última película la terminé viendo en Toronto, a mediados de un viaje alrededor del mundo que me tenía ligeramente agotado, y entonces creo que todo esto se juntó para que no disfrutara como debía las últimas tres películas de la saga, especialmente la 7b.

Voy a mencionar las ocho películas, pero realmente me centraré en las últimas tres, porque me encantaron.

Harry Potter and the Philosopher’s Stone

Harry Potter and the Philosopher's Stone

Harry Potter and the Philosopher’s Stone

Voy a ser conciso: esta película es una mierda.

Harry Potter and the Chambers of Secrets

Harry Potter and the Chambers of Secrets

Harry Potter and the Chambers of Secrets

Voy a ser conciso de nuevo: esta película también es una mierda.

Déjenme elaborar. Columbus se fue por el camino fácil (o le dio hueva) en las primeras dos películas, y trató de adaptarlas a pie juntillas. El resultado son dos películas larguísimas y todavía más aburridas. Es una tortura verlas hoy en día; incluso la ternura que genera el trío siendo tan jóvenes es incapaz de superar el hecho de que las películas son leeeeeeentas como Lento Rodríguez, y pesadas como los pasteles de Hagrid.

Según mis cuentas, esta última vez que las vi fue la tercera cada una, y de verdad no planeo volver a hacerlo nunca más. Lo sentí casi como una tortura, y lo hice únicamente porque de verdad quería volver a verlas todas.

Y me parece un desperdicio, porque justamente las primeras dos novelas son las más ligeras (en todos los sentidos) de la serie.

Y para acabar, bueno, sí, exagero; no son una mierda, pero sí son (y por mucho) las peores de las ocho películas.

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban

El salto cualitativo de la segunda a la tercera película es tal, que de verdad casi quita el aliento. Cuarón se lució por mucho con la tercera parte de la saga, y me parece, aunque ciertamente es discutible, que es la mejor dirigida de las ocho.

Por supuesto, esto se consigue a cambio de que la historia comience a dejar de tener sentido en el universo cinematográfico, pero me parece un precio bajo. Después de esta película, varios críticos empezaron a quejarse de que las películas tenían cada vez menos sentido para la gente que no había leído las novelas.

Pues que las lean, digo yo.

Harry Potter and the Goblet of Fire

Harry Potter and the Goblet of Fire

Harry Potter and the Goblet of Fire

Esta película tuvo la desgracia de que le tocó adaptar una de las tramas más enredadas de todas las novelas; pero mientras que Cuarón se las ingenió para adaptar todo el desmadre del timeturner de manera espectacular, Newell se le hizo bolas el engrudo y modificó un montón de cosas para hacer la historia más sencilla. Además, no queriendo hacer películas de tres horas, decidió picarle en las costillas a todos los actores todo el tiempo para que dijeran sus líneas más rápido, lo que terminó por darle a la película un aire como de alguien que está a punto de perder su avión.

De todas maneras está bien; mucho mejor que las primeras dos, pero me parece que no a la altura de la tercera.

Harry Potter and the Order of the Phoenix

Harry Potter and the Order of the Phoenix

Harry Potter and the Order of the Phoenix

La quinta película tiene la ventaja de que la historia de la novela en la que se basa es la más cinematográfica de todas, me parece. Las nuevas caras en el elenco son además extraordinarias, y las partes de acción no le tienen nada qué pedir a la novela. Especialmente el duelo entre Dumbledore y Voldemort; la única vez que en las películas se muestra un duelo entre dos magos extraordinarios (porque pinche Harry se la pasaba gritando siempre expelliarmus!)

No sé de la tercera y la quinta cuál sea mejor, sinceramente. Yo en lo personal creo que prefiero la tercera, pero me parece que objetivamente en calidad ahí se van las dos. Lo que sí es que me parece que, sin duda, la quinta es mejor que la cuarta, y que Yates se ganó justamente el derecho de dirigir las siguientes tres películas de la saga.

Harry Potter and the Half-Blood Prince

Harry Potter and the Half-Blood Prince

Harry Potter and the Half-Blood Prince

La primera vez que vi esta película, la verdad no me gustó tanto. No sé qué tanto haya tenido que ver que la última novela estuviera a punto de salir a la venta, o que yo hubiera disfrutado tanto la sexta novela que tenía esperanzas muy altas para la película; el punto es que salí ligeramente decepcionado.

Esta vez que volví a verla, mi reacción fue completamente al revés: me encantó. Estaba botado de la risa, y creo que de las ocho películas, es la más divertida por mucho, además de que (siguiendo el hilo de la novela), es básicamente dos sólidas horas de romance adolescente, lo cual por supuesto a mí me encanta.

De hecho, hay varias cosas que pusieron en la película que no estaban en la novela, y que me parece la mejoran, como el diálogo entre Lavender y Hermione cuando Ron está en el hospital:

Lavender: “What is she doing here?”
Hermione: “I might ask you the same question!”
Lavender: “I happen to be his girlfriend!”
Hermione: “Well, I happen to be his… friend.”

Me encantó la sexta película. Hasta cierto punto, y contrario a las novelas, creo que la sexta es la que más me gusta de las ocho. No es la mejor (7a y 7b le ganan, me parece), pero es mi preferida por todo el romance adolescente, toda la comedia, por la versión reducida de las sesiones de Dumbledore con Harry, y por Alan Rickman-Snape matando al viejo director.

Creo que ésta y la tercera parte de la saga cinematográfica son las únicas que vería nada más de puro antojo.

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 1, Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 1

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 1

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2

Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 2

Estas dos películas hay que verlas una detrás de la otra. Y en las versiones extendidas.

Creo que 7a y 7b son el final merecido que tiene la serie, y me gustó cómo Yates resolvió ciertas cosas que habían metido a la consistencia de las películas en broncas. En particular, que Harry “sienta” a los Horcruxes me pareció una idea elegante para no tener que lidiar con toda la labor detectivesca de Dumbledores y las memorias que andaba recolectando.

Eso, y Ron corriendo detrás de Goyle gritando “That’s my girlfriend, you numpties!”, y Hermione mirándolo con una ternura tal que dan casi ganas de llorar.

Son las mejores películas también, con todos sus defectos (como Harry agarrando a Voldemort y lanzándose de una ventana), y en las versiones extendidas tienen mucho más sentido que las versiones que se pusieron en los cines. Como con la trilogía del Señor de los Anillos, los realizadores (y los actores mismos) le echaron unas ganas especiales a la última entrega, y se nota en el producto final.

Las películas han envejecido bien, aunque hay que considerar que no tiene tanto tiempo que salieron. Pero creo que lo que de alguna manera hace más memorable a esta serie cinematográfica, es ir viendo crecer al trío de amigos (y varios de sus compañeritos) de literalmente niños, a jovenes adultos. Aunque la historia de las novelas transcurre en siete años (menos el primer capítulo, epílogos, viajes mentales y cosas así), en el mundo real transcurrió en diez años, lo que causó que todos tuvieran poco más de veinte años al término de las películas.

Por eso elegí imágenes del trío de cada una de las películas para esta entrada. Creo que nada más verlos crecer a través de las películas hace que valga la pena verlas.

Aunque me sigo negando a volver a ver las primeras dos.

Y ya para terminar (y sé que lo he dicho demasiadas veces), yo sigo esperando que adapten la serie a un animé. Espero que algún día ocurra, porque no planeo volver a leer las novelas ni ver las películas próximamente.

Aunque no me engaño; probablemente vuelva a leer las novelas en dos o tres años.

Diez, y contando

Una de las ventajas de tener dos trabajos es que no me aburro, y cuando tengo tiempo libre (no muy seguido), tengo suficiente dinero para hacer casi lo que se me dé la regalada gana.

La principal desventaja es que tengo dos trabajos. All work and no play makes Canek a dull boy.

Como sea, empezamos semestre en la Facultad de Ciencias, y se me vino encima un montón de cosas qué hacer, que se apilaron con el otro montón de cosas que ya tenía para hacer. Lo menciono únicamente porque se me fue que ayer (casi antier) fue 26 de enero.

El 26 de enero de 2005 comencé a escribir en este blog, lo que quiere decir que acaba de cumplir diez años en existencia.

Diez años es, poniéndolo en términos científicos, un chingo de tiempo; es más de la cuarta parte de mi vida, es más del tiempo que me pasé en mi posgrado (y de hecho que el que me pasé en cualquier etapa educativa de mi vida), y es suficiente como para que un niño que haya vivido ese número de años ya le den como que ganas de llorar cuando ve a una mujer desnuda.

Aunque lo abandono a ratos, mi blog ha sido parte fundamental de mi vida en estos diez años, y me atrevería a decir que entonces ha estado conmigo toda mi vida adulta. Porque los hombres no dejamos de ser adolescentes a los 18 años… ni a los 27… y a veces nunca.

Mi punto es; llevo diez años con el blog, y sinceramente espero seguir escribiendo en él durante mucho tiempo más. Lo comencé cuando creí que me iría a Canadá a estudiar el doctorado, y lo seguí después en gran medida porque justo no me fui a Canadá a estudiar el doctorado. He relatado en él casi todos los trabajos que he tenido, todas las relaciones románticas serias en que he estado involucrado, muchas de la bola de pendejadas que me cruzan por la cabeza (si bien no todas), y la mayor parte de los acontecimientos interesantes que me han ocurrido. Y, por supuesto, he platicado aquí de todas las películas que he ido a ver al cine en los últimos diez años.

Ya sé que lo digo constantemente, pero espero escribir regularmente en él más seguido, y seguir relatando las chocoaventuras que me ocurren. Así que esta entrada va por los diez años que llevo escribiendo (irregularmente) en mi blog, y que sale con un día de retraso, porque pues así soy yo.

Snip, snip

(Tuve dos semanas ocupadas entre calificar mis cursos del semestre pasado y mi chamba, por eso no había escrito).

A finales de 2013, que tenía trabajo, me compré un Sony Xperia SP para reemplazar mi avejentado (por no decir madreado) Sony Ericsson Xperia Play, que fue mi primer teléfono celular inteligente.

Mi Xperia SP me gustaba bastante… lo que hizo muy triste que me lo robaran menos de un mes después en Nuevo Vallarta en noviembre de ese año. Me tuve que regresar a mi Xperia Play mientras resolvía cómo conseguir un nuevo celular, porque Telcel hizo absurdamente difícil que comprar un teléfono con ellos: como tenía plan, no me lo podían vender a precio barato… lo cual entiendo; pero tampoco me podían vender el teléfono solo, tenía que comprar un teléfono con plan Amigo, y luego aparte comprar la tarjeta SIM que me habían robado.

Los mandé mucho a la chingada; hice que me dieran mi SIM, que metí en mi viejo Xperia Play, y me puse a buscar teléfonos en MercadoLibre.

Al final compré un Xperia M (sí, me gustan los Xperia), que me salió muy barato, y el cual fue un placer usar, especialmente cuando fui a Chicago y a Boston en el 2014, porque le pude poner un SIM T·Mobile al mismo tiempo que seguía usando mi SIM Telcel. Más o menos entonces decidí que jamás le iba a volver a comprar un celular a Telcel, y de hecho sigo pensando seriamente cambiarme de servidor de telefonía.

Como sea; mi Xperia M me sirvió bien todo el 2014, pero ya últimamente me estaba hartando un poco. Lo sentía lento, se le desconectaba el GPS bastante seguido, y además había aplicaciones que sencillamente no corrían muy bien en el ciertamente lento procesador. Así que, como estoy ganando bien, decidí por primera vez en mi vida comprar un celular de última generación, aunque saliera caro.

Y sí salió muy caro; podría haberme comprado un PlayStation 4 con mucho menos. Sin embargo, estoy muy contento: me compré (sorprendentemente) el Sony Xperia Z3.

Sony Xperia Z3

Sony Xperia Z3

Me había resistido a comprar un celular “grande” porque sentía que eran, bueno, grandes. Sin embargo después de literalmente un par de días de estarlo usando puedo reportar que no me molesta en lo más mínimo el tamaño, y que obviamente hace muy fácil un montón de cosas, en particular leer y teclear en él. No lo he aventado en una pecera, que al parecer es lo que hacen todos los nuevos dueños de un Xperia Z3, pero me gusta la idea de poder usarlo en la lluvia sin tener que preocuparme que le pase nada. Y el procesador es maravillosamente rápido; todo jala de volada.

También creo que por fin jubilaré mi camára digital, y procederé a usar únicamente la del teléfono; es de 20 megapixeles, entonces creo que ya es hora.

El punto de esta entrada, sin embargo, no es comentar las bondades de mi nuevo celular; es contar la historia del SIM dentro de él.

Como comentaba arriba, cuando mandé a la chingada a Telcel les pedí un SIM que fue el que puse en mi viejo Xperia Play mientras compraba mi Xperia M. Ese era un SIM “normal”, de 2.5 × 1.5 centímetros; pongo “normal” entre comillas porque técnicamente esos son los mini SIM: los full size SIM salieron hace más de veinte años y eran más o menos de 8.56 × 5.39 centímetros, más o menos del tamaño de una tarjeta del Metrobús.

Mi Xperia M en cambio acepta únicamente tarjetas micro SIM, que son de 1.5 × 1.2 centímetros; y mi Xperia Z3 por supuesto sólo acepta tarjetas nano SIM, que son de 1.23 × 0.88 centímetros. Aquí hay una imagen para que comparen.

Tarjetas SIM

Tarjetas SIM

Por supuesto, yo no he vuelto a poner un pie en un centro de servicio Telcel desde que los mandé a la chingada en 2013; el SIM que tiene mi Xperia Z3 es el mismo que el que tenía mi Xperia M que es el mismo que el que tenía mi Xperia Play. Para que cupiera en cada uno sencillamente hice uso de una tecnología avanzadísima.

Tijeras

Tijeras

Resulta que hay un montón de lugares en la red donde uno puede bajar un PDF con las guías necesarias para rebanar un tarjeta SIM inconvenientemente grande. La primera vez que lo hice no me causó ningún tipo de angustia, dado que era obvio que estaba cortando únicamente el plástico que rodea al chip de la tarjeta; pero esta vez tuve que cortar parte del chip. Pueden ver en la imagen de las tarjetas SIM que la nano tiene un poquito menos de metal que las otras dos.

Sin embargo no hubo ningún problema, y mi teléfono funciona perfecto. Sólo espero no tener que cortar el SIM todavía más en el futuro.

Y además, me duele el dedo

Hacía tres meses que, para motivos prácticos, no había jugado en mi PlayStation 3.

Había agarrado mi guitarra de plástico un par de veces, y aproveché mi reciente comodidad económica para conseguir equipo (literalmente, hardware) que necesitaba para un par de trofeos; pero realmente no había jugado en tres meses. Jugar aplastarme-un-fin-de-semana jugar.

Las razones son varias, pero un factor importante fue que tuve una racha de trabajo súper intensa, como no había tenido en años (y sumamente satisfactoria, por cierto). Otra razón es que estoy de mamón porque gracias al hack en el que trabajé en verano, había llegado al 99.10% de mis trofeos, quedando únicamente 20 por ganarme.

Claro que 18 son de Gran Turismo 5 y cada vez se ponen más perros, así que no esperaba realmente llegar al 100.0% el año pasado, pero sí quería quedarme con un único juego sin 100% de trofeos (los otros 2 trofeos son de Uncharted 2: Among Thieves, y para obtenerlos necesito jugar en línea con otros seres humanos, cosa que por supuesto detesto).

Como sea, principalmente por esas dos razones no había tocado mi querida consola, pero este fin de semana decidí que ya era hora. Había acabado mi trabajo el 31 de diciembre, y también de calificar uno de mis cursos; me falta otro, pero tengo toda la próxima semana para hacerlo. Así que me puse a ver qué juego jugaría; resulta que tengo 23 discos sin jugar… varios de ellos de hecho todavía con su envoltura de celofán. Y al menos tres de esos discos son colecciones, así que tengo más de 25 juegos que he comprado en los últimos años y que ni siquiera he metido en mi consola.

Estaba revisando cuál de todos los juegos disponibles jugaría, y vi entre ellos a God of War: Chains of Olympus. Cuando acabé God of War III en enero de 2012, estaba ligeramente hasta la madre de Kratos. Tanto es así que tuvieron que pasar casi tres años para que volviera a jugar uno de sus juegos; hace unas semanas fui con Juan a un Game Planet, y vi que estaba barata la colección God of War: Origins Collection, que además de Chains of Olympus incluye Ghost of Sparta, y como tengo dinero lo compré, pensando que probablemente ya era hora de que volviera a visitar al espartano demente.

Así que abrí la envoltura de celofán, metí el juego en mi consola, y me aplasté ayer en la noche a jugar. Hoy hace poco más de una hora lo había terminado dos veces, había completado el reto de Hades, y había obtenido el trofeo de platino del juego, lo que me dio otro 100% en mi colección de trofeos, lo que de hecho me dejó con 99.13% de compleción.

Fue como volver a ver a un viejo amigo. Uno que destripa mostros y asesina gente inocente de la peor manera posible, pero viejo amigo al fin y al cabo. Hacía mucho que no me divertía tanto jugando sin realmente pensar en nada más durante casi 24 horas seguidas (excepto una pausa para dormir, obviamente).

Hablaré del juego propiamente después; me parece que es hora de que reanude las reseñas de los juegos donde he obtenido el platino. Hoy sólo quería escribir que me divertí como enano jugando en mi PlayStation 3. Y que además, me duele mi dedo.

Corazones de Acero

Estrené el año cinematográficamente con Fury.

Se aplican ya saben.

Fury

Fury

La historia trata de un tanque gringo destrozando cosas y personas en Alemania, hacia el final de la segunda guerra en 1944, a partir de que reemplazan a un miembro de la tripulación de cinco con un soldadito verde que no sabe nada de tanques.

Al final el tanque queda atorado y solo en un cruce de caminos que deben defender “a toda costa”, y todos los gringos menos el soldadito verde que no sabía nada de tanques se mueren, no sin antes matar a cientos de nazis (literalmente, miembros de la SS).

Lo patéticamente pobre de la historia queda al descubierto cuando realmente no hay mucho más que decir acerca de la misma. Hay un par de episodios más; cómo llega el soldadito verde que no sabe nada de tanques, y cómo lo desvirga una alemana extraordinariamente bonita. Esas partes son lentísimas y aburridísimas, incluso con la alemana extraordinariamente bonita.

En su defensa, el chiste de la película no es la historia; es la pornografía de la violencia que contiene. Caras quedan embarradas en un tanque; apéndices humanos salen volando por todas partes; cabezas explotan; un tanque destripa soldados dentro de una trinchera. Sería admirable, si no fuera por la desconcertante sensación de que la película se regodea en mostrarnos cosas aparentemente sólo por el sadista placer de ver qué salvajada puede superar a la anterior.

El director David Ayer es bueno en el aspecto técnico, pero no en mucho más. Saving Private Ryan es igual o más realista que esta película, pero Steven Spilberg tiene el buen gusto de darle un tono trágico a la violencia del desembarco en Normandía; Ayer da la apariencia de que se estaba masturbando con cada escena de sesos siendo embarrados en paredes.

Brad Pitt está bien, dado que de nuevo interpreta a Brad Pitt interpretando a un soldado gringo con acento del medio oeste. El fantástico mexicanogringo Michael Peña es fantástico interpretando a un mexicanogringo, que por supuesto es el que maneja el tanque. Logan Lerman interpreta a un joven virgen, que como todo mundo sabe es terriblemente difícil porque ningún hombre jamás fue un joven virgen. Sorprendentemente, la actuación que más me gustó fue la de Shia LaBeouf, por fin actuando de manera distinta a como siempre actúa.

Estoy siendo un poco injusto con la película; está entretenida, y a mí siempre me ha divertido la violencia. El problema es que me divierte justo cuando los realizadores estaban también divirtiéndose filmándola (como en Kick-Ass, por ejemplo). Aquí se la toman no sólo en serio; hay un no tan sutil regodeo, que de verdad raya en lo pornográfico, por parte del director en mostrar vísceras.

Pero de cualquier forma la recomiendo. Y los tanques están chidos haciéndose volar los unos a los otros.

Give It All

Break through the undertow,
your hands I can’t seem to find,
Pollution burns my tongue,
cough words I can’t speak so I

Stop my struggling,
then I float to the surface,
Fill my lungs with air,
then let it out

I give it all,
now there’s a reason why I sing,
So give it all,
and it’s these reasons that belong to me

Rock bottoms where we live,
and still we dig these trenches,
To bury ourselves in them,
backs breaking under tension

For far too long these voices,
muffled by distances,
It’s time to come to our senses,
up from the dirt

We give it all,
now there’s a reason why I sing,
So give it all,
and it’s these reasons that belong to me

Breathe (breathe),
the air we give (give),
the life we live (live),
our pulses racing distances (breathe),
so wet my tongue (give),
break into song (live),
through seas of competition

So please believe your eyes,
a sacrifice,
Is not what we had in our minds,
I’m coming home tonight,
home tonight

We give it all,
now there’s a reason why I sing,
So give it all,
and it’s these reasons that belong to me

Today I offer all myself to this
I’m living for my dying wish,

I give it all,
now there’s a reason,
there’s a reason,
to give it all